Por P. Albizu Campos
Dos principios fundamentales determinan nuestra acción.
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La integridad nacional. El último grano de arena de nuestro patrimonio territorial es sagrado y no es subastable.
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La unidad nacional. El privilegio de haber nacido en nuestra tierra no es renunciable.
Este principio es tan inconmovible que consideramos portorriqueños con todos sus derechos y deberes a los hijos de los norteamericanos nacidos en nuestra tierra.
A los padres de esos hijos, que por ley moral han de seguir la suerte de su posteridad, tenemos también que considerarlos como ciudadanos nuestros, sujetos a los mismos deberes y obligaciones que implican el supremo privilegio de tener hijos portorriqueños.
Son principios que emanan de la independencia de la patria.
Ese derecho de independencia no es discutible.
Está reconocido de acuerdo con los principios del derecho natural y del derecho internacional positivo, incorporados en la gran Carta Autonómica.
Nuestro derecho a la independencia ha sido siempre reconocido por todos los poderes.
Últimamente Estados Unidos en sesión solemne de su Poder Ejecutivo, de su Gabinete presidido por el señor presidente Roosevelt, reconoció el derecho de Puerto Rico a ser libre, soberano e independiente.