Nuestro querido Corretjer ha podido quedar absuelto presentando todas las actas de las Juntas Municipales, después de la fecha luctuosa del 23 de febrero de 1936 en que se realizó el saqueo por la Policía Insular, de nuestras oficinas centrales de la Junta Nacional. Que dichas actas pueden ser incriminatorias dentro del proceso que por conspiración se sigue contra nosotros es una cuestión de apreciación del acusado y ese temor es más fun- dado cuando vemos la tiranía que pesa sobre la nación. Esa tiranía ha sentado dos principios que revolucionan el derecho: primero, a una persona se le podía arrestar en la calle con cualquier pretexto y matar en plena calle con cualquier pretexto. Jurisprudencia sentada en Río Piedras el día 24 de octubre de 1935 y en San Juan y Utuado el 23 de febrero del

  1. Segundo: El acusado está obligado a presentar la prueba que necesita el fiscal para condenarlo, lo que constituye la última palabra en materia jurídica. Se acabó esa teoría de que al acusado se le supone ino- cente y que existen los tribunales para ampararlo en la presunción legítima de su inocencia. Ahora al acusado no solamente se le presume culpable, sino que está obligado a traer él, ante el mismo tribunal, por su propia cuenta, para comodidad de los funcionarios, toda la prueba que necesitan para meterlo en presidio o sentarlo en la silla eléctrica. La libertad, la fraternidad, la democracia, la Constitución, la Declaración de Independencia, la emancipación de Lincoln, el Nuevo Trato, y la política del Buen Vecino, queda reducido a esos grandes principios que acabamos de enunciar. La tiranía extranjera condena a la barbarie. La tiranía se apoya solamente en la fuerza y no tiene apología posible. Como fuerza bruta que es pretende destruir todo derecho a su paso.

No se horrorice la nación portorriqueña al contemplar el paso de las hordas del norte.

Comprendemos la sensibilidad nacional porque somos una nación hija del tronco hispánico, que sirvió de funda- mento a todo derecho que informa la civilización moderna. Los romanos construyeron el más grandioso monu- mento intelectual del cual irradiaban todos los principios jurídicos y es comparable solamente con esa obra magna, el otro monumento mejorado de los sabios frailes españoles del siglo 16, los Mariana, los Suárez, los Ayala y los Victoria. A una nación con esa herencia eterna tener que contem- plar las patas de la barbarie, requiere la paciencia que Dios solamente con su poder infinito puede conferir. Puerto Rico tiene su tesoro sagrado de fe patriótico en documentos que son reliquias para nuestra posteridad. Esa hostia no puede ser tocada por las manos sangrientas de enemigos, esbirros asesinos. Ni la amenaza de la prisión, ni el terror, ni el asesinato son capaces de producir la rendición de la voluntad nacional. Parecen cosa baladí las llamadas mociones de “duces tecum”, que quiere decir: “Comparezca usted con tales o cuales documentos so pena de desacato”. En virtud de una orden “Duces Tecum” se efectúa un arresto. Se ha pretendido en un ambiente esclavista no dar opor- tunidad a la privación de la libertad personal en virtud de un arresto. No importa la duración del arresto, un segundo, un día, o un año: el daño siempre será irreparable. Constituye un ataque contra la dignidad y la libertad personal. Y las conse- cuencias pueden ser fatales aunque su duración sea de un segundo. El régimen yanqui ha pasado del arresto sin ningún pretexto al encarcelamiento con cualquier pretexto. Prepá- rese la nación para rechazar la tiranía.

Conmemoración del natalicio de José de Diego

Ayer, día del natalicio del prócer José de Diego, se lleva- ron a efecto en esta capital los actos anunciados por el Partido Nacionalista de Puerto Rico. A las siete de la mañana comenzó la congregación de nacionalistas en la calle del lado este del Capitolio. Automóviles de diferentes poblaciones traían gente que se iba reuniendo en el sitio ya designado de antemano. Los cadetes nacionalistas, en número de más de doscientos, portando las banderas de sus batallones y la ban- dera puertorriqueña, formaron filas en el mismo lugar. Como a las ocho y media de la mañana llegó allí el presidente del Partido Nacionalista, señor Pedro Albizu Campos, y se le tributó un cálido aplauso. Poco después se iniciaba el desfile, al frente del cual marchaba el señor Albizu Campos y el Lcdo. J.M. Toro Nazario subsecretario general del Partido. Detrás la tropa de los cadetes nacionalistas, con sus camisas negras y el pantalón blanco, figurando también en el desfile una compa- ñía de damas nacionalistas uniformadas de blanco, algunas de las cuales llevaban, ramos de flores para depositar más tarde ante la tumba del prócer José de Diego.

El desfile partió desde el Capitolio por la Avenida Ponce de León y al llegar a la Plaza de Colón subió por la calle de San Francisco, doblando más tarde por la calle José C. Barbosa hasta la Catedral, en donde tuvo lugar una misa “In Memo- riam” en la cual ofició el padre Jiménez.

El Mundo, 17 de abril de 1936, p. 5.

A su paso por las calles de San Juan el señor Albizu Campos fué saludado con aplausos por grupos de personas apostados en algunas aceras y balcones. Terminada la misa volvió a iniciarse el desfile camino del camposanto de San Juan. Allí la tumba donde descansan las cenizas del ilustre hombre público portorriqueño, don José de Diego, fué rodeada por la multitud nacionalista que acudió a rendirle homenaje a su memoria. Varias jóvenes y damas nacionalistas depositaron coronas y ramos de flores sobre la tumba sencilla donde reposan los restos del prócer. Entre las personas que depositaron flores distinguimos a la señora Amparo Díaz de Suárez, madre del joven nacionalista que encontró trágica muerte en las escalinatas del Capitolio insular. Se guardó un minuto de silencio durante el cual todas las banderas que portaban los cadetes nacionalistas se inclinaron sobre la tumba del prócer, cubriéndola con su sombra. Después de esta ceremonia la manifestación se dirigió desde el camposanto hasta la Plaza Baldorioty en donde se había levantado una tribuna desde la cual habló el señor Albizu Campos. La multitud se congregó alrededor de la tribuna para escuchar a los oradores. Fue el señor Toro Nazario el primero en hacer uso de la palabra, únicamente para presentar al señor Albizu Campos. “Portorriqueños, hermanos en la lucha por la libertad”, comenzó diciendo el orador, “habéis comenzado la vida de una mañana gloriosa. La nación está frente a sus enemigos y presta a defender sus ideales en el rescate de nuestra soberanía en toda ocasión y en todos los momentos, sean estos favora- bles o desfavorables”. Luego hizo un párrafo de presentación para don Pedro Albizu Campos, y al adelantarse éste hacia el público la multi- tud prorrumpió en aplausos, dando vivas a la república, al nacionalismo y al presidente del Partido, y gritos de “abajo la tiranía yanqui”.

Albizu Campos se dirige a la concurrencia en un mitin celebrado en la Plaza de Armas de San Juan el 16 de abril de 1936 en conmemoración del Natalicio de José De Diego.

Hecho silencio, el señor Albizu Campos comenzó su discurso diciendo que “nosotros cultivamos la memoria de los próceres. Nuestro culto no es el culto a la memoria de los muertos, es el culto a la memoria de los inmortales. Hoy es el natalicio del gran De Diego, el precursor de este gran movimiento. “Los hombres se recordarán por sus palabras, por su pensamiento, porque la palabra es el símbolo de lo eterno. De Diego representa en Puerto Rico el apóstol predicador. Noso- tros representamos el cumplimiento de ese deber que él nos impuso. “Siento que esta brisa sea tan fuerte y que parece quiere estrangularme la garganta. (Hace una brisa fría y el orador se encuentra un poco afónico). “He de deciros que para ser fiel a una memoria hay que consagrarla con hechos y que la generalidad de los portorri- queños está dispuesta a sellar con su vida la memoria de los inmortales como De Diego”. (Aplausos). Luego dijo: “Nosotros no tememos. No pueden abrigar temores los que representan la independencia de su patria.” (Aplausos). “Las mujeres y los hombres que empuñaron los estandartes de la emancipación de las naciones han merecido siempre el respeto y la admiración hasta de sus propios déspotas”. Dijo también que “por una paradoja moral lo único que salva a un imperio tiránico es la rebeldía con que se enfrenta”; que “el que se acostumbra a tiranizar y matar a las masas fuera de su país no pierde la costumbre y cuando regresa a su patria hace lo mismo, que el despotismo no se puede ejercitar impunemente”. “Afortunados”, dijo, “los imperios contra los cuales se levante una nación como Puerto Rico y le diga alto ahí a tu tiranía”. (Aplausos). Añadió que “Estados Unidos en ciento cincuenta años no ha tenido quien le recuerde su historia de libertades, de valor, de heroísmos y de abnegación. De Diego pudo cristalizar aquel pensamiento soberano de la filosofía antigua que dice: “A los hombres se les recordará por sus palabras y no por sus hechos”. Cuando de Diego dijo que tenía una cuerda dura de la piel del cordero para con ella colgar al traidor, dijo la frase cabal. Eso está sellado con sangre. No son palabras ya. Los monumentos a la eternidad tienen que tener en sus cimientos la sangre de los mártires.

“Aquí rememoramos la memoria de De Diego, y es el día de la bandera nacional a la cual se le quiso convertir en bandera colonial. Y hubo un mártir que se llamó Manuel Suárez Díaz, y hubo una mujer que nos dijo que no quería venganza sobre la memoria de su hijo”.

“El nacionalismo”, añadió en otra parte de su discurso, “va al reclamo directo de la independencia de la patria”.

Habló luego el señor Albizu Campos sobre el encarcela- miento de don Juan Antonio Corretjer, secretario general del partido y dijo que “se ha cometido con él un asesinato jurí- dico”.

“Nosotros”, agregó, “ estamos serenos y alertas. Pero él es un símbolo. Y es que a un nacionalista no se le puede obligar, ni con el asesinato ni con la cárcel, a ser un traidor de la patria”.

Dijo que “no importa que el imperio tenga fuerzas; no importa que manche el cielo de la patria con los halcones de la piratería moderna; no importan las formas de la persecusión, la libertad nos hace omnipotentes”. (Aplausos).

Luego dijo que evocaba en los norteamericanos lo noble de su historia; lo que los hizo nobles y dignos; que Estados Unidos se enfrenta en Puerto Rico con el espíritu de Lexing- ton, de Zaragoza y de Ayacucho.

Añadió luego que “Estados Unidos en el ejercicio del imperio ha establecido la tiranía plutocrática más asquerosa que conoce la historia”. (Aplausos).

“De Diego soñó que un día la quimera se levantaría sobre sus cenizas y es la hora de De Diego, es la hora de la inmortali- dad, es la hora de la independencia.”

“Hemos sepultado a cien kilómetros al norte de la isla, en el sitio más profundo del océano, a una señora que se llamó la cobardía de Puerto Rico”. Más adelante dijo que “nosotros miramos cara a cara la tiranía, la traición y la apatía. No tememos a ninguna conspi- ración que se haga para encarcelar a los nacionalistas”. Y añadió que los nacionalistas saben que el imperio yanqui tiene a su servicio hijos de Puerto Rico que le sirven de espías, y para quienes los nacionalistas tienen el mayor desprecio. “Es este el movimiento de la unidad nacional”, dijo luego. “Se acabaron los socialistas, se acabaron los liberales, se acabaron los republicanos, se acabaron los nacionalistas. Existe sólo el alma sagrada de Puerto Rico frente al imperio norteamericano”. “Nosotros no somos un movimiento sanguinario ni de gangsters. Sí decimos que el derecho está por encima de nuestra vida y que si para hacer respetar el derecho de la independencia de Puerto Rico es necesario derramar sangre puertorriqueña y sangre de norteamericanos se amasará con ella la independencia de Puerto Rico”.

LOS ACTOS DE LA TARDE: Luego escaló la tribuna el señor Albizu Campos, cuya presencia fué acogida con grandes demostraciones de entu- siasmo. El señor Albizu Campos terminó los actos del día con las siguientes palabras: Señores: “Sólo unas palabras de despedida antes de que os retiréis a vuestros hogares. “Venimos a renovar nuestros votos. Mantened vuestra disciplina. Mantened vuestras instituciones. Mantened orga- nizada la voluntad nacional. La libertad le ríe a los pueblos organizados, a los pueblos disciplinados. Mantened intactas todas nuestras instituciones. Sumáos al supremo concurso. Es la hora decisiva, la hora que pondrá nuestro valor a prueba.

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