Desde muy temprano fueron llegando a la Junta Nacionalista donde estaban expuestos los cadáveres de Beauchamp y Rosado, amigos y allegados y numerosos nacionalistas que por turno, rindieron guardia de honor a sus compañeros.
Poco después llegaron doña Ramona Ayala y su esposo el señor Pedro Rosado, padres de Hiram Rosado y Ana Luisa Pérez, esposa de Beauchamp, el padre de Elías y sus hermanos.
Se permitió la entrada al pueblo, que en pequeños grupos, permanecía un momento en muda contemplación, hasta que cerca de las puertas quedando dentro del local solamente los miembros del Partido, los señores nacionalistas, los familiares de los jóvenes y los representantes de la Prensa.
Un momento trágicamente emocionante fue aquél en que antes de salir hacia el camposanto, por sobre la tapa del cristal, los padres, que hasta entonces habíanse mostrado fuertes, se despedían de sus hijos llorando.
-¡Te me vas, hijo mío! ¡Te me vas!
Decía el padre de Hiram Rosado. Su esposa, que se había retirado un poco, se acercó entonces al señor Rosado y trató de darle ánimo:
-¡No llores Pedro. Yo no estoy llorando ya!
En el rostro del padre de Beauchamp se retrataba la más desoladora aflicción.
En perfecto orden, llevados por sus propios padres y por sus compañeros nacionalistas fueron las cajas colocadas en los carros fúnebres. Iban delante de cuatro en fondo, en primer término la Directora y Sub-Directora del cuerpo de enfermeras del Ejército Libertador, y un grupo de damas nacionalistas portando los ramos y las coronas de flores, entre ellas una joven, familia de Ramón S. Pagán, quien llevaba una corona de la firma comercial José B. López, en las manos, detrás de las carrozas fúnebres, rodeadas de los familiares y amigos de los victimados y a continuación el pueblo.
Un inmenso gentío que fue engrosando, alargóse hasta llenar las calles materialmente.
Al paso de la inmensa multitud las guaguas y los autos tenían que detenerse, para dejarle paso al mar humano, que en demostración de simpatía por los caídos, llegaba de todos los sectores de la ciudad. Más de cincuenta automóviles acompañaban el entierro, siendo este un espectáculo imponente y conmovedor.
En perfecto orden desfiló la fúnebre comitiva hasta la iglesia Católica del Barrio Obrero donde ya esperaba el licenciado Albizu Campos rodeado de varios líderes del Partido, quien estuvo al lado de los féretros mientras el Reverendo Hernández cantó el responso por el eterno descanso de los fenecidos.
En igual forma se siguió hasta el cementerio de Santurce a la altura de cuya calle otra ingente muchedumbre esperaba.
Junto a las fosas abiertas una al lado de la otra, se detuvieron las damas nacionalistas, por un lado, con las flores y por el otro el Líder máximo licenciado Pedro Albizu Campos y sus seguidores, en esos momentos llegaba al pie de la fosa donde en breve descansaría su hijo, el padre de Hiram Rosado quien esperaba que todo terminara para llevar a la desventurada madre del joven, el crucifijo que sobre la caja estaba colocado, y que ella quería guardar como eterno y doloroso recuerdo de su inmensa desventura.
Al darse cuenta la multitud de que el licenciado Albizu Campos iba a tomar la palabra para despedir el duelo, se hizo oir las palabras del caudillo Nacionalista.
“Señores: El valor más permanente en el hombre es el valor. El valor es la suprema virtud del hombre y se cultiva como se cultiva toda virtud y se puede perder como se pierde toda virtud. El valor en el individuo es su supremo bien. De nada vale al hombre estar lleno de sabiduría y de vitalidad física si le falta el valor. Ese es el supremo bien del individuo y de la nación. Porque el valor es lo único que permite la transmutación del hombre para fines superiores. El valor es lo que permite al hombre pasearse firme y serenamente sobre las sombras de la muerte y cuando el hombre pasa tranquilamente sobre las sombras de la muerte, entonces es que el hombre entra en la inmortalidad.”
“El culto al heroísmo no es un culto romántico. El culto al heroísmo es el culto a la eternidad.”
“Aquí traemos, señores, cenizas preciosas, traemos cenizas preciosas de héroes auténticos. Traemos cenizas que dicen de la inmortalidad de Puerto Rico, de la eternidad de Puerto Rico. Traemos cenizas de héroes gloriosos y valientes. Y se decía, señores, que había muerto el valor en la patria; y cuando se decía que había muerto el valor en la patria se sentenciaba a la patria a la muerte de la esclavitud; pero, señores, ha habido un mentís a aquella frase de que el puertorriqueño colectivamente tomado, era cobarde. Eso es una leyenda que un liderato podrido trajo a la patria para justificar su tráfico con la vida de su patria. Nuestro pueblo es valeroso, nuestro pueblo es un pueblo heróico.”
“Ya hemos traído aquí cenizas preciosas de otros héroes. El nacionalismo ha traído a la patria, la transmutación de su ser, pues el hombre no nació para vegetar ni para ser gordo y fuerte, el hombre nació para erguirse sobre supremos principios de acuerdo con su inmortalidad. Para entrar en la inmortalidad hay una sola entrada; la puerta del valor que conduce al sacrificio por una suprema causa. Hay que sacrificarse por la independencia de la patria.”
“Un imperio señores, inferior a nosotros, en orden, en cultura, en sabiduría, en bondad, en caridad, en todas las virtudes que hacen grandes a los pueblos, pretende dominarnos, y cuando los puertorriqueños reaccionan todos contra el engaño de ese imperio, la tiranía bochornosa y criminal, se vale del asesinato como régimen de gobierno. Y no lo dijo Albizu Campos, sino el doctor Rhoads del Instituto Rockefeller que en el 1932 cumplía la dulce misión de matar a las mujeres de Puerto Rico, porque a los yankis lo que les interesa no son los puertorriqueños, sino la tierra grande y bella de Puerto Rico.”
Cita el señor Albizu Campos lo relacionado con la carta en que el doctor Rhoads confesaba haber matado a 8 puertorriqueños, y dice que después de cumplir su obra de asesinatos, el gobierno le facilitó un avión para que fuera a recibir el premio de su obra en Estados Unidos.
“Ha caído, señores, un tirano que se llama el Coronel Riggs a quien Dios perdone por los crímenes que perpetró en Puerto Rico. Decimos esto sin odios ni rencores y con la certeza dogmática del más puro cristianismo como si le mirásemos cara a cara, como le mirábamos un día en el Escambrón, cara a cara. El asesinato de Río Piedras fué su obra; con él son responsables de ese asesinato un montón de puertorriqueños mal nacidos. Con ellos es también responsable el General Blanton Winship que ocupa La Fortaleza. Un asesinato frío para perpetuar el asesinato como norma de gobierno, se viene realizando por toda la policía. Yo le digo a mis paisanos, que cuando la policía de ese régimen lleve arrestados a sus hijos o a sus hermanos tengan cuidado porque ellos están educados en la escuela del asesinato.”
Sigue hablando sobre lo que es la policía como cuerpo para garantizar la vida de los ciudadanos y lo que es un instituto armado, extendiéndose en consideraciones sobre la forma que él cree que es la correcta cuando se arresta a una persona. Cree el señor Albizu Campos que no es al cuartel a donde deben llevarse los arrestados sino a la cárcel. Pero que aquí en Puerto Rico no se hace así porque las autoridades policíacas saben que su autoridad termina cuando una persona arrestada es llevada a la cárcel donde sólo el alcaide de la cárcel puede disponer de su vida. “Los arrestados -continúa el líder nacionalista-, deben entregarse a la justicia para que ésta depure la responsabilidad. En este caso, la policía bajo el comando del General Winship cometió un asesinato peor que los de los ‘gangsters’ de Chicago. Peor, porque los ‘gangsters’ tienen un código de honor y no matan ni a un secuestrado. El General Winship quiere levantarnos una política con el criterio de que se supriman los códigos, las cortes de justicia, los fiscales, los jueces. Porque, ¿para qué se necesitan esos funcionarios cuando con cuatro bandoleros armados de ‘machine guns’, con un ejército, con una flota y una tiranía para hacer justicia en nombre del despotismo extranjero asesinan en el Cuartel General a todo el que llevan allá.”
“El General Winship dice que no necesita de leyes ni de fiscales, ni de cortes, ni de jueces. La policía está autorizada para matar. El General Winship dice que esas son historias de que aquí existe la pena de muerte. No tiene razón entonces al pedir que se restablezca la pena de muerte. Tiene a su disposición una escuadra, un ejército, aviones, submarinos en sus manos ensangrentadas de sangre noble. Y tiene razón. La tiranía es una e indivisible, la tiranía no se comparte con nadie ni con un hermano ni con mucho menos con el esclavo. ¿Para qué restablecer la pena de muerte, si la restableció y la ejecuta en nombre de la libertad de todo Puerto Rico?”
Se extiende el orador en consideraciones sobre el hambre y la miseria de Puerto Rico que atribuye a la explotación ejercida por el régimen extranjero. Cita el caso de la policía de Ponce que mató a tiros en su propia cama en el hospital a un herido, para abundar en sus alegaciones de que la policía en Puerto Rico ha aprendido la lección que deriva, según el líder nacionalista, de la orden del extinto Coronel Riggs de matar a los nacionalistas.
“Y se dice, continúa el orador, que hay libertad en Puerto Rico, y que Albizu Campos habla hasta por radio. Albizu Campos ha puesto todo a prueba. Y cuando han visto que ha surgido un movimiento patrio, no para hacer política de bandidaje, sino para señalar los crímenes, el nacionalismo les resulta malo.”
“Al otro día de haber asesinado a Pagán, a Santiago, a Rodríguez Vega y herido a Pearson dijo el Coronel Riggs en un periódico que habría guerra a muerte contra todos los puertorriqueños. Esto le decía a Puerto Rico que es un pueblo noble, bondadoso. Se olvidaba Riggs de todo y nosotros lo olvidamos frente a su sombra porque nosotros creemos en la inmortalidad y él está vivo para responder ante el Dios eterno de sus crímenes cometidos con estas dos víctimas de la independencia patria. Por eso yo repito aquí sus palabras, pues eso fué lo que sucedió ayer en San Juan. Por eso Blanton Winship tiene razón y no nos explicamos por qué pide a la Legislatura que restablezca la pena de muerte. Un hombre que se presenta con su ejército, con su escuadra, con sus cañones y con la sangre más noble de la patria pidiendo a la Legislatura que restablezca la pena de muerte, serenamente y en nombre de la fraternidad yanqui para todos los puertorriqueños.”
Ataca a la policía diciendo que después de encerrar a sus víctimas indefensas ya las asesinan a tiros, disculpándose después mutuamente los agentes y declarando el uno por el otro para tapar su crímen.
“Aparece un hombre molido a palos y otros acribillados a tiros.” La tiranía crea la irresponsabilidad de gobierno. Nadie es irresponsable en una tiranía. Cuando el tirano dice que no es responsable de un crimen, le está diciendo a sus esbirros: “Tú tampoco eres responsable.” Está escrito en blanco y negro. La lección de la tiranía ha sido aprendida y el General Winship tiene razón. El Capitán Martínez Chapel tiene razón. Tienen suprema razón.
No existen códigos, ni tribunales ni fiscales, ni nada. A la tiranía extranjera no le interesa nada de eso. Sólo le interesa matar el nacionalismo del país invadido. Tienen razón pero los asesinatos no pueden quedar impunes en la conciencia de los hombres de honor y de valor.
Mientras hayan hombres libres y hombres de valor los asesinos no quedarán impunes. El régimen yanqui nos está haciendo un supremo bien. El yanqui quiere intimidarnos con el asesinato. Nos traen bandidos de Estados Unidos como maestros para enseñarnos inglés.
Podrán matar a Albizu Campos. Nada se resolverá. Podrán matar 10,000 nacionalistas. Surgirá un millón de puertorriqueños. La mejor manera y más rápida de hacer a la nación nacionalista en 24 horas es siguiendo esa escuela de asesinatos. El nacionalismo no atacará a mansalva sino cara al sol, cara a la eternidad.
“Aquí están dos héroes auténticos, Elías Beauchamp e Hiram Rosado, sangre de héroes, son el fruto de un ideal y de una reconquista; su ideario es la independencia de Puerto Rico. Es el ideario y es una consagración al heroísmo y al sacrificio. Aquí dos héroes y dos valientes me dicen a mí y a todos que el juramento en Puerto Rico es válido y está sellado con sangre de inmortales.”