Hon. Rafael Martínez Nadal, Presidente del Senado Insular. San Juan, Puerto Rico.

Muy señor mío:

Motiva esta comunicación la conveniencia nacional de que se respete la representación a que tiene derecho el partido Nacionalista en la Junta Insular de Elecciones.

La ley electoral ha sido un medio de tiranía que el régimen interventor ha esgrimido contra la nación por medio de los partidos políticos que han patrocinado su política destructora. Siempre se ha manipulado para asegurar el triunfo de la facción gubernamental más adicta y sumisa en ciertos momentos. Por supuesto, se ha hecho todo lo posible para impedir el desarrollo del Nacionalismo, que es el único movimiento de oposición contra la intervención norteamericana. En el presente estado legalista electoral, tendrán voz y voto en la Junta Insular de Elecciones solamente la Unión Republicana y el partido Liberal, los Socialistas solamente voz, el Partido Nacionalista quedó eliminado.

Todos los partidos de gobierno, uniorrepublicanos, liberales y socialistas, están en contra del presente estado legalista electoral, por una razón u otra, y sus directores han hablado de la necesidad que hay de crear una ley electoral que dé garantías a todos los sectores de opinión.

Hemos visto con gran asombro que toda esa prédica se reduce a concederle voz y voto al partido Socialista en la Junta Insular de Elecciones, con lo que estamos de acuerdo, por supuesto, porque ese es un derecho del cual sería una grosera inmoralidad privar a la citada colectividad política.

Al Nacionalismo, sin embargo, se pretende desposeerlo por completo de toda representación en la Junta Insular de Elecciones. Ahora bien, toda ley electoral se hace para dar garantías a la oposición al gobierno. Los partidos de gobierno no necesitan garantías, porque el poder no se limita a darles garantías, sino que le concede todos los privilegios para mantenerlos fuertes, porque son los instrumentos de su política. Así la Unión Republicana, el partido Liberal y el partido Socialista, mientras sean como son, partidos de gobierno, el régimen asegurará su desarrollo por todos los medios a su alcance, que son todos, en una intervención tiránica extranjera como la que quiere detentar nuestra soberanía.

Es más, para distribuir el presupuesto entre esos partidos, -por supuesto, excluyendo los cargos de alta remuneración de los cuales dispone el poder yanqui a su antojo-, no se necesitan elecciones. Es tan cierta esta observación que el poder yanqui para nada toma en consideración el resultado electoral cuando divide el presupuesto entre los partidos de gobierno. Y no es de olvidarse que toda la ingerencia de esos partidos en el presente régimen se limita a la participación de sus adeptos en los cargos subalternos del presupuesto, a entregar, en el nombre sagrado de Puerto Rico, todos los intereses vitales de la patria a sus enemigos interventores.

Los partidos llamados de gobierno en este régimen, en virtud del mismo, son impotentes para hacer nada afirmativo en defensa de Puerto Rico. Si alguna iniciativa quisieran tomar, forzosamente tropezarían con el régimen interventor, que les negaría el bien presupuestal y los condenaría automáticamente a la extinción. La misma legislatura insular ha servido para constatar su inutilidad para defender los intereses patrios ante el veto absoluto que gravita sobre toda su legislación.

No queremos discurrir sobre la grave responsabilidad en que se incurre al constituir un partido “de gobierno” bajo la tiranía militar extranjera, como la que aquí impera. Pero sí hemos de llamar la atención de que no hay derecho a continuar sirviendo de mingo al poder yanqui para obstruir el desarrollo del Nacionalismo, que representa el reclamo militante a la independencia absoluta de la patria; a que sea árbitro único de sus destinos en todos los órdenes de su vida nacional.

Se nos dirá que se quiere laborar a hurtadillas a favor de los intereses patrios en las mismas tiendas enemigas. Esa táctica es tan ineficaz como se ha comprobado en los treinta y cinco largos y terribles años de intervención yanqui y desmoralizadora, porque tiende a debilitar la fibra viril de la nacionalidad.

Comparecemos por vuestra mediación ante el cuerpo legislativo que tenéis el honor de presidir, para que no se repita el baldón que pesa sobre la historia de la legislatura por haberse prestado a la obstrucción sistemática del nacionalismo, que es la única causa que es nuestra en absoluto como puertorriqueños.

El Partido Nacionalista, a pesar de todas las arbitrariedades del régimen, ha mantenido en las urnas, en todas las elecciones, desde el 1920 para acá, la protesta contra la ingerencia extranjera en los asuntos de Puerto Rico, manteniendo incólume su derecho a la independencia absoluta. Actualmente su ideario informa toda la opinión pública. Como único partido de oposición es el más llamado a tener representación en la Junta Insular de Elecciones.

Aprovecho la oportunidad para expresar al señor Presidente del Senado Insular la consideración más distinguida.

S.S.S., P. ALBIZU CAMPOS Presidente del Partido Nacionalista

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