El presidente del Partido Liberal, Sr. Barceló, acaba de embar- car para Estados Unidos de Norte América para someterse a una intervención quirúrgica. Le acompañan los votos sinceros que por su salud han formulado todos sus paisanos. Ningún puertorrique- ño tiene derecho a enfermarse o a morirse. La nación es eterna y ha de velar siempre por la salud y fortaleza de sus hijos como su supremo bien. Es de sentirse que el jefe nato del liberalismo vaya a buscar salud a tierra enemiga, donde ningún puertorriqueño prominente la encontró. Abrigamos la esperanza de que se rompa en este caso la fatídica cadena. Cobra especial interés público este viaje de Don Antonio por sus declaraciones políticas que “para salvar su responsabilidad his- tórica” dio a la prensa en el umbral de una sala de operaciones yanqui, definiéndose por la independencia de su Patria libre de “extrañas intervenciones”. Si el anhelo patrio, en la gran fraterni- dad nacional que formamos, por encima de toda disparidad de opinión, es la vida vigorosa y feliz de todos nuestros hermanos, forzoso es reconocer que, cuando se trata de quien levante voz de patriota, la esperanza ha de ir acompañada de una oración. La Nación espera el regreso de Don Antonio para que haga el esfuerzo de sacar a su partido de la política colonial en que se ha sumido, haciendo la apología de la tiranía del presidente yanqui, Mr. Roosevelt, y fomentando la política de mendicidad que pretende generalizar en Puerto Rico el imperio norteamericano, para desmoralizar a toda la Nación. A esas palabras significativas de Don Antonio, replica el pre- sidente de la Unión Republicana, Sr. Martínez Nadal, con unas manifestaciones que hay que rechazar como una ofensa a la digni- dad nacional y a la grandeza de las nacionalidades iberoamericanas. El Sr. Martínez Nadal se ratifica en su criterio anexionista, y hemos de recordarle que los hombres que se han atrevido defender la anexión de su patria a los enemigos que han detentado su soberanía, lo han hecho amparados por los cañones del tirano extranjero, pero nunca han osado hacer apología de sus propios actos. La anexión, que es la anulación de la personalidad de una nación, no es defendible en ningún terreno. La anulación de la personalidad individual jamás se justifica porque se dinamita la dignidad humana, sin la cual no puede postularse racionalmente ningún bien en la tierra. A fortiori, cuando de la personalidad de una nación se trata, habrá quien con ella quiera traficar, pero, si cuenta con alguna solvencia mental, se abstendrá de dar explicacio- nes para no cometer un dislate que condena su propio decoro. La anexión y la independencia son antitéticas. La anexión puede ser un negocio para ciertas personas, pero como negocio al fin, nadie ni la justifica ni por ella se sacrifica. La independencia requiere, como todo supremo bien, el sacrificio de todo lo más sabio, noble y puro de la nacionalidad. Afirma el señor Martínez Nadal “que la independencia nos arruinaría económicamente además de destruir nuestra libertad colectiva e individual”. Esas afirmaciones dan a entender de que actualmente gozamos de un bienestar económico y de una libertad colectiva e individual. No creíamos posible tal conclusión en la mente más atrasada en Puerto Rico. Estamos amasando con lágrimas de sangre el destierro, en masa, en nuestra propia patria, debido al brutal acaparamiento que de nuestras tierras y de toda nuestra riqueza han hecho los yanquis, amparados por su tiránica intervención militar. La muerte, la miseria, y las enfermedades más temibles, como la tuberculosis, hacen guardia de acecho a la entrada de cada hogar puertorriqueño. La independencia económica no se adquiere si no hay mercados. El enemigo nos ha cerrado los suyos. Los otros poderes han hecho lo mismo al considerar nuestras mercaderías como de procedencia yanqui. La reconquista de ese bien nacional, es la independencia política, en virtud de la cual podrá Puerto Rico contratar de poder a

poder y asi ofrecer su propio mercado y obtener entrada para sus productos en el extranjero.

La propiedad actualmente en manos puertorriqueñas nada vale, porque lo que produce no tiene mercado en el mismo barrio donde está radicada, debido al monopolio comercial yanqui imperante, que permite al comercio norteamericano arrojar sobre nosotros la mercancía sobrante, no importa la calidad, al precio que desee imponer.

La tiranía extranjera le cuesta al país anualmente, en contri- buciones solamente, sesenta y dos millones de dólares.

De ahí ese pavoroso cuadro de mendigos. La llamada Rehabilitadora es la elevación de la mendicidad al plano de la única política de gobierno.

¿Dónde está la libertad colectiva? El Sr. Martínez Nadal presidente de una coalición que en las últimas elecciones triunfó por mayoría en el país, y que domina los municipios y las cámaras insulares ¿Qué ha podido hacer para cumplir con su electorado? Nada.

La legislatura es un mito, gravita sobre ella el veto absoluto del tirano, el presidente de Estados Unidos. No olvide Martínez Nadal la suerte de la ley electoral coalicionista.

Ni el Congreso ni el Presidente de Estados Unidos atiende a esos partidos de gobierno. A sus directores los someten a la voluntad de subalternos ejecutivos. Ahí están esas vergonzantes delegaciones, liberales y coalicionistas, rogándole audiencia y consideración a Mr. Gruening, el jefe del negociado de asuntos insulares. No sabemos cómo Martínez Nadal puede sentirse satisfecho ante la tiranía extranjera tan bochornosa. Por lo visto en Guaynabo se recobran todas las facultades mentales, menos el criterio político.

Ante ese despotismo extranjero, se disuelven todos los partidos de gobierno, por inútiles. Es sencillamente imposible que puedan cumplir con la parte más modesta de su programa. Por eso se disolvió el Partido Unionista, después la Alianza y la Coalición va recorriendo la misma suerte, y desaparecerá como los que pretendan sustituirla bajo ese mismo régimen.

¿Libertad individual en Estados Unidos? Al leer las manifestaciones de Martínez Nadal se divertirá mucho Mr. Gruening, el jefe del negociado de asuntos insulares, del gobierno

yanqui. Gruening que sabe que no existe libertad individual en su patria, donde los hombres más nobles han tenido que fundar una Liga de Libertades Civiles, para abogar por reformas constituciona- les que haga del yanqui un ciudadano libre en su propia patria. Donde 23 hombres controlan el setenta y cinco por ciento de la riqueza norteamericana y el resto tienen que someterse como esclavos a su voluntad. En cuanto al obrero, baste recordar que la constitución no permite la aprobación de una ley de salario mínimo o que fije las horas de trabajo. El obrero es una bestia, o se somete o lo asesinan con ametralladoras y bombas, como acaba de suceder en la huelga textilera. El propio gobierno yanqui confiesa que hubo que matar a más de quinientos obreros indefensos. ¿Libertad individual en Estados Unidos? Más de doce millo- nes de negros, nacidos en aquel país, podrán contestar al Sr. Martínez Nadal tal dislate. Los negros no tienen voto ni se respeta su propiedad o su vida. Ahí están las delicias del lynching, apoyado con la indiferencia criminal del gobierno norteamericano. Los matrimonios entre personas de distinta raza son nulos y constituyen delito público. Esa salvajada es una institución yanqui. ¿Libertad individual en Estados Unidos? Pregúntenlo a Lindbergh que tuvo que pensar en asilarse en Francia donde a nadie se le ocurriera matar a sus hijos recién nacidos. Investiguen el resultado de los dos mil secuestros que tuvieron lugar en el mismo año que asesinaron al primogénito de Lindbergh. Ese es el promedio anual de secuestros en yanquilandia. A los ricos le roban sus hijas para sacarles dinero; y a los pobres se las roban cuando son bonitas para forzarlas a la prostitución. ¿Libertad individual en Estados Unidos? Donde cada diez asesinatos, nueve quedan impunes. Donde hay regiones enteras que enseñar la teoría de la evolución constituye delito público. Vamos, amigo, seamos más responsables de lo que decimos. No se puede aspirar a dirigir a un pueblo y ser ignorantes de las causas de los males que lo azotan. Es forzoso que el liderato político estudie la constitución norteamericana, su aplicación y las instituciones yanquis. Entonces podremos librarnos de la nube de la ignorancia que ha pretendido gobernar a este país.

No es necesario contestar al Sr. Martínez Nadal lo que dice sobre las gloriosas naciones de nuestra estirpe. Por lo visto, nada de su historia ni de sus instituciones conoce. La anexión es la irresponsabilidad política. Los anexionistas no tienen responsabilidad que salvar, la his- toria sencillamente los condena a desaparecer como justa recom- pensa por su atentado contra la personalidad patria.

PEDRO ALBIZU CAMPOS

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