treinta y cinco años de la intervención yanqui asciende en números, a la importanre suma de unos cuatro cientos millones de dólares. A juzgar por ese resultado numérico puerto Rico, sería hoy lo que fue antes de la intervención, un imperio de riqueza. Empero, veamos los resultados. La banca norteamericana ha dirigido al industrial y al comer- ciante de su país para privarnos de todos los beneficios posibles derivados de nuestro comercio con Estados Unidos de Norte América. Ni un dólar de esa enorme riqueza que representa el balance comercial nacional ha entradc a puerto Rico. La heredad nacional en manos nacionales está hipotecada a la finanza norteantericana. Cuba ha sufrido una experiencia muy parecida a la nuestra, con el tratado de reciprocidad norteamericano. Aguijoneado por su angustiosa adversidad, el imperio nor- teamericano se torna amistoso hacia Iberoamérica. A sus ofertas de amistad preguntadle qué significa contra nuestra civilización y cultura el pretender imponer en Puerto Rico como único vehículo de enseñanza el idioma inglés; qué significa el haber arruinado la agricultura, el comercio y la industria del país; ¿por qué no respetó la Autonomía de Puerto Rico bajo cuyo estatuto encontró a la nación en el año frucuoso de 1898; y finalmente por qué mantiene su intervención armada durante treinta y cinco años sin pretexto que pueda justificarla? Inmenso como es lo que aspira a representar el diseño de la Bandera oficial de la Raza que tuvo el privilegio de concebir el Capitán don Angel Camblor y aceptado oficialmente por el Gobierno de la República Oriental del Uruguay, no es una preren- sión. sintetiza las tradiciones trascendentales y las aspiraciones de nuestras nacionalidades que se resumen en las palabras Unión, Justicia, Fraternidad y Paz, principios en cuya defensa se mantiene incólume el Nacionalismo de Puerto Rico en cumplimiento de su deber racial frente al imperialismo que más daño le ha hecho a nuestras nacionalidades, o sea, el imperio norteamericano. Un símbolo común significa acción común. Decisiva. En la lucha por la conservación de nuestra civilización, puerto Rico ha revelado la f.oraleza de la Raza. La intervención norteamericana no ha podido hacer mella en nuestra personalidad hispanoameri- caîa y marcha resuelto contra la imposición extranjera. Nuestra

patria es baluarte emulador contra la ingerencia extranjera. No se iza una bandera para a:r-iatla’ Si Puerto Rico solo ha derrotado en sus dominios los designios siniestros del enemigo contra la grandeza ibero-americana en lucha cruenta de treinta y cinco años de intervención yanqui; ¿qué fuerza podrá detener la hegemonía ibero-americana en el Nuevo Mundo cuando todas sus naciones marchan a la reconquista de su gloria bajo una sola bandera? Nuestro inmenso patrimonio racial es objeto de la codicia de todos los poderes imperialistas, y es bajo la égida de nuestra unión que puede defenderse.

  • Por esos motivos, la Junta Nacional Resuelve: Primero, Acep- tar dicho diseño como Bandera de la Raza; Segundo: solicitar de aceptación de nuestras naciones, se ordene izarla coniuntamente con la bandera nacional, Dado en San Juan de Puerto Rico a los 26 días de agosto de 1933, año sexagésimo quinto de la Proclamación de la República’ Partido Nacionalista de Puerto Rico La Junta Nacional P. ALBIZU CAMPOS Presidente JOSE LAMEIRO Secretario de Relaciones Exteriores

una bandera no se iza pan a..iailq simbolo de la vida eterna de ra nacionaridad tiene de ofrenda la inmortalidad. Junio 17, 1934 - Río piedras p. Albizu Campos

En mayo de 1926 el intelectual mejicano José Vasconcelos visitó la ciudad de Ponce y conoció al liderato nacionalisca. ,{quí lo vemos sentado en el centro y rodeado por: (primera fila de izq. a der.) Elpidio de Mier; Luis Emilio .Aybar, Cónsul Dominicano; Vasconcelos; E. Domínguez Torres, Cónsul Cubano; Ramón Mayoral Barnés. (Segunda fila): Federico Acosta Velarde, Presidente del Partido Nacionalista; R. Dalmau Canet; J. Gonzâlez Orona; R Pierranroni; Pedro Albizu Campos; Antonio ,{rbona Oliver y J M. Benítez. -“ Manifiesto ante la visita del presidente de Estados Unidos La nación está ante la expectación de otra visita no grata. Otra vez un jefe del imperio norteamericano quiere traspasar el umbral del hogar patrio sin previa invitación de nadie en Puerto Rico. A bordo de un buque de guerra, con una Escuad¡a de escolta, forzaútla entrada a nuestros puertos. Viene a tltulo de comandante en jefe de todas las fuerzas de mar y tierra de Estados Unidos de Norte América a inspeccionar a sus subalternos encargados de mantener la intervención militar norteamericana en nuestro pals. Bajo este régimen de fuerza, la voluntad personal del jefe del imperio es el gobierno, de acuerdo con la Constitución y las leyes norteamericanas. Los organismos subalternos, tales como la legis- latura insular, los tribunales y entidades administrativas, han de funcionar de acuerdo con su deseo, o él puede ignorarlos o suprimirlos con un simple decreto de ley marcial, sin tener que esperar el consentimiento previo de autoridad alguna. Responsable en persona de la administración completa, ha de estar investido de todos los poderes. Para atender a las conveniencias interiores de su gabinete, resolvió traspasar Mr. Roosevelt, por sí, en virtud de un decreto, los asuntos de Puerto Rico del Departamento de la Guerra al Departamento de lo Interior, del Gobierno norteamericano. Por supuesto, ni la legislatura insular ni los partidos políticos más adictos al régimen, fueron consultados. Ni el Gobierno yanki ni su jefe actual han dado razones para este cambio. El despotismo extranjero para que sea respetable se impondrá sin explicaciones. El Mundo, 30 de junio de 1914, p.2 y 8.

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