respetarla empezando por Estados Unidos. Cuando el Nacionalismo se levanta enérgico para la reivindicación de su soberanía, el poder invasor pretende desorientar la opinión pública, para amparar su usurpación y su despojo imponiendo concesiones al país oprimido que perpetúen el régimen opresor extranjero. El liberalismo tiene sus insolencias. No olvidemos, los pretensos liberales de todos los imperios; siempre han sido imperialistas que han sugerido los medios más sutiles para completar la absorción extranjera. Es preferible para una nacionalidad, víctima de una ocupación militar un despotismo franco y decidido que sirve de acicate y que despierta la resistencia indígena, a un despotismo velado y liberal que anestesia la conciencia nacional. Estados Unidos tiene un deber que cumplir con nosotros. Y es retirarse inmediatamente de nuestro país. Es la única manera de demostrarle respeto al derecho de gentes. Daño inmenso ha causado esa nación invasora a nuestra nacionalidad, al privarla del ejercicio de su soberanía y someterla a la más bárbara e inhumana explotación económica que conoce la historia. Si cualquier legislador norteamericano quiere hacer algún bien a su patria debe proponerle el respeto al derecho ajeno. Si el representante La Guardia quiere que nos ocupemos de sus proyectos que le proponga a su país la retirada inmediata de las fuerzas armadas norteamericanas de nuestra tierra, y el pago de reparaciones que nos deben por los daños inmensos causados en nuestro país durante 33 años de ocupación militar norteamericana. “Las manifestaciones aparentemente liberales del Señor La Guardia van dirigidas especialmente a la colonia puertorriqueña de Nueva York para obtener de ella los votos que necesita el señor La Guardia para sostenerse en el poder. “La Junta Nacional ha dado instrucciones a la Junta de Nueva York que ilustre a nuestros compatriotas en aquella Babel moderna que se inhiban de las luchas intestinas en aquel país para que no dejen explotar sus sentimientos por ningún político norteamericano; que su único deber es organizarse para restaurar la República de su patria. -¿Qué significación le atribuye usted al movimiento revolucionario de Filipinas? Temiendo la revolución filipina el gobierno norteamericano por Ley del año 1917 se comprometió a reconocer la Independencia de las Islas Filipinas (tan pronto hubiese un gobierno estable) y en opinión del gobierno de Estados Unidos, aún no ha habido “un gobierno estable” en Filipinas ni lo habrá nunca a pesar de que el gobierno filipino es de hechura norteamericana. “Llevan los filipinos con esta promesa catorce años de espera”. “En ese período se han ido afianzando los intereses norteamericanos. Se ha estimulado el sentimiento conservador en sectores nacionalistas importantes de aquel archipiélago a tal punto que el eminente estadista Roxas hace más o menos diez meses, ha levantado la bandera de la no cooperación adoptando tácticas muy parecidas a las
del nacionalismo puertorriqueño. “Los filipinos ven claro que el momento es oportunísimo para la supresión inmediata de la ocupación militar norteamericana. Estados Unidos no cuenta hoy con una nación amiga en todo el Universo, porque ha quedado desemascarada su política de absorción. Está atravesando el poder norteamericano por una crisis interna de caracteres revolucionarios producida por la crisis económica, consecuencia de la pérdida de los mercados. “Creo firmemente que los filipinos actuarán para imponer su independencia. “La oportunidad que tiene la nación puertorriqueña es idéntica a la que tiene la nación filipina. Nuestro deber es actuar inmediatamente.
Aquí se publican los cables que no perjudiquen a la política imperialista norteamericana y las agencias de información Prensa Asociada y Prensa Unida trasmiten noticias que interese a ese gobierno. La “International Telegraph and Telephone Co.” ha incurrido en una gravísima responsabilidad al prestarse a esta maniobra del gobierno norteamericano y hemos de exigir la correspondiente responsabilidad. El mismo apresuramiento que ha tenido el jefe de la ocupación norteamericana, Coronel Roosevelt, para desmentir afirmaciones no hechas hasta el momento, sobre la ingerencia del gobierno norteamericano en este grave asunto, confirma esa ingerencia. El país puede levantar una estación trasmisora si así lo desea. Y debe hacerlo inmediatamente, para acabar con el monopolio de que goza la empresa extranjera “International Telegraph and Telephone Co.”
Cierto es que se necesita el permiso para trasmitir, que podría denegar el poder ocupante norteamericano. Vale la pena, sin embargo, obligar al invasor a quitarse la careta por completo. Si se negase ese permiso, se debe prescindir del mismo. La nación puertorriqueña no debe tolerar ser sitiada por el aire. La “Radio Corporation of Porto Rico”, subsidiaria de la “International Telegraph and Telephone Co.” y denominada Estación W.K.A.Q., se ha declarado enemiga de nuestros derechos sagrados. La nación entera tiene que exigirle responsabilidades a esta corporación local y a la “International Telegraph and Telephone Co.,” de la cual es subsidiaria y que sin duda ha sancionado ese atentado contra nuestra soberanía.
CARTA AL SR. LUIS SANCHEZ MORALES72
A 1 de julio de 1932.
Hon. Luis Sánchez Morales, Presidente del Senado y a los señores Senadores.
Señores: En nuestro memorial radicado ante la legislatura al abrirse la presente sesión extraordinaria, en virtud de un mandato de la Junta Nacional del partido Nacionalista de Puerto Rico, reclamamos para nuestra organización patriótica igualdad ante la ley electoral. La Prensa de hoy nos informa que ese cuerpo ha aprobado en tercera lectura el proyecto de Ley electoral sometido a su consideración. Al Nacionalismo no se le concedió la oportunidad de ser oído a pesar de los términos de su memorial ya citado. El proyecto ha sido aprobado por unanimidad aunque no toma en cosideración la situación del partido Nacionalista. Esta actuación del Senado es simultánea con la carta del Secretario Ejecutivo comunicándonos la suspensión de la inscripción de las nuevas candidaturas que hemos radicado en su secretaría, pretextando la espera de una nueva opinión del procurador general que le ilustre sobre el derecho a inscribir candidaturas por convención, cuando por derecho ya reconocido, tiene el partido Nacionalista radicadas candidaturas generales. Vemos en todo eso maquinaciones del gobernador interventor para impedir que el Nacionalismo pueda concurrrir a las urnas. Se repite lo que sucedió en el año 1924. Nos es duro creer que ese cuerpo sin distinción de partidos haya entrado en una inteligencia antipatriótica con el poder norteamericano, para evitar que se manifieste pacíficamente en las justas electorales la voluntad nacionalista del país. Ante la gravedad de la situación que esa política pudiera traer si se comprueba ser cierta, es nuestro deber reclamar de nuevo, la igualdad ante la ley electoral, y, al efecto, solicitamos que se nos conceda ser oídos.
Con toda consideración P. ALBIZU CAMPOS Presidente del Partido Nacionalista
Albizu Campos es aclamado al hacer su entrada al teatro del pueblo de Lares el 23 de Septiembre de 1931.
EL NACIONALISMO Y LA SITUACION ELECTORAL 73
Señores D. Luis Sánchez Morales y D. Manuel F. Rossy, presidentes del Senado y la Cámara respectivamente. Señores:
En cumplimiento del mandato que me ha impuesto por resolución la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico, tengo el honor de dirigiros esta comunicación para reclamar la igualdad ante la ley electoral a que tiene derecho nuestra organización patriótica. El nacionalismo se ha abstenido sistemáticamente de entrar en la agría controversia sobre la ley electoral porque esa lucha fraticida beneficia exclusivamente al interventor norteamericano que la contempla sonriente y con beneplácito. El nacionalismo transigirá siempre con sus paisanos portorriqueños antes que favorecer en forma alguna, la política de la intervención extranjera yanqui que pretende aniquilar a Puerto Rico. No creemos en las tácticas de los partidos con que dolorosamente tenemos qué enfrentarnos, porque esas tácticas las condena la propia experiencia de esas mismas agrupaciones, que han agotado su paciencia en una diplomacia estéril para que el Gobierno de Estados Unidos respete nuestra soberanía. Nuestro país está en ruinas. Ha perdido en treintidós años más del setenta por ciento de su riqueza que ha pasado a los intereses yanquis en virtud del monopolio que tienen de nuestro mercado, que nos obliga a comprarle lo suyo en las condiciones que quieran imponernos. Y a venderles lo nuestro en los términos que le sean gratos. Llamamos la atención al hecho de que el alto poder adquisitivo que acusa Puerto Rico y que le permite ocupar el puesto del quinto mercado para Estados Unidos en el mundo, y el primero en la América Latina, no se funda en entradas reales, sino en el desplazamiento de nuestros agricultores, industriales y comerciantes, que están comprando
no con ganancias derivadas de capitales, sino con lo remanente de esos capitales después de su liquidación forzosa en virtud de la subasta pública de los bienes para satisfacer la carga contributiva que cae solamente sobre los naturales del país, como es lo propio en todo régimen de intervención extranjera.
Ese sistema no respeta ni el hogar más humilde, y día tras días tenemos que contemplar el efecto de esa guerra sorda de la subasta pública, que arroja a la vera de las carreteras a toda la familia portorriqueña. Ningún gobierno bien intencionado permitiría semejante situación, porque el poder contributivo no puede jamás ejercitarse para el exterminio de la casa solariega, como sucede en Puerto Rico; es permisible el ejercicio de ese poder para el fomento de la independencia económica del hogar.
Ningún pueblo puede cruzarse de brazos para ver subir la marea proletaria que asciende con la indiferencia, conspiración o cobardías propias.
Los males sociales y culturales infligidos a la nación portorriqueña durante la intervención yanqui son demasiado claros para que requieran más análisis.
Es por eso, y fundado en la propia trágica experiencia de nuestros paisanos que no militan en nuestras filas, que ha surgido el nacionalismo para dar un alto definitivo al gobierno yanqui que succiona la sangre de la patria. Nuestro programa es claro tan pronto recibamos el sufragio de las mayorías portorriqueñas se declarará inmediatamente la celebración de la Convención Constituyente de la República.
No reconocemos la validez del régimen yanqui, porque se funda en la nulidad del Tratado de Paris. En la fecha de su firma por la madre patria España, tenía Puerto Rico personalidad internacional, y ningún tratado de España podía obligarnos sin el expreso consentimiento del Parlamento Insular, y ese requisito indispensable para su validez no se acató. En otras palabras, Puerto Rico no era cosa comerciable y no podía ser objeto de tráfico, no ya en virtud de los principios del derecho natural, sino por mandato del más estricto derecho positivo que informa la vida de relación entre las naciones civilizadas.
Recurrimos a los medios pacíficos para efectuar el cambio de régimen porque es norma que ha de respetarse en la edad contemporánea. Los imperios modernos se ven obligados a respetar la independencia de los paises intervenidos cuando la voluntad nacional se muestra inconmovible. Los imperios consultan su conveniencia, y ésta jamás se encuentra en provocar la revolución que dé al traste con sus intereses. Hace diez años que se constituyó el Partido Nacionalista. Ha recurrido a las elecciones del año 1924, en unos diez municipios y el año 1928 solamente en Caguas, bajo la presente vigente ley electoral, hecha bajo la dirección del jefe de la intervención en el año 1924, señor Towner, y aprobada por unanimidad a sugerencias del mismo.
gobernador. El propósito era impedir que se manifestase ningún sentimiento nacionalista en el país. Actualmente el Partido tiene inscritas candidaturas generales por convención, pero, de acuerdo con la interpretación vigente, no tiene representación en la Junta Insular de Elecciones, y en los colegios tendrá solamente un observador con voz pero sin voto, si se respeta la ley actual, que viene siendo interpretada por el Superintendente de Elecciones, señor Terry, como es natural en un funcionario norteamericano, en el sentido más restrictivo en lo que atañe en los intereses vitales del Partido Nacionalista. Venimos contemplando el cuadro electoral con paciencia en espera de esta asamblea legislativa. El jefe de la ocupación, como cuadra al que manda, ha sometido a vosotros el proyecto de “ley” que no toma en consideración, ex profeso, como era de esperarse la posición de partido por convención a que ha llegado el nacionalismo. Somos conscientes de que si no aceptáis la voluntad ya expresada por el Gobernador, se espera la voluntad tácita del Congreso yanqui que defina de antemano quien deba triunfar en los comicios. No tenéis poderes legislativos porque tropezáis con el veto absoluto o con la anulación de vuestros actos por el Congreso yanqui. Es vuestra, sin limitaciones, sin embargo, la iniciativa legislativa, y es de esperarse que, como portorriqueños, aceptéis solamente una ley que garantice a la causa patriótica del nacionalismo que no os disputa nada a menos que no sea el sacrificio para constituir una patria libre para todos los portorriqueños. En la vida internacional, el nacionalismo es lo representativo; en lo interno, es el acicate que obliga al invasor a ceder el fruto que no cae en nuestras manos, sino en la falda de los partidos que representan la vía media. El nacionalismo es lo único que es de todo portorriqueño. Reclama de vosotros el respeto a vuestro derecho más sagrado: la independencia de la patria. Con toda consideración,
P. ALBIZU CAMPOS Presidente, Partido Nacionalista
UNA PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA EN TORNO A LA FECHA DE MAÑANA VIERNES 23 DE SETIEMBRE 74
Cumple el día 23 de setiembre de 1932 la nacionalidad portorriqueña, sesenta y cuatro años de bautismo. Un tal día del inolvidable 68, los libertadores de Lares bautizaron con su sangre el maravilloso cuerpo de la nación. Un algo de perfumada veste recorre nuestras recordaciones semejante a una clarinada de fe religiosa, exaltada por los lazos indisolubles del concepto de patria libre. Como que desde el anfiteatro de la inmortalidad un efluvio de alegría perfecta nos ablanda el calvario y nos ilustra el decoro. Es que los libertadores, a título de inmortales, dulcifican la vida de los pueblos oprimidos instituyéndose en guardianes del código del honor. Allí donde reposa el mayor número de muertos ilustres radica la más vigorosa dignidad nacional, porque los pueblos se sostienen de la gloria de sus muertos ilustres. Puerto Rico, el único país de América que ha producido la santidad y por desgracia el único país de América que sufre la más degradante de las esclavitudes, se sostiene espiritualmente, gracias a la olímpica gesta de Lares, que marcó, para orgullo de las generaciones venideras, el génesis de la república más tierna de América. Y fueron hombres puros y hombres sabios los patriarcas del 68; puros como la esencia del dolor supremo y sabios como la hermosura del Todopoderoso. Se inspiraron en Dios y produjeron infinita fe redentora. Así vivieron y así enseñaron a vivir una vida de purísimas libertades y de sabias fulguraciones, abominando a los hombres empequeñecidos por la traición y demandando pureza y sabiduría de aquellos que custodiasen el sagrado amasijo de la independencia patria. Han pasado sesenta y cuatro años de política reaccionaria, en los que el sacrilegio, erigido en nombre de beatitudes, traicionó la sublime enseñanza de los libertadores; sesenta y cuatro años de solapada hipocresía en el mercado del deshonor. Pero surgió a tiempo el celo de los muertos ilustres. Vibró en el cielo de las redenciones humanas el nacimiento del nacionalismo de Puerto Rico bajo cuya bandera, que es la bandera de la patria, se guarnecen los hijos de los libertadores del 68; asegurándose así la
custodia preciosa de las libertades portorriqueñas. El nacionalismo de Puerto Rico, depositario en América de la fe de los libertadores, celebra el día 23 de setiembre de 1932 la fiesta del patriotismo en Lares, cuna de los primeros héroes de la independencia. A esta fiesta del espíritu invita a todos los portorriqueños que no hayan empeñado sus almas a la traición, deseando contribuir con la devoción de los buenos creyentes en la religión de la patria al homenaje que se tributa a los padres de la historia nacional. Dado en San Juan, Puerto Rico, a los veintiún día del mes de setiembre, sexagésimo cuarto año de la proclamación de la república.
P. ALBIZU CAMPOS Presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico
Rafael Rivera Matos Secretario general