El Partido Nacionalista desarrollará el siguiente programa económico: 1 Organizará a los obreros para que puedan recabar de los intereses extranjeros o invasores la participación en las ganancias a que tienen derecho, asumiendo su dirección inmediata, poniendo hombres de talla, responsabilidad y patriotismo para dirigirlos. 2 Procurará por todos los medios que el peso fiscal recaiga sobre los no residentes, para destruir el latifundismo y el absentismo, y dividir la propiedad inmueble entre el mayor número posible de terratenientes. 3 Deberá por todos los medios a su alcance reservar el efecto del cabotaje libre entre Estados Unidos y Puerto Rico que hoy beneficia exclusivamente al invasor. 4 Favorecerá exclusivamente al comercio nativo donde exista y lo fomentará donde haya desaparecido. 5 Favorecerá exclusivamente al consumo de los frutos de la tierra y de industria portorriqueña procurando por todos los medios a que se llegue a satisfacer las necesidades patrias. 6 Fomentará la exportación y el establecimiento de la industria de transportación marítima. 7 Favorecerá exclusivamente los bancos nativos y donde no los haya procurará que se organicen. 8 Procurará organizar las finanzas en tal forma de respetabilidad bancaria nativa que los depósitos nacionales se hagan sólo en sus bancos, y, procurará librar al país de los empréstitos extranjeros públicos o privados, para que la agricultura, el comercio, y la industria en manos portorriqueñas puedan resurgir potentes”. La elección para Presidente del Partido se llevó a efecto por votación secreta resultando electo el Lcdo. Pedro Albizu Campos. El público de pie le tributó una ovación al conocer el resultado del escrutinio. Los demás funcionarios electos fueron: Primer Vice-Presidente, Cándido Martínez; segundo Vice-Presidente, M. Fernández Mascaró, Tesorero, Abelardo Ruiz Morales; Secretario, Manuel Rivera Matos.
La Junta Nacional del Partido quedó formada por dos nombramientos de cada distrito judicial de acuerdo con el reglamento. Por San Juan: Rafael Rojas Lozano y Ramón H. Vicente; por Ponce: Eduardo G. Ramú y Juan Augusto Perea; por Arecibo: Fernando Sierra Berdecía y José G. Gardé; por Humacao: Lcdo. Pedro Pérez Pimentel y José P. Berríos; por Aguadilla: José M. Gil Cabassa y Severino Lecároz; por Mayaguez: Dr. M. Guzmán Rodríguez y Modesto Gotay. El Presidente interino, señor Miguel Marcos Morales, abandonó la presidencia para que la ocupase el Ledo. Albizu Campos.
DISCURSO INAUGURAL DE ALBIZU CAMPOS
El Ledo. Albizu Campos al ocupar la Presidencia se dirigió en los siguientes términos a la asamblea: “Vamos a realizar una obra intensa de nacionalismo depurado con una orientación y un programa de acción definidos. Nuestro Partido no entrará en componendas con los otros partidos ni en ningún momento toleraremos transacciones inmediatas que menoscaben la pureza del ideal. Esta Directiva no tendrá prejuicios contra ningún nacionalista siempre que este nacionalista cumpla con los deberes que le impone su partido.
“Esta Directiva hará todo lo que esté a su alcance para llevar a cabo una labor efectiva y combativa. Es imposible, compañeros, que continúe este coloniaje vergonzoso sin actuar de una manera terminante. No podemos tolerar ni por un minuto más la situación imperante del país. No hay que temer a esta Directiva por ningún sentido. Seremos implacables desde luego, con los que quieran mutilar la integridad o la pureza de nuestro partido. Llevaremos a cabo una intensa campaña ideológica para demostrar al país las falacias que contienen los programas políticos de los otros partidos.
“Voy a exigir una promesa a los patriotas de sangre y hueso, de valor y de ánimo que han permanecido en esta asamblea hasta estas altas horas de la noche. Una filosofía optimista debe informar todas nuestras actuaciones. Llueve sobre nuestro pueblo una doctrina pesimista que lo desmoraliza y lo acobarda y que debemos atajar en todos los momentos. Hay que levantar el espíritu público de Puerto Rico y decirle que puede llegar a ser lo que quiera y conquistar su independencia si así lo desea su voluntad. Estamos en plena bancarrota cívica y es menester que llevemos una infusión moral a nuestro pueblo para que vuelva a creer en su destino y en sus posibilidades. Nuestra patria está en plena guerra sin defenderse; sólo un resurgimiento de la moral colectiva puede salvarla.
Nunca he creído en los números. Tenemos que traer aquí a los hermanos consagrados al ideal nacionalista. Tenemos que decir a nuestra Patria la verdad y la enorme desgracia que gravita sobre su vida. Voy a invocar el nombre de nuestros grandes patricios que murieron por la libertad de esta tierra para que nos iluminen en nuestra misión.
“Ahora compañeros, os voy a exigir un juramento de honor. (La concurrencia se puso de pie y alzó la mano en alto). Juremos aquí solemnemente que defenderemos el ideal nacionalista y que sacrificaremos nuestra hacienda y nuestra vida si fuera preciso por la independencia de nuestra patria”. (Aplausos).
Pedro Albizu Campos se dirige a los delegados a la Asamblea General del Partido Nacionalista celebrada en los salones del Ateneo Puertorriqueño el 11 de mayo de 1930. Esta asamblea lo eligió presidente de la colectividad. Aparecen entre otros, José Coll Cuchí, Antonio Ayuso Valdivieso, Manuel Guzmán Rodríguez, Antonio R. Barceló, Luis Lloréns Torres, José S. Alegría, Vicente Géigel Polanco y Samuel R. Quiñones.
LO QUE CONTESTA EL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA A LAS MANIFESTACIONES DE DON JOSE COLL CUCHI
El señor José Coll Cuchí, se ha retirado del Partido Nacionalista definitivamente. Así lo declaró rotundamente ante la Asamblea que acaba de celebrar el Partido. Desairó a la comisión que fué a buscarlo para que rectificara lo dicho. Se negó en términos absolutos. Puedo asegurarle al señor José Coll Cuchí, que el Partido Nacionalista ha salido definitivamente de una enorme pesadilla. En contestación a su injuria a la Asamblea Nacionalista que ovacionó lo dicho por mi ante la misma, me limitaré a rechazar sus declaraciones, falsas todas, afirmando que allí se ofendió a Cuba, a Santo Domingo, a los extranjeros, especialmente a los españoles, y a otras entidades. He sostenido aquí y en todas partes, y no por conveniencia alguna, los siguientes postulados: La independencia de Puerto Rico; La confederación antillana; La Unión Ibero-americana; Le hegemonía mundial de las naciones iberoamericanas. El prestigio de cada una de esas naciones ha sido y es para mí sagrado. Me acusa de haber atacado a Estados Unidos por la política que ha impuesto el invasor en nuestra tierra. De eso no me defiendo ni jamás me defenderé. Me honra. Concedo al señor José Coll Cuchí el privilegio de seguir cantando a la bandera de Estados Unidos como lo hizo en mi presencia en el primer mitin nacionalista que celebramos en la Plaza Baldorioty en el año 1924, cosa que me obligó a rectificarle en la misma tribuna y en su presencia. Esa misma loa a la bandera de Estados Unidos la repitió en la Asamblea de la Alianza celebrada en Mayaguez en el pasado año. Tal es la información que me merece todo crédito y que he recibido de respetables caballeros asistentes a dicho acto. Veneramos el nombre glorioso de José Martí todos los defensores de la libertad. Por eso le llamé en el discurso que pronuncié en la Asamblea, el Apóstol, el Maestro, y el Mártir de los ideales libertarios. Yo no sé si al señor José Coll Cuchí se le conoce en Cuba
están informados de mi obra pro-Cuba. Sin embargo, tenemos la suerte que él y yo seamos conocidos en la República Dominicana. Dejo a la opinión de Quisqueya el juicio que deba hacerse de sus irreflexiones preñadas de ira al arrebatársele el instrumento para imponerse en el Partido Nacionalista. Toda la Prensa estuvo representada en el magno acto depurador que acaba de celebrar el nacionalismo auténtico. Recuerdo perfectamente la presencia de los representantes de todos nuestros periódicos y de la “Prensa Asociada”.
La información dada por la Prensa hasta ahora, condena todas las aseveraciones insidiosas de José Coll Cuchí. Hay que hacer justicia y para ello hay que decir la verdad, duela a quien duela.
No es cierto que el señor Ayuso ni el señor Coll Cuchi fueran los organizadores de la Asamblea. La verdad es que se opusieron a su organización por todos los medios posibles, hasta última hora, que pretendieron embarcarse en el carro triunfal ya en marcha, evidentemente para manejarlo a su antojo. Esa intención quedó manifiesta ante la Asamblea ante la insistencia inaudita del señor Ayuso de querer persistir en la presidencia de la Asamblea cuando ésta deseaba una Directiva Provisional que mereciera su confianza,
Hubo que forzar a la Presidencia de la Junta Nacional, Sr. Ayuso, para que se nombrara una Comisión que llevara a efecto la organización de la Asamblea. La presidió el Ledo. Cándido Martínez, y después de muchos sinsabores, tuvo el éxito resonante que a todos ha sorprendido. La insidia y la insinceridad son gemelas.
Ya que se habla de concordia para todos, yo le pregunto al señor José Coll Cuchí, ¿quién fué el que tuvo la osadía de alterar a su antojo la invitación que aprobó la Junta Nacional para ser comunicada a todos los Partidos Politicos?
¿Por qué se opusieron el señor Ayuso y el señor José Coll Cuchí a que se invitara a la Asamblea, al Partido Unión de Puerto Rico? ¿Por qué pretendieron estos señores que se invitara exclusivamente a la Alianza Puertorriqueña? ¿Por qué mutilaron el texto de la invitación a todos los partidos, con el propósito de agredir al Partido Unionista? Atrevimiento que nos hizo gran daño.
Y finalmente, ¿por qué el señor José Coll Cuchí no esperó la réplica que merecía su derrame de bilis, y, en lugar de aguantar lo que debía merecer en presencia de toda la Asamblea, corrió escaleras abajo al terminar su discurso, y rehusó regresar a la Asamblea cuando fué a buscarlo a su casa una Comisión designada por la presidencia de la Asamblea? No hay duda, señor José Coll Cuchí. El templo está limpio. La Nación portorriqueña está de plácemes. Usted no podrá continuar haciéndole daño con su sombra nefasta al Nacionalismo Portorriqueño.
PEDRO ALBIZU CAMPOS
FEMINISMO Y LA INDEPENDENCIA PATRIA²⁵
Por Pedro Albizu Campos
Frente a un pueblo ansioso de su independencia y dispuesto a hacer los sacrificios necesarios para obtenerla, se había colocado un grupo de dirigentes no dispuestos a romper con el régimen imperante de la colonia.
Cuando decimos un pueblo, por supuesto, nos referimos a la unidad nacional portorriqueña, sin distinciones de ninguna clase, y mucho menos, la distinción absurda, de dividirla entre hombres y mujeres.
La mujer portorriqueña contemporánea ha padecido, hasta ahora de la abrogación que de su representación ha hecho un grupo de señoras, que con el título de feministas, han hablado siempre en su nombre, y han luchado porque se le concediera el derecho al sufragio.
Si los hombres directores de la opinión pública malgastaron gran parte de su tiempo combatiéndose unos a los otros, en lugar de dar el frente al invasor, las feministas dedicaron, todas sus energías a la adquisición del sufragio, creyendo sin duda, que combatiendo a los hombres que a esta medida se oponían, llenaban la finalidad de la existencia de su organización.
Han obtenido el sufragio. Estamos obligados a preguntarles para qué lo quieren. ¿Es acaso para reforzar el coloniaje sobre su patria? ¿O para anexarla a los Estados Unidos definitivamente, anulando su personalidad internacional para convertirla en una provincia norteamericana (“Estado” sic.?) o es para hacer de Puerto Rico una patria, libre, soberana e independiente?
Repetimos la interrogación pública que ante la Asamblea Nacionalista última formulamos: ¿Van a repetir las mujeres el pecado de los hombres de dividirse entre sí sobre la cuestión vitalísima de la independencia de su patria?
Si las mujeres feministas han de presentarse al país representando, no un movimiento sólido libertario, sino a los diversos partidos políticos existentes, combatiéndose entre ellas, y difundiendo ante la opinión pública del país todos los errores políticos cometidos por los hombres dirigentes durante los últimos treinta años, es necesario que se les llame la atención en la forma más enérgica sobre la responsabilidad histórica que adquieren al ejercer por primera vez el sufragio.
Si se quiere opinar en política hay que asumir las responsabilidades necesarias. La mujer como directora de la opinión política, ya que en ese terreno se ha colocado, tiene y debe esperar, que se le exija
responsabilidad a lo que diga. No es un ideal patriótico predicar la anexión de su país a ningún otro país. Tampoco es un ideal patriótico defender el coloniaje que gravita sobre el país.
El único deber cívico trascendental que tiene el que nació en una colonia, ya sea hombre o mujer, es redimirla del coloniaje. ¿Están listas las señoras feministas a cumplir con ese deber inaplazable?
Parece que sí. Hemos leido con sumo interés las manifestaciones que en la sección denominada “Conversando con las principales feministas del país”, regularmente publica en la edición dominical de EL MUNDO, la señora Angela Negrón Muñoz.
Con raras excepciones, las entrevistas publicadas en dicha sección con ese epígrafe, nos han desalentado enormemente. Hemos visto repetir casi todos los errores de apreciación política, social, económica y religiosa que han dado al traste con una sana orientación de nuestro pueblo. Todo, casi todo, ha sido un cúmulo de repeticiones de cosas viejas, desgastadas y refutadas, ad nauseam.
Se da el triste caso que cuando la dirección encabezada por hombres en los diferentes partidos políticos empieza a orientarse hacia finalidades patrióticas y definitivas, es de esta sección feminista que llueven sobre nuestro pueblo las afirmaciones más desorientadoras. Insistimos que la mujer, como el hombre, tiene que ser responsable de lo que dice.
Doña Angela confiesa estar mortificada por ciertas manifestaciones que hiciéramos ante la última asamblea del partido con motivo de la emocionante oferta que me hiciera el Club de Damas de Puerto Plata, República Dominicana, en representación de la mujer dominicana, para defender la independencia de Puerto Rico.
¿No se ha emocionado Doña Angela ante esta oferta? ¿No se han emocionado las señoras feministas que alega ella se sienten heridas por mis manifestaciones ante la Asamblea? ¿Por qué si representan los más altos valores de nuestra mujer, no se han reunido todavía para enviarle un mensaje de gratitud al Club de Damas de Puerto Plata que de modo tan generoso y tan espontáneo ha ofrecido su concurso para liberarlas de este bochornoso tutelaje?
Le debemos una felicitación a Doña Angela. Por primera vez, desde que la leemos, la hemos visto invocar el nombre de mujeres inmortales de nuestra patria que lo sacrificaron todo por su independencia.
Le debemos también una rectificación. No debemos comparar con figuras ungidas por el sacrificio por la redención de este terruño a personas que sostienen como un ideal la anexión de su país a cualquiera otro, o defienden el imperio en su patria, impuesto por una potencia extranjera. Señora, permítame decirle que hay paralelos imposibles. Que el que escribe tiene una responsabilidad histórica y no puede hacer confusión de valores.
Varias veces hemos repetido que tenemos que retrotraernos al año
- A la hora del Grito de Lares. Existía entonces una dirección auténtica y patriótica en nuestra patria, de hombres y mujeres
dispuestos a todo sacrificio para imponer su independencia. Le agradeceremos continúe usted presentando únicamente ante nuestro pueblo a esas luminosas figuras libertarias. Si eso era así en el 68, como bien dice usted, que se necesitaba mayor civismo que hoy para defender la causa de la libertad, sin duda, estimará usted justificado, que hoy, según afirma usted que no cuesta nada hacer lo mismo, apremiemos a hombres y mujeres a cumplir con el deber cívico más importante: Constituir inmediatamente la república libre, soberana e independiente.
“EL PARTIDO NACIONALISTA ACEPTARA SOLAMENTE AQUELLOS CARGOS QUE DEPENDAN DE LA SOBERANIA DE NUESTRO PUEBLO”, DICE EL LCDO. ALBIZU CAMPOS²⁶ Con motivo de la carta del señor Luis García Casanova, Presidente de la Junta Local del Partido Nacionalista en Caguas, publicada en nuestra edición de anteayer, en la cual declina el cargo de Director de Obras Públicas que le fué ofrecido por el Dr. José Reguero González, alegando que la política de su Partido le impide aceptar nada que implique “contacto con el gobierno usurpador de los derechos de nuestro pueblo, cual es el gobierno de Estados Unidos de Norte América”, nos entrevistamos con el Lcdo. Pedro Albizu Campos, Presidente del Partido Nacionalista y le formulamos las siguientes preguntas: ¿Cuál ha de ser la actitud futura del Partido Nacionalista en materia electoral, como tal colectividad política? ¿Inscribirá candidatos en la Secretaría Ejecutiva? El señor Albizu Campos nos hizo las siguientes manifestaciones: “La actitud del Partido Nacionalista está definida en la declaración que se formula en el programa adoptado en la última asamblea y que dice así: “Que es inaplazable la supresión inmediata del coloniaje norteamericano y se compromete a celebrar la convención constituyente que establezca en Puerto Rico el gobierno de una república libre, soberana, e independiente, tan pronto reciba el sufragio de las mayorías”. ““Para alcanzar ese propósito recurrirá a las urnas y se valdrá de todos los medios legales a su alcance, incluyendo por supuesto la inscripción en la Secretaría Ejecutiva o ante cualquier organismo colonial existente según disponga la Ley Electoral para entonces vigente. “El Partido Nacionalista aceptará solamente aquellos cargos que dependan de la soberanía de nuestro pueblo, o sea únicamente los cargos electivos, pero nunca solicitará directa ni indirectamente puestos en la administración de la colonia que dependan de la voluntad del Presidente de Estados Unidos, o de su mandatario en Puerto Rico, el Gobernador de la colonia.
“Tampoco por supuesto entrará en arreglos, entendidos, alianzas o pactos de ninguna clase con ningún otro partido político a base de división del presupuesto porque esa práctica es corruptora de la moral pública. “Cualquier entendido a que pudiese llegar el Partido Nacionalista, tendrá que ser a base de su programa que es claro y terminante en exigir la supresión inmediata del coloniaje y el establecimiento perentorio de un gobierno republicano independiente, responsable exclusivamente ante la nación portorriqueña. “Tal es la voluntad soberana del partido al repudiar desde el año 1924 hasta ahora las combinaciones que los partidos existentes le han propuesto. Esa voluntad quedó terminantemente expresada cuando la Asamblea Soberana última adoptó el programa que hoy rige las actuaciones de nuestra colectividad. “La dirección del Partido Nacionalista en Caguas es brillante. Está perfectamente orientada y es capaz de todos los sacrificios para la consecución del ideal de la independencia patria. “La carta de don Luis García Casanova, miembro de la Junta Nacional no es sólo una definición de nuestra política, sino también una definición de moral pública”.
COMENTARIOS DEL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA AL MARGEN DEL INFORME RENDIDO POR EL INSTITUTO BROOKINGS²⁸
La civilización cristiana ha impuesto la norma del derecho en la vida interna y en las relaciones externas de las nacionalidades. Cierto que se ha tentado violentamente contra esa norma, pero que se respeta, so pena de caer de nuevo en la barbarie, es innegable. La guerra misma de despojo requiere justificación. A las masas del agresor hay que movilizarlas con ideales de respeto a reglas de orden superior. No se puede apelar a su sentido de sordidez o de egoísmo, si es que se quiere crear instituciones armadas capaces de heroismos que tengan por límite el sacrificio mismo. Al atacar al vecino, forzoso se hace dar explicaciones al mundo. La intervención extraña en la contienda es un peligro que siempre se toma en cuenta, porque interesa a todas las naciones mantener el equilibrio que permita a cada una desenvolverse dentro de su plena soberanía. Aunque los designios siniestros de Estados Unidos fueron siempre adueñarse de las Antillas, convertir al Caribe en un lago yanqui, y así ejercer una influencia estratégica sobre Méjico, Centro y Sur América, no era posible dar a conocer a la nación norteamericana los verdaderos propósitos de conquista. Se le habló de hacer una guerra por razones de humanidad. Ante la opinión internacional, se presentó el caso de Cuba y Puerto Rico bajo la soberanía española como algo tan intolerable a la luz de la civilización que forzaba a una nación ansiosa de no perturbar la paz a intervenir para que se respetase nuestro derecho a gozar de la libertad. Así exaltado el patriotismo norteamericano, adormecidas las preocupaciones de otras potencias, exaltadas indebidamente las esperanzas antillanas, se declaró la guerra. La invasión yanqui de Puerto Rico en 1898, significaba la desaparición del oscurantismo, y la opresión de los españoles y, el advenimiento de un régimen de libertad, igualdad, fraternidad y prosperidad material, a juzgar por la propaganda yanqui. Y toda esa felicidad nos llegaba impuesta generosamente por la filantropía y el sentido de humanidad norteamericanos. Impusieron los invasores el tratado de París a España. A nosotros no se nos consultó para su redacción o aprobación. Obligaron a España a ceder a Puerto Rico como indemnización de guerra.