Albizu Campos coloca una ofrenda floral ante la tumba de uno de los héroes del Grito de Lares.
Albizu Campos junto al Lcdo. Obdulio Bauzá, el Reverendo Padre Martínez Girau y el Alcalde, José Auretio Bernal.
En el Ayuntamiento.
EL MITIN NACIONALISTA CELEBRADO EN MAYAGUEZ
DECLARACIONES DEL JEFE DEL PARTIDO, SR. ALBIZU CAMPOS
Al ser anunciado el señor Albizu Campos la banda ejecutó “La Borinqueña” y se produjo una larga ovación. Tal era la ansiedad que en todos se manifestaba de oir la palabra del ilustre caudillo del nacionalismo. Analizó el sistema mediante el cual el régimen imperante efectúa la demolición de la sociedad portorriqueña con el fomento de hondas divisiones; primera: El fomento del trabajo de la mujer en competencia con los hombres para abaratar la mano de obra y traer la escisión de las familias, haciendo de las mujeres rivales de los hombres en el terreno económico y por ende desvinculando el hogar. Dijo que en sí la independencia de la mujer era loable si se estimulaba de buena fe, pero no si como en las actuales circunstancias se impone como un medio para desmoralizar una sociedad. Explicó como Estados Unidos e Inglaterra son los únicos países en que existe el feminismo militante como una salvaguardia de los derechos de la mujer que se ve lanzada a la actividad económica. Ya en Puerto Rico son muchas las familias donde son las mujeres las que procuran el sustento del hogar, inversión de papeles que es índice cierto de la ruina definitiva de un pueblo. Segunda División en materia financiera, que existe en los Estados Unidos pero que ha sido ahondada aquí por el mal llamado Partido Socialista. En los Estados Unidos un grupo pequeño o clase dirigente explota a la casi totalidad del país; no existe allí una sociedad o una nación en el recto sentido del vocablo sino un gran conglomerado que sufre la opresión de la exigua clase oligarca a quien no le preocupa ni la suerte ni mucho menos el engrandecimiento común de la masa del país. En Puerto Rico había al contrario una homogeneidad entre todos los componentes y un gran sentido social interesado en la recíproca ayuda para la perpetuidad y conservación de la nación, esto es un sentimiento raigal y unánime de patria. Por consiguiente, juxtaponer en una lucha de clases al hombre que nada posee contra el que tiene dos pesetas era
imponer un extraño elemento de discordia que holgaba en nuestro medio. Tercero: La división fomentada entre la raza blanca y la africana que se patentiza comparando los sistemas usados por el invasor en Cuba y Puerto Rico respectivamente a la terminación de la guerra hispanoamericana. En nuestro país, donde había mayoría de blancos, impusieron como dirigente a la clase de color con el triunfo del Partido Republicano, cuyo jefe era el Dr. Barbosa. En Cuba, donde predominaba el elemento de color, levantaron a la sombra del poder una dirección política de individuos de raza europea y licenciaron el ejército libertador compuesto en su mayoría de hombres de color. Cuarta: A las anteriores se añade la división en el terreno espiritual tendiente a contrarrestar la indubitada hegemonía del catolicismo mediante la elevación al poder de individuos de todas las sectas protestantes, y aunque el nacionalismo tiende sus brazos a los prosélitos de todos los credos no puede dejar de señalar el hecho histórico y la intención y el significado político que en sí encarna el estímulo brindado a las fuerzas contrarias a la unidad religiosa del país.
A manera de prólogo y de epílogo se extendió en brillantes consideraciones sobre todos los problemas políticos y económicos de Puerto Rico. Se refirió, por ejemplo, al canje de la moneda demostrando como ab initio se había desvalorizado la propiedad en un cuarenta por ciento mediante el cambio del peso por el dólar al tipo de sesenta por ciento cuando en la realidad ambas monedas tenían igual capacidad adquisitiva. Esta depreciación colectiva y rápida de la propiedad unida al ciclón de San Ciriaco, abrió la puerta al latifundismo en manos de extranjeros, plaga tan voraz que no fue parte a contenerla ni siquiera el esfuerzo de Muñoz Rivera con su tentativa de crear frente al latifundista nativo, pues este último, tan pronto prosperó algo, también fue enredado en las horribles fauces de las combinaciones crematísticas.
Atacó entonces a las grandes corporaciones como causa de la decadencia general y hasta de la ruina del físco; la organización de la sanidad pública exteriorizando su opinión de que “el aumento de las enfermedades en las últimas tres décadas se debe en gran parte a la pésima calidad de los artículos ofrecidos al consumo especialmente las conservas alimenticias”; la instrucción pública, empeñada en educar a párvulos hambrientos a quienes fuera mejor sustentar físicamente con el lujoso presupuesto destinado al ramo; y finalmente a los proyectos de industrialización del país, imposibles en una colonia sin protección arancelaria.
Terminó el señor Albizu Campos su medulosa y elocuente disertación exuberante en una multitud de datos rotundos dichos con asombrosa precisión y oportunidad y difícil de reconstruir, excitando a los mayagüezanos a investigar fríamente los problemas capitales de su patria, para que se operase en su seno la saludable reacción que habría de reivindicar para la Sultana del Oeste su timbre de honor y su puesto de honra que siempre ocupó en el pasado a la vanguardia de nuestras luchas civilizadoras y libertadoras. Estruendosos aplausos y muestras de general aprobación exteriorizaron los sentimientos del público que con
profunda atención escuchó por espacio de más de dos horas al único jefe político que desmenuza ante el pueblo, convirtiendo la tribuna en cátedra, los más intrincados problemas nacionales para estudiar fundamentalmente las raíces de nuestra postración.
LA CONFERENCIA DE ALBIZU CAMPOS EN LA UNIVERSIDAD SOBRE LA INSTRUCCION PUBLICA EN PUERTO RICO. TESIS QUE DESARROLLO
La conferencia del señor Albizu Campos, dictada el lunes 30 de marzo bajo los auspicios de la “Sociedad Cultural” del Colegio de Leyes sobre el palpitante tema de la Instrucción Pública en Puerto Rico, resultó un acto de gran trascendencia cultural y de perdurables resonancias espirituales entre los miles de oyentes que le escucharon en la Universidad o por radio en la isla.
El amplio salón de actos estaba materialmente ocupado por una selectísima concurrencia; fue tanto el público que la gente se tuvo que agrupar en los pasillos o ubicarse en las ventanas del local.
Después de breves palabras introducidas por el estudiante José C. Aponte, Presidente de la “Sociedad Cultural”, el conferenciante se adelantó al proscenio mientras la concurrencia prorrumpía en una clamorosa ovación que se prolongó por varios minutos. En el rostro del orador se advertía el efecto emocional de aquellos aplausos tan calurosos y espontáneos.
“Yo que me he enfrentado tantas veces a públicos hostiles”, comenzó diciendo el señor Albizu Campos, “puedo decir que este saludo tan generoso y espontáneo es para conmover al hombre más aguerrido.
“Con la instrucción, como ha dicho el joven Aponte, se levanta o se sepulta a un pueblo; todo depende de la orientación que se le imprima al sistema educativo. La educación es la manera directa que tiene el Estado para educar a sus ciudadanos, pero en Puerto Rico el Estado no existe porque está intervenido por la ocupación militar de Estados Unidos.
“La educación en el estado religioso se inspira en los principios religiosos que informan ese país, la educación en las monarquías se inspira en los principios monárquicos, y la educación en las repúblicas se inspira en los principios republicanos. La conservación de los valores pretéritos está condicionada por la perspectiva de la posteridad. En Puerto Rico la educación no está inspirada en ningún principio definido ni tiene una orientación determinada porque no existe el Estado, que es el factor determinante y orientador del sistema educativo”.
Analizó luego el orador la educación durante la dominación española. La educación para aquel entonces era católica y monárquica, porque tales eran la religión y el régimen vigentes en España, aunque había en el país prominentes personalidades que eran de ideología anti-católica y republicana. Aquella educación se inspiraba en las fuentes greco-latinas trasmutadas por el genio de España; por lo tanto nosotros somos herederos directos de la única cultura que existe en Occidente. Nuestros revolucionarios aspiraban a constituir un estado republicano con una educación heterodoxa, pero “a mi juicio en este particular estaban equivocados porque toda nacionalidad debe fundarse sobre el espíritu religioso que anima a sus habitantes”.
Los partidarios de las ideas republicanas en Puerto Rico y en España para combatir el régimen y la educación vigentes en la Madre Patria presentaban a Estados Unidos como la nación modelo donde las instituciones habían llegado a su perfección jurídica. Ese falso concepto desorientó la opinión de nuestros directores y le dió a Estados Unidos una personalidad que no tenía, al extremo de que la invasión de sus tropas fue recibida como una bendición para nuestra nacionalidad. La invasión desconoció el Estado y la personalidad que ya tenía Puerto Rico en el año 1898”.
Lo primero que hizo el gobierno de Estados Unidos fue apoderarse del sistema educativo, porque la “educación es el instrumento más fácil para destruir un pueblo”, y convirtió al Comisionado de Instrucción, que es un mandatario del Departamento de la Guerra, en “árbitro de los destinos culturales de este pueblo”. “El actual Comisionado de Instrucción tiene facultades omnimodas para hacer los cursos de estudios y determinar lo que se ha de enseñar a la niñez. En Francia la instrucción está regulada por una legislación al efecto”.
“La educación vigente en Puerto Rico”, dijo el conferenciante, “está informada por un criterio materialista, está divorciada de las fuentes greco-latinas y sobre todo educa a nuestra juventud para el sometimiento a un imperio y para acatar lo que haga ese imperio en nuestra patria”.
El conferenciante atacó duramente la enseñanza bilingüe afirmando que ocasionaba “un malgaste de las energías mentales y un desconocimiento de su propio idioma y del idioma invasor. Nadie puede penetrar en el secreto idiomático de un idioma extranjero hasta que no conoce a fondo su idioma vernáculo”.
El conferenciante entró entonces en un minucioso análisis de la educación norteamericana sentando la siguiente tesis: en Estados Unidos existe una educación para la clase dominante y otra educación para la clase que ha de ser dominada.
La educación para la clase dominante se imparte como es de rigor en el idioma vernáculo de la nación, está informada por un criterio religioso y se impone al estudiante las más severas disciplinas morales. La enseñanza de las fuentes greco-latinas es rigurosa: el latín y el griego se comienza a enseñar desde el quinto grado. Existe la separación de los sexos en estas escuelas destinadas a educar los futuros directores de la nación. “Intensifican los estudios clásicos porque saben que si se desvinculan de las fuentes originales de la cultura occidental corren el peligro de reversarse a la barbarie en pocas generaciones”.
Al referirse a la escuela bisexual el conferenciante se pronunció refractario a ella, manifestando que su establecimiento obedeció a razones económicas y no pedagógicas. Dijo que aunque la mujer y el hombre pueden llegar a conocer las nociones superiores de la sabiduría y del conocimiento científicos necesitaba una metodología distinta que estuviese en consorcio con la mentalidad específica de cada uno. Hay materias que la mujer asimila con mayor facilidad y hay otras materias que el hombre asimila con mayor facilidad; por lo tanto la separación de los sexos y la diferenciación de los métodos es rigurosa. La mayor parte de los textos actuales están escritos por hombres para mentalidades masculinas y es necesario que los textos para el sexo femenino estén escritos por mujeres que saben cómo provocar la reacción deseada en la mentalidad femenina. “Además la mujer debe educarse en el aislamiento de su sexo, divorciada de toda sugestión malsana que pueda perturbar su mentalidad”. Esta teoría pedagógica sustentada por el señor Albizu Campos fue de lo más brillante y original de su docta conferencia. En este tipo de educación para la clase que regirá los destinos nacionales se siembra un intenso patriotismo en el ánimo del estudiante y se le inculca el criterio de que su pueblo es el superior del planeta. La enseñanza se transmite enteramente por profesores masculinos.
La educación para las masas destinadas a la explotación “es la pacotilla de la cultura”. Se utiliza por economía la escuela bisexual, la enseñanza está desvinculada de las fuentes clásicas greco-latinas para mantener al pueblo en la ignorancia y su finalidad es crear la microespecialización o un profesionalismo barato pseudo-intelectual insensible a todos aquellos valores ajenos a su profesión.
“Esta educación de pacotilla es la que se ha implantado en Puerto Rico. ¿Por qué los partidarios del sometimiento no han importado la educación superior que existe allá en el continente para las clases dominantes?
El conferenciante aludió directamente a unas declaraciones del Comisionado de Educación, doctor Padín, ante la “Union Church” de esta capital. Admite el doctor Padín que el sistema educativo no sabe a dónde va, que en él la política está antepuesta a la pedagogía y que es el Congreso de Estados Unidos el autorizado a determinar la orientación a seguir. El doctor Padín delega la orientación de un pueblo en el poder invasor y en eso está equivocado. Esa iniciativa es exclusivamente patrimonio de la nación portorriqueña que es la llamada a determinar cuál ha de ser su destino político y cultural. Y quiero repetir aquí para salvar mi responsabilidad histórica que está podrido un magisterio, un claustro y un régimen que inculca a la niñez el sometimiento”.
“Hace tiempo que hablaba con un pedagogo de esta Universidad y le pregunté su opinión sobre el problema educativo de Puerto Rico. Me dijo que los pedagogos no tenían opinión formada sobre este problema y que en cuanto a la enseñanza bilingüe habría que experimentar durante algunos años más. Y yo replico: ¿quién da derecho a nadie para experimentar con la vida espiritual de un pueblo?
“Un pueblo puede resistir el despojo físico de sus tierras porque la tierra no se destruye y éstas pasan intactas a la posteridad, pero un pueblo no puede resistir el despojo moral perpetrado a través de la escuela sin que se le reduzca a una manada de esclavos que renieguen hasta de su propia personalidad.
“De seguir este sistema educativo terminaremos en la ignorancia, que es el peor manicomio a que se puede condenar a un pueblo”.
El conferenciante subrayó la ausencia del civismo en la escuela donde por el contrario “el niño aprende a amar una patria que no es la suya y a renegar de sus orígenes”. “Según la “Historia de Puerto Rico” que se enseña en las escuelas, la civilización empezó en el 1898 cuando llegaron las tropas americanas”.
El conferenciante se refirió luego a la Universidad y manifestó que sus directores tenían un privilegio inmenso y era hacer de aquella institución docente la verdadera Universidad de Puerto Rico, donde la enseñanza se efectuase en la lengua vernácula y se implantasen los estudios clásicos.
Formuló agrías críticas contra el Colegio de Leyes en el sentido de que la jurisprudencia se enseñaba a base de las opiniones de los jueces de Estados Unidos y no a base de nuestros códigos, que son la cristalización de una larga experiencia y sabiduría. “Estados Unidos está a dieciséis siglos por detrás de nosotros en materia jurídica”, afirmó el conferenciante, e hizo un extenso análisis sobre este tópico para comprobar su tesis con autoridades norteamericanas.
Recomendó también que los catedráticos debieran contratarse por oposición, como habían recomendado los estudiantes en memorial presentado al nuevo Rector.
Refutó la tesis de que la educación es democrática en Puerto Rico por el hecho de que aquellos sobre quienes recae la carga contributiva del país no pueden enviar sus hijos a la escuela.
El conferenciante clausuró su conferencia dirigiéndose a las instituciones religiosas del país, “Yo acuso a las instituciones religiosas del país de cruzarse de brazos ante la grave crisis que agobia a la patria y por no establecer escuelas que neutralicen la obra demoledora del vigente sistema educativo”, dijo.
El señor Albizu Campos recibió clamorosas ovaciones en el transcurso de su conferencia. El acto se terminó como a las once de la noche dentro del mayor entusiasmo.
Manuel Rivera Matos
MANIFIESTO QUE DIRIGE AL PUEBLO DE PUERTO RICO LA JUNTA NACIONAL DEL PARTIDO NACIONALISTA AL MARGEN DEL MOMENTO POLITICO
Frente al movimiento emancipador nacionalista existe en el país la agrupación gubernamental que viene prestando toda su cooperación al régimen militar imperante para socavar los cimientos de la patria.
Esa agrupación gubernamental está dividida en facciones enemigas entre sí que se disputan con acritud los puestos públicos que el invasor pone a su disposición para que sean instrumentos de la política imperial que pretende aniquilar al pueblo de Puerto Rico.
Las facciones gubernamentales se denominan unionista, socialista, pura y aliancista. Se unen entre sí y después se separan para abrazarse con los contrarios de acuerdo con los cálculos que sus respectivos directores formulan en su propósito de asalto al presupuesto.
Espectáculo bochornoso que los ha colocado en el renunciamiento de todo derecho colectivo que ha estado a su alcance y su política ha sido de deliberada cooperación con todos los propósitos de Washington para concentrar definitivamente todos los poderes en el mandatario imperial militar, señor coronel Roosevelt.
El régimen, por supuesto siempre ha sido absoluto, irresponsable, como es su naturaleza militar. Sin embargo, se ha mantenido la comedia de una legislatura y de organismos municipales elegibles por el pueblo.
No existe ningún poder legislativo en Puerto Rico. Esta verdad puede comprobarla cualquier estudiante del reglamento militar con que se pretende regir el país, denominado Carta Orgánica, impuesta a nuestra nacionalidad por el Congreso de Estados Unidos.
En ese reglamento se dispone, expresamente, que la legislatura imperial tendrá poder de iniciativa para crear, destruir o reformar municipios. Pero como la voluntad legislativa puede ser reflejo solamente de la voluntad ejecutiva del jefe ocupante, o sea el gobernador, ya que por medio de su veto no se puede hacer otro deseo que no sea el suyo, tal poder, en realidad, está conferido al jefe ejecutivo.
Sin embargo, había que mantener las apariencias de la democracia militar y el gobernador quería que el proceso de centralización municipal, llevado a cabo sistemáticamente por sus predecesores por la vía ejecutiva o por la cooperación legislativa, terminase definitivamente por medio de la legislatura, que pusiese en sus manos toda la administración municipal del país, pretendiendo dar así un golpe de gracia a la unidad más vital de la nacionalidad que es el municipio. Era necesario eso para acabar de desintegrar al país. Por supuesto, se ha invocado, para esos propósitos de absorción y de explotación, la mayor competencia administrativa, la salvación de la vida municipal y para mayor ironía, no se han salvado de esa invocación los mismos principios de la democracia.
Todo poder imperial realiza sus atropellos invocando siempre los principios de la justicia. Estados Unidos tiene fama de amparar sus propósitos más nefastos con las dulces palabras de igualdad, fraternidad, libertad, democracia, etc.
Nos hacen recordar estas pretensiones norteamericanas las lecherías que envenenan la niñez y que se denominan “La Pureza”, “La Garantía del Niño”, “La Esperanza”, etc.
El país que no ha querido ser consciente de esta dura realidad acaba de ser estremecido por la declaración paladina del jefe de la ocupación militar, Sr. coronel Roosevelt. Al vedar la ley electoral confiesa que es buena en su fondo, pero no merece la sanción ejecutiva porque no se han incorporado en sus disposiciones las indicaciones que por escrito hizo él a los caballeros de la legislatura.
Luego no existe ninguna legislatura. Si es requisito previo consultar la voluntad ejecutiva para convertirla en ley y sin un proyecto aprobado por la legislatura no ha de merecer sanción porque no se hayan seguido esas indicaciones imperiales, es una burla sangrienta de todo un país mantener un capitolio, celebrar sesiones legislativas, ocupar la atención pública constante con las discusiones de los “legisladores” y malgastar cínicamente los fondos de un pueblo esquilmado por este régimen de absorción.
Los señores de la legislatura han tenido brillante oportunidad para hacer una rectificación patriótica de su conducta de servidumbre y cooperación con el régimen norteamericano. Si es cierto lo que el señor Coronel ha declarado, y que es absolutamente cierto, han debido inmediatamente anunciar su retiro de la “legislatura” ya que no estaban dispuestos a realizar otro acto de mayor patriotismo y de mayor dignidad.
El país tiene que agradecerle al señor Coronel jefe del poder ocupante, esta franqueza brutal, porque los espíritus sumisos requieren para su renovación el puntapié del despotismo. Ya lo dijo el gran Toussaint l’Ouverture: “los esclavos se hacen libres solamente bajo la crueldad del látigo”.
La alta cuestión de principio que extraña ese veto no ha sido ni siquiera tocada por ninguna de las facciones de la agrupación gubernamental, ni por los unionistas, socialistas, aliancistas, ni siquiera por los puros, que eran los que tenían mayor interés en la aprobación de la ley electoral.
El presidente de los puros se ha limitado a hacer un recuento triste de la cooperación que él y su partido han brindado al régimen invasor en su política imperial en Puerto Rico, y el desprecio que siempre han merecido por esa cooperación del poder que ha arrasado con nuestro país.
La facción unionista se llenó de júbilo con lo que estimó una victoria porque sus rivales en las posiciones oficiales habían tropezado con un escollo. Los aliados, en este momento, de los puros, aliancistas y socialistas, se han limitado a manifestar el disgusto que se siente en sus filas por esa disposición ejecutiva.
A ninguno de esos caballeros de la legislatura se les ha ocurrido plantear la cuestión fundamental de si existe o no un poder legislativo en Puerto Rico.
No nos extraña su conducta. Casi todos ellos saben que no hay tal poder legislativo, pero son cooperadores voluntarios del sistema y mantienen la comedia imperial que ha de acabar con el país y con ellos mismos, si no termina definitivamente a breve plazo la política de espinas dorsales encorvadas o rotas por la voluntad norteamericana.
El júbilo de la facción unionista cesó con la firma de un proyecto de ley por “comisión” para San Juan, que termina con el derecho electoral en la capital. Tampoco fue de su agrado la ley municipal general aprobada para “reformar” la administración de los municipios, o sea para acabar con todo vestigio de poder municipal.
Las facciones contrarias al unionismo han mostrado su satisfacción pública por la aprobación de estas leyes.
Sabíamos que estas leyes habrían de ser aprobadas de cualquier manera para aumentar el poder personal directo del jefe militar, señor coronel Roosevelt, lo que satisface a la administración de Washington y la idiosincrasia de su mandatario en Puerto Rico.
Ya es de dominio público, por propia declaración ejecutiva, que el botín presupuestal de la capital será dividido “equitativamente” entre los caballeros de la legislatura que constituyen las facciones gubernamentales unionistas, socialistas, aliancista y pura. El señor Coronel nos ha de hacer otro bien presentando en la administración de San Juan a estas facciones que parecen antagónicas pero que en realidad constituyen la unidad política defensora del régimen norteamericano.
Prepárese el país para contemplar una comisión que gobierne el municipio de San Juan, de puros, unionistas, socialistas y aliancistas.
Si por el veto a la ley electoral y por las declaraciones explícitas del señor coronel Roosevelt se comprobó que no existe poder legislativo, por la aprobación de la ley por comisión de San Juan se ha demostrado que no existe ningún derecho electoral. Eso de movilizar cada cuatro años la opinión pública, a todo el electorado, y gastar cuantiosa suma de dinero en elecciones, sirve solamente para mantener otra farsa de que existe el sufragio en Puerto Rico.
El sufragio existe donde hay un régimen de libertad que depende de un régimen de derecho, o sea, de un régimen responsable a los gobernados y que emana de su voluntad.
Pero decir que hay sufragio donde el voto puede servir exclusivamente para establecer la voluntad del régimen o para afianzarla, es ser víctima de falta de sentido jurídico y del desconocimiento de la realidad política imperante.
El Partido Nacionalista pondrá a prueba si existe o no el sufragio en Puerto Rico y colocará a prueba el régimen en forma definitiva cuando