LA CONFERENCIA DE ALBIZU CAMPOS EN LA UNIVERSIDAD SOBRE LA INSTRUCCION PUBLICA EN PUERTO RICO. TESIS QUE DESARROLLO

La conferencia del señor Albizu Campos, dictada el lunes 30 de marzo bajo los auspicios de la “Sociedad Cultural” del Colegio de Leyes sobre el palpitante tema de la Instrucción Pública en Puerto Rico, resultó un acto de gran trascendencia cultural y de perdurables resonancias espirituales entre los miles de oyentes que le escucharon en la Universidad o por radio en la isla. El amplio salón de actos estaba materialmente ocupado por una selectísima concurrencia; fue tanto el público que la gente se tuvo que agrupar en los pasillos o ubicarse en las ventanas del local. Después de breves palabras introducidas por el estudiante José C. Aponte, Presidente de la “Sociedad Cultural”, el conferenciante se adelantó al proscenio mientras la concurrencia prorrumpía en una clamorosa ovación que se prolongó por varios minutos. En el rostro del orador se advertía el efecto emocional de aquellos aplausos tan calurosos y espontáneos. “Yo que me he enfrentado tantas veces a públicos hostiles”, comenzó diciendo el señor Albizu Campos, “puedo decir que este saludo tan generoso y espontáneo es para conmover al hombre más aguerrido. “Con la instrucción, como ha dicho el joven Aponte, se levanta o se sepulta a un pueblo; todo depende de la orientación que se le imprima al sistema educativo. La educación es la manera directa que tiene el Estado para educar a sus ciudadanos, pero en Puerto Rico el Estado no existe porque está intervenido por la ocupación militar de Estados Unidos. “La educación en el estado religioso se inspira en los principios religiosos que informan ese país, la educación en las monarquías se inspira en los principios monárquicos, y la educación en las repúblicas se inspira en los principios republicanos. La conservación de los valores pretéritos está condicionada por la perspectiva de la posteridad. En Puerto Rico la educación no está inspirada en ningún principio definido ni tiene una orientación determinada porque no existe el Estado, que es el factor determinante y orientador del sistema educativo”. Analizó luego el orador la educación durante la dominación española. La educación para aquel entonces era católica y monárquica,

porque tales eran la religión y el régimen vigentes en España, aunque había en el país prominentes personalidades que eran de ideología anti-católica y republicana. Aquella educación se inspiraba en las fuentes greco-latinas trasmutadas por el genio de España; por lo tanto nosotros somos herederos directos de la única cultura que existe en Occidente. Nuestros revolucionarios aspiraban a constituir un estado republicano con una educación heterodoxa, pero “a mi juicio en este particular estaban equivocados porque toda nacionalidad debe fundarse sobre el espíritu religioso que anima a sus habitantes”. Los partidarios de las ideas republicanas en Puerto Rico y en España para combatir el régimen y la eduación vigentes en la Madre Patria presentaban a Estados Unidos como la nación modelo donde las instituciones habían llegado a su perfección jurídica. Ese falso concepto desorientó la opinión de nuestros directores y le dió a Estados Unidos una personalidad que no tenía, al extremo de que la invasión de sus tropas fue recibida como una bendición para nuestra nacionalidad. La invasión desconoció el Estado y la personalidad que ya tenía Puerto Rico en el año 1898”. Lo primero que hizo el gobierno de Estados Unidos fue apoderarse del sistema educativo, porque la “educación es el instrumento más fácil para destruir un pueblo”, y convirtió al Comisionado de Instrucción, que es un mandatario del Departamento de la Guerra, en “árbitro de los destinos culturales de este pueblo”. “El actual Comisonado de Instrucción tiene facultades omnimodas para hacer los cursos de estudios y determinar lo que se ha de enseñar a la niñez. En Francia la instrucción está regulada por una legislación al efecto”. “La educación vigente en Puerto Rico”, dijo el conferenciante, “está informada por un criterio materialista, está divorciada de las fuentes greco-latinas y sobre todo educa a nuestra jvuentud para el sometimiento a un imperio y para acatar lo que haga ese imperio en nuestra patria”. El confereciante atacó duramente la enseñanza bilingüe afirmando que ocasionaba “un malgaste de las energías mentales y un desconocimiento de su propio idioma y del idioma invasor. Nadie puede penetrar en el secreto idiomático de un idioma extranjero hasta que no conoce a fondo su idioma vernáculo”. El conferenciante entró entonces en un minucioso análisis de la educación norteamericana sentando la siguiente tesis: en Estados Unidos existe una educación para la clase dominante y otra educación para la clase que ha de ser dominada. La educación para la clase dominante se imparte como es de rigor en el idioma vernáculo de la nación, está informada por un criterio religioso y se impone al estudiante las más severas disciplinas morales. La enseñanza de las fuentes greco-latinas es rigurosa: el latín y el griego se comienza a enseñar desde el quinto grado. Existe la separación de los sexos en estas escuelas destinadas a educar los futuros directores de la nación. “Intensifican los estudios clásicos porque saben que si se desvinculan de las fuentes originales de la cultura occidental corren el peligro de reversarse a la barbarie en pocas generaciones”.

Al referirse a la escuela bisexual el conferenciante se pronunció refractario a ella, manifestando que su establecimiento obedicó a razones económicas y no pedagógicas. Dijo que aunque la mujer y el hombre pueden llegar a conocer las nociones superiores de la sabiduría y del conocimiento científicos necesitaba una metodología distinta que estuviese en consorcio con la mentalidad específica de cada uno. Hay materias que la mujer asimila con mayor facilidad y hay otras materias que el hombre asimila con mayor facilidad; por lo tanto la separación de los sexos y la diferenciación de los métodos es rigurosa. La mayor parte de los textos actuales están escritos por hombres para mentalidades masculinas y es necesario que los textos para el sexo femenino estén escritos por mujeres que saben cómo provocar la reacción deseada en la mentalidad femenina. “Además la mujer debe educarse en el aislamiento de su sexo, divorciada de toda sugestión malsana que pueda perturbar su mentalidad”. Esta teoría pedagógica sustentada por el señor Albizu Campos fue de lo más brillante y original de su docta conferencia. En este tipo de educación para la clase que regirá los destinos nacionales se siembra un intenso patriotismo en el ánimo del estudiante y se le inculca el criterio de que su pueblo es el superior del planeta. La enseñanza se transmite enteramente por profesores masculinos.

La educación para las masas destinadas a la explotación “es la pacotilla de la cultura”. Se utiliza por economía la escuela bisexual, la enseñanza está desvinculada de las fuentes clásicas greco-latinas para mantener al pueblo en la ignorancia y su finalidad es crear la microespecialización o un profesionalismo barato pseudo-intelectual insensible a todos aquellos valores ajenos a su profesión. “Esta educación de pacotilla es la que se ha implantado en Puerto Rico. ¿Por qué los partidarios del sometimiento no han importado la educación superior que existe allá en el continente para las clases dominantes?

El conferenciante aludió directamente a unas declaraciones del Comisionado de Educación, doctor Padín, ante la “Union Church” de esta capital. Admite el doctor Padín que el sistema educativo no sabe a dónde va, que en él la política está antepuesta a la pedagogía y que es el Congreso de Estados Unidos el autorizado a determinar la orientación a seguir. El doctor Padín delega la orientación de un pueblo en el poder invasor y en eso está equivocado. Esa iniciativa es exclusivamente patrimonio de la nación portorriqueña que es la llamada a determinar cuál ha de ser su destino político y cultural. Y quiero repetir aquí para salvar mi responsabilidad histórica que está podrido un magisterio, un claustro y un régimen que inculca a la niñez el sometimiento”.

“Hace tiempo que hablaba con un pedagogo de esta Universidad y le pregunté su opinión sobre el problema educativo de Puerto Rico. Me dijo que los pedagogos no tenían opinión formada sobre este problema y que en cuanto a la enseñanza bilingüe habría que experimentar durante algunos años más. Y yo replico: ¿quién da derecho a nadie para experimentar con la vida espiritual de un pueblo?

“Un pueblo puede resistir el despojo físico de sus tierras porque la

tierra no se destruye y éstas pasan intactas a la posteridad, pero un pueblo no puede resistir el despojo moral perpetrado a través de la escuela sin que se le reduzca a una manada de esclavos que renieguen hasta de su propia personalidad. “De seguir este sistema educativo terminaremos en la ignorancia, que es el peor manicomio a que se puede condenar a un pueblo”. El conferenciante subrayó la ausencia del civismo en la escuela donde por el contrario “el niño aprende a amar una patria que no es la suya y a renegar de sus orígenes”. “Según la “Historia de Puerto Rico” que se enseña en las escuelas, la civilización empezó en el 1898 cuando llegaron las tropas americanas”. El conferenciante se refirió luego a la Universidad y manifestó que sus directores tenían un privilegio inmenso y era hacer de aquella institución docente la verdadera Universidad de Puerto Rico, donde la enseñanza se efectuase en la lengua vernácula y se implantasen los estudios clásicos. Formuló agrías críticas contra el Colegio de Leyes en el sentido de que la jurisprudencia se enseñaba a base de las opiniones de los jueces de Estados Unidos y no a base de nuestros códigos, que son la cristalización de una larga experiencia y sabiduría. “Estados Unidos está a dieciséis siglos por detrás de nosotros en materia jurídica”, afirmó el conferenciante, e hizo un extenso análisis sobre este tópico para comprobar su tesis con autoridades norteamericanas. Recomendó también que los catedráticos debieran contratarse por oposición, como habían recomendado los estudiantes en memorial presentado al nuevo Rector. Refutó la tesis de que la educación es democrática en Puerto Rico por el hecho de que aquellos sobre quienes recae la carga contributiva del país no pueden enviar sus hijos a la escuela. El conferenciante clausuró su conferencia dirigiéndose a las instituciones religiosas del país, “Yo acuso a las instituciones religiosas del país de cruzarse de brazos ante la grave crisis que agobia a la patria y por no establecer escuelas que neutralicen la obra demoledora del vigente sistema educativo”, dijo. El señor Albizu Campos recibió clamorosas ovaciones en el transcurso de su conferencia. El acto se terminó como a las once de la noche dentro del mayor entusiasmo.

Manuel Rivera Matos

MANIFESTO QUE DIRIGE AL PUEBLO DE PUERTO RICO LA JUNTA NACIONAL DEL PARTIDO NACIONALISTA AL MARGEN DEL MOMENTO POLITICO

Frente al movimiento emancipador nacionalista existe en el país la agrupación gubernamental que viene prestando toda su cooperación al régimen militar imperante para socavar los cimientos de la patria. Esa agrupación gubernamental está dividida en facciones enemigas entre sí que se disputan con acritud los puestos públicos que el invasor pone a su disposición para que sean instrumentos de la política imperial que pretende aniquilar al pueblo de Puerto Rico. Las facciones gubernamentales se denominan unionista, socialista, pura y aliancista. Se unen entre sí y después se separan para abrazarse con los contrarios de acuerdo con los cálculos que sus respectivos directores formulan en su propósito de asalto al presupuesto. Espectáculo bochornoso que los ha colocado en el renunciamiento de todo derecho colectivo que ha estado a su alcance y su política ha sido de deliberada cooperación con todos los propósitos de Washington para concentrar definitivamente todos los poderes en el mandatario imperial militar, señor coronel Roosevelt. El régimen, por supuesto siempre ha sido absoluto, irresponsable, como es su naturaleza militar. Sin embargo, se ha mantenido la comedia de una legislatura y de organismos municipales elegibles por el pueblo. No existe ningún poder legislativo en Puerto Rico, Esta verdad puede comprobarla cualquier estudiante del reglamento militar con que se pretende regir el país, denominado Carta Orgánica, impuesta a nuestra nacionalidad por el Congreso de Estados Unidos. En ese reglamento se dispone, expresamente, que la legislatura imperial tendrá poder de iniciativa para crear, destruir o reformar municipios. Pero como la voluntad legislativa puede ser reflejo solamente de la voluntad ejecutiva del jefe ocupante, o sea el gobernador, ya que por medio de su veto no se puede hacer otro deseo que no sea el suyo, tal poder, en realidad, está conferido al jefe ejecutivo. Sin embargo, había que mantener las apariencias de la democracia militar y el gobernador quería que el proceso de centralización municipal, llevado a cabo sistemáticamente por sus predecesores por la vía ejecutiva o por la cooperación legislativa, terminase definitivamente por medio de la legislatura, que pusiese en sus manos toda la administración municipal del país, pretendiendo dar así un golpe de

gracia a la unidad más vital de la nacionalidad que es el municipio. Era necesario eso para acabar de desintegrar al país. Por supuesto, se ha invocado, para esos propósitos de absorción y de explotación, la mayor competencia administrativa, la salvación de la vida municipal y para mayor ironía, no se han salvado de esa invocación los mismos principios de la democracia. Todo poder imperial realiza sus atropellos invocando siempre los principios de la justicia. Estados Unidos tiene fama de amparar sus propósitos más nefastos con las dulces palabras de igualdad, fraternidad, libertad, democracia, etc. Nos hacen recordar estas pretensiones norteamericanas las lecherías que envenenan la niñez y que se denominan “La Pureza”, “La Garantía del Niño”, “La Esperanza”, etc. El país que no ha querido ser consciente de esta dura realidad acaba de ser estremecido por la declaración paladina del jefe de la ocupación militar, Sr. coronel Roosevelt. Al vedar la ley electoral confiesa que es buena en su fondo, pero no merece la sanción ejecutiva porque no se han incorporado en sus disposiciones las indicaciones que por escrito hizo él a los caballeros de la legislatura. Luego no existe ninguna legislatura. Si es requisito previo consultar la voluntad ejecutiva para convertirla en ley y sin un proyecto aprobado por la legislatura no ha de merecer sanción porque no se hayan seguido esas indicaciones imperiales, es una burla sangrienta de todo un país mantener un capitolio, celebrar sesiones legislativas, ocupar la atención pública constante con las discusiones de los “legisladores” y malgastar cínicamente los fondos de un pueblo esquilmado por este régimen de absorción. Los señores de la legislatura han tenido brillante oportunidad para hacer una rectificación patriótica de su conducta de servidumbre y cooperación con el régimen norteamericano. Si es cierto lo que el señor Coronel ha declarado, y que es absolutamente cierto, han debido inmediatamente anunciar su retiro de la “legislatura” ya que no estaban dispuestos a realizar otro acto de mayor patriotismo y de mayor dignidad. El país tiene que agradecerle al señor Coronel jefe del poder ocupante, esta franqueza brutal, porque los espíritus sumisos requieren para su renovación el puntapié del despotismo. Ya lo dijo el gran Toussaint l’Ouverture: “los esclavos se hacen libres solamente bajo la crueldad del látigo”.

La alta cuestión de principio que extraña ese veto no ha sido ni siquiera tocada por ninguna de las facciones de la agrupación gubernamental, ni por los unionistas, socialistas, aliancistas, ni siquiera por los puros, que eran los que tenían mayor interés en la aprobación de la ley electoral. El presidente de los puros se ha limitado a hacer un recuento triste de la cooperación que él y su partido han brindado al régimen invasor en su política imperial en Puerto Rico, y el desprecio que siempre han merecido por esa cooperación del poder que ha arrasado con nuestro país.

La facción unionista se llenó de júbilo con lo que estimó una victoria porque sus rivales en las posiciones oficiales habían tropezado con un escollo. Los aliados, en este momento, de los puros, aliancistas y socialistas, se han limitado a manifestar el disgusto que se siente en sus filas por esa disposición ejecutiva. A ninguno de esos caballeros de la legislatura se les ha ocurrido plantear la cuestión fundamental de si existe o no un poder legislativo en Puerto Rico.

No nos extraña su conducta. Casi todos ellos saben que no hay tal poder legislativo, pero son cooperadores voluntarios del sistema y mantienen la comedia imperial que ha de acabar con el país y con ellos mismos, si no termina definitivamente a breve plazo la política de espinas dorsales encorvadas o rotas por la voluntad norteamericana. El júbilo de la facción unionista cesó con la firma de un proyecto de ley por “comisión” para San Juan, que termina con el derecho electoral en la capital. Tampoco fue de su agrado la ley municipal general aprobada para “reformar” la administración de los municipios, o sea para acabar con todo vestigio de poder municipal. Las facciones contrarias al unionismo han mostrado su satisfacción pública por la aprobación de estas leyes.

Sabíamos que estas leyes habrían de ser aprobadas de cualquier manera para aumentar el poder personal directo del jefe militar, señor coronel Roosevelt, lo que satisface a la administración de Washington y la idiosincrasia de su mandatario en Puerto Rico. Ya es de dominio público, por propia declaración ejecutiva, que el botín presupuestal de la capital será dividido “equitativamente” entre los caballeros de la legislatura que constituyen las facciones gubernamentales unionistas, socialistas, aliancista y pura. El señor Coronel nos ha de hacer otro bien presentando en la administración de San Juan a estas facciones que parecen antagónicas pero que en realidad constituyen la unidad política defensora del régimen norteamericano. Prepárese el país para contemplar una comisión que gobierne el municipio de San Juan, de puros, unionistas, socialistas y aliancistas. Si por el veto a la ley electoral y por las declaraciones explícitas del señor coronel Roosevelt se comprobó que no existe poder legislativo, por la aprobación de la ley por comisión de San Juan se ha demostrado que no existe ningún derecho electoral. Eso de movilizar cada cuatro años la opinión pública, a todo el electorado, y gastar cuantiosa suma de dinero en elecciones, sirve solamente para mantener otra farsa de que existe el sufragio en Puerto Rico.

El sufragio existe donde hay un régimen de libertad que depende de un régimen de derecho, o sea, de un régimen responsable a los gobernados y que emana de su voluntad. Pero decir que hay sufragio donde el voto puede servir exclusivamente para establecer la voluntad del régimen o para afianzarla, es ser víctima de falta de sentido jurídico y del desconocimiento de la realidad política imperante. El Partido Nacionalista pondrá a prueba si existe o no el sufragio en Puerto Rico y colocará a prueba el régimen en forma definitiva cuando

decrete la Convención Constituyente de la República al obtener el voto de las mayorías. La supresión de los municipios y la abolición del sufragio complementan el ataque gubernamental contra los intereses económicos nativos.

Sabido es de todos que el presente régimen tiene por orientación definitiva la eliminación del terrateniente, del industrial, del comerciante y del financiero nativos para suplantarlos con invasores. El éxito de esta política ha llevado al país a la ruina presente. Quedan sin embargo algunos terratenientes puertorriqueños en el interior del país en posesión de la riqueza cafetalera. Había que eliminarlos. Donde quiera que haya un puertorriqueño con tierras propias habrá un baluarte de resistencia contra la invasión. La política contra ellos se inició como se inician todas las medidas imperiales, so capa de ayudarlos. La primera ayuda fue la implantación del Banco Federal Agricola. Dijimos al país cuando se instaló esta institución que, con el pretexto de brindar créditos a plazo largo a nuestros agricultores, se quedaría con toda la riqueza inmueble del interior del país, tan pronto sufrieran esos agricultores un revés económico, ya fuera por depresión en el valor del producto de la tierra o por uno de esos ciclones que periódicamente nos azotan.

Tan pronto se presentó San Felipe el banco empezó el rutinario proceso de desplazamiento, ejecución de finca tras ejecución de finca, ventas en pública subasta al contado. Pero, ningún puertorriqueño puede disponer de fondos para concurrir a una venta en pública subasta. Son los intereses norteamericanos los que pueden comprar de contado. A ellos se les facilita la operación por medio de los bancos que acaparan nuestras economías.

Ya hay norteamericanos peritos en la producción del café. Se calcula una producción posible de un millón de quintales anuales. Se sabe que cualquier cantidad puede influir en la depresión del mercado cafetalero en Estados Unidos debido a la superproducción brasileña que desmoraliza el mercado a pesar de los esfuerzos del Brasil para fijar los precios. Nuestra producción cafetalera debe ir, por tanto, a manos norteamericanas. Así se acabará con nuestros últimos terratenientes, y se podrá atacar el mercado brasileño. Será reforzado el ejército proletario por más de medio millón de almas. Todo esto, por supuesto, dentro de un plan de rehabilitación económica. Para atacarnos siempre hay que simular nuestra protección. El Banco Federal existe solamente para propósitos de penetración. Un banco hipotecario se necesita cuando hay crisis agraria para amparar al terrateniente en su título cuando la quiebra le amenace, pero, he aquí un banco de crédito hipotecario que mantiene relaciones con el agricultor mientras éste puede pagarle intereses y le ejecuta la finca tan pronto se presenta la primera dificultad.

No basta, sin embargo, la presión del banco. Esta institución es una

agencia gubernamental. El gobierno debe prestarle toda su cooperación inmediata. Hay que arreciar en el desplazamiento de los puertorriqueños. Cualquier núcleo de ellos con tierras propias constituye un peligro para el régimen. Pueden servir de sostén a las reivindicaciones patrias. Hay que exterminarlos.

El gobierno se había comprometido a aliviar la carga fiscal que pesaba sobre ellos. Se aprobó una ley en ese sentido. El señor coronel Roosevelt, por supuesto, le negó su aprobación.

¿Cómo va a aprobar el gobernador militar nada que pueda beneficiar a un terrateniente puertorriqueño, cuando su aprobación serviría solamente para obstruir la política de penetración que él está obligado a implantar?

El señor Coronel sonríe cuando habla de la rehabilitación económica. Le dice al país que piense solamente en eso y olvide la política. Con esa pauta ha restado la confianza pública en las mismas facciones partidaristas que integran el partido de gobierno. Los que tienen algunas pesetas han sido convencidos por el señor Coronel que deben divorciarse de todo movimiento político. Así ha triturado a esos grupos que se disputan el presupuesto y ha demolido a los organismos económicos.

Si hubiera habido sinceridad en la rehabilitación económica, nada más fácil para realizar. Bastaría que el gobierno de ocupación militar no permitiera la usura bancaria en Puerto Rico y que obligara el establecimiento de las mismas condiciones de crédito que existen en Nueva York. Allá el tipo de descuento es de dos y medio por ciento en el Banco de Reserva Federal, y los bancos adscritos a aquel sistema federal ponen dinero a disposición de sus clientes al cuatro o al cuatro y medio por ciento a lo más.

Pero el tipo corriente de intereses en los bancos de Puerto Rico es el diez por ciento con garantías personales de absoluta solvencia; y cuando se trata de un préstamo hipotecario el tipo asciende al doce por ciento, y en general es más alto que el doce por ciento por las condiciones onerosas que se imponen a deudores hipotecarios, indirectamente para no invalidar la obligación.

Además, las economías de nuestro pueblo depositadas en los bancos van a la disposición de un poder extranjero. Están en poder del National City Bank, del Royal Bank y del Banco Nova Escotia, que refaccionan a intereses enemigos del país.

El gobierno militar, como en todo momento, presta su más decidida cooperación a ese plan bancario y deposita el grueso de los fondos públicos en esos bancos. De los primeros actos administrativos del señor coronel Roosevelt podemos citar el depósito que hizo de los fondos del pueblo de Puerto Rico el National City Bank. Dos terceras partes de esos fondos fueron a parar a la disposición de este pulpo.

Hablar de la industrialización de un país en esas circunstancias es burlarse fríamente de su ingenuidad. La industrialización de un país depende exclusivamente de dinero a un tipo de interés que no pase del cinco por ciento.

Las acciones privilegiadas de una empresa industrial no devengan

nunca un interés de más de un siete por ciento anual; las acciones comunales se consideran magníficas cuando el ingreso neto es el cuatro por ciento. Ahora bien, el poder ocupante ha dejado a todo nuestro país a la explotación bancaria y ha rehusado establecer aquí las condiciones de créditos que reserva en su país para sus ciudadanos y que acabamos de citar.

Esto era necesario para que toda forma de riqueza en Puerto Rico pase a manos norteamericanas y así el cabotaje libre, servirá solamente de incentivo para la absorción norteameridana de todas nuestras fuentes de producción. Nunca beneficiará a los puertorriqueños y servirá de acicate para atacarlos despiadadamente en el campo económico.

El gobernador militar señor coronel Roosevelt acaba de aclarar la situación en forma que no da lugar a dudas. ¿Qué espera el país de esta política de sumisión y de cooperación con el régimen? Nadie tiene interés en defendernos a excepción de nosotros mismos. Es una insensatez creer que los invasores tengan otro interés que no sea la explotación de Puerto Rico. Ha llegado la hora de la concentración de todos los puertorriqueños en el movimiento patriótico del nacionalismo que termine inmediatamente con este régimen que a título de protección, ha colocado de centinelas a la puerta de cada hogar puertorriqueño, la miseria y la muerte.

San Juan, de Puerto Rico, a 18 de mayo de 1931. Por la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico:

P. ALBIZU CAMPOS. Presidente.

HABLANDO CON EL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA DE PUERTO RICO

La personalidad polifacética de Albizu Campos es poco conocida en el país. Así hasta ayer, sus ideales en el problema básico de Puerto Rico. Su obra está unida al problema vital de la patria y su personalidad será cada día más comprendida a medida que su campaña de emancipación vaya despejando las nieblas que oscurecen nuestro destino. El patriota visionario, el hombre de temperamento místico-religioso de moral tradicional a prueba de ácido, el político leal a sus ideas, el apóstol de la causa portorriqueña, como le llaman sus adictos, ha surgido. Examinémosle. Nuestro país necesita conocerle. No vamos a hacer la apología de un hombre. Vamos a señalar la claridad que se perfila en el horizonte de nuestras luchas por la libertad y la redención de nuestro pueblo. -He aquí el hombre cuyo brazo broncíneo en medio de la oscuridad que padecemos, levanta en alto la única luz que nos alumbra, me dice el caballero nacionalista que me entrega algunos datos biográficos del Sr. Albizu. Albizu Campos estudió en las Universidades de Vermont y de Harvard, graduándose en la segunda de Ingeniero Químico, Leyes, Filosofía y Letras y Ciencias Militares. Domina varias lenguas, además de las clásicas, inglés, francés, portugués, alemán y castellano. Fue organizador del movimiento universitario revolucionario irlandés en Harvard, el cual movimiento fue extendido por todo el continente. Además estuvo relacionado con el movimiento libertador hindú. En la clase era el estudiante más solicitado para todos los actos de trascendencia en la Universidad. Fue llamado expresamente por los directores de Harvard para su ingreso en la misma en vista de sus elevados dotes intelectuales demostrados en Vermont, concediéndole una beca. Es la primera vez que hablo con el señor Albizu Campos. Me impresiona gratamente el sostenedor de la Independencia de Puerto Rico. Es un hombre sereno, tranquilo, reposado, de alta ideología, concepción rápida y segura, formas caballerosas y distinguidísimo trato. Hablamos de muchas cosas antes de comenzar esta entrevista. Al fin hago la primera pregunta que mi interlocutor contesta enseguida. -¿Cómo piensa usted ante el actual momento político de Puerto Rico?

-El nacionalismo es como el éter universal: penetra en todos los sectores. El Partido Republicano Puro cae bajo el peso de su error de finalidad política y de táctica. Aclarando que el “estado” norteamericano, no es ni estado ni soberano, y carece de personalidad internacional, y que es una mera provincia, todo el fundamento de ese partido rueda por tierra. La estadidad para Puerto Rico sería su extinción en la nación norteamericana. Ninguna persona inteligente, consciente de esta verdad, puede seguir militando en esa agrupación. Su táctica de apasionada cooperación con el régimen no ha podido ser más desastrosa. Es una facción en plena disolución. Existe ya en su seno la avanzada que, con verdadero sentido patriótico, ha solicitado públicamente de la dirección que se declare francamente por la independencia absoluta de su país. La próxima asamblea de los “puros” revestirá, por esa sola consideración, un gran interés público. La facción gubernamental socialista, definida hasta ahora en pro de “la unión permanente e indestructible”, entre Estados Unidos y Puerto Rico, siente también la sacudida del movimiento emancipador nacionalista. Esa agrupación no podrá continuar siendo anexionista y antisocialista. Tendrá que definirse, de acuerdo con los postulados socialistas del partido socialista norteamericano, por la absoluta independencia de Puerto Rico. Los elementos independentistas que militan en su seno de buena fe forzarán esa renovación en la próxima convención que se celebre. Las facciones aliancistas y unionistas, que tienen el mismo programa, contradictorio de “estado” o independencia, en la alternativa, han sufrido ruda sacudida recientemente con las declaraciones políticas en pro de la independencia absoluta que acaba de hacer el jefe de los unionistas, secundado por otros directores de esa agrupación. Como en realidad, los aliancistas y los unionistas sostienen el mismo programa, y como el rompimiento entre ellos es reciente, el sector aliancista siente las repercusiones de estas declaraciones y se considera parte del elemento conservador unionista obligado a combatirlas. El duelo que sostienen “La Democracia” y “La Correspondencia”, órganos de esas facciones, es de sumo interes para el observador que friamente contempla la renovación que forzosamente se está imponiendo a todas las agrupaciones que hasta ahora han entregado la patria atada al invasor. -Bien, ¿y del momento político en la Unión de Puerto Rico, qué me dice? -Se manifiesta un anhelo de transformación en su seno, que ha resultado sumamente doloroso por estar ese cuerpo político anquilosado. Como elemento gubernamental ha perdido toda su ascendencia moral y para reconquistarla está quizás haciendo su último esfuerzo. El dilema es claro: la vida o la muerte. Con los yanquis o con los portorriqueños. Alea jacta est. La nación portorriqueña exige su redención inmediata y se dispone a combatir el régimen de frente. Nadie aspire a dirigir sus destinos que no esté dispuesto a cumplir con su deber de sacrifico por la causa de la independencia patria.

-Si la próxima asamblea de la Unión se define por la Independencia como única solución política para Puerto Rico, ¿qué haría el Partido Nacionalista? -El Partido Nacionalista es la patria viva, y resuelta a emanciparse inmediatamente por su propio esfuerzo. No entiende de aplazamiento para su redención de la ocupación militar que la azota.

Eso mismo, seguramente, habrá de decir la Asamblea que celebre como única finalidad la independencia pienso yo. El Sr. Albizu Campos continua hablando de su partido. Yo escucho con respeto: -Hemos hecho el compromiso público de no cooperar con el régimen. Rechazamos los cargos ejecutivos. Nos limitamos a aceptar las posiciones electivas que emanan de la voluntad popular. Tan pronto recibamos el sufragio de las mayorías proclamaremos la constitución de la República a las veinte y cuatro horas de haberse efectuado las elecciones. Tales son las disposiciones terminantes de nuestro programa. Cualquier declaración que de independencia haga una facción gubernamental como lo es el Partido Unionista, nos alegrará porque es un reconocimiento formal de la conciencia nacionalista que hemos formado en el país. El nacionalismo tiene un depósito sagrado. Ninguna maniobra política que se haga, por cualquiera otra agrupación, lo moverá de su trayectoria definitiva hacia la consecución inmediata de la emancipación de la Patria. Tenemos un ideario político diáfano y que resiste análisis a la luz meridiana. Nuestra táctica es resolutiva. Es necesario que militen en nuestras filas hombres y mujeres abnegados y valientes. Vamos a resolver sin mayor dilación la supresión de la ocupación militar norteamericana en Puerto Rico. -¿No uniría sus fuerzas el Partido Nacionalista a las de la Unión de Puerto Rico, no separándoles ya diferencias de ideales? -El nacionalismo ha mantenido puro el ideal de la independencia. No permitirá mixtificaciones del mismo. No tolerará que se le profane utilizándolo como una táctica para ganar elecciones que si resultan victoriosas, sirva nuestra bandera entonces para alfombra de los invasores. Para los que quieran de verdad la independencia de Puerto Rico hay un sitio amoroso para ellos. Vengan a ocupar su lugar en las filas del patriotismo verdadero. -Entonces habría dos partidos en Puerto Rico sosteniendo un mismo ideal, a mi juicio sería un pugilato entre hermanos innecesario e inexplicable, yo creo que cada día nos dividimos más aquí. Miro con dolor

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