Sobre un promontorio de tierra húmeda, despidieron el duelo, pronunciando elocuentes discursos los señores Ermelindo Santiago, quien habló en nombre de la Logia patria, a la cual pertenecía el señor Ramón S. Pagán; Carrera, como presidente de la Federación Nacional de Estudiantes, y el Presidente del Partido Nacionalista, Licenciado Pedro Albizu Campos.
El señor Albizu Campos dijo, entre otras cosas, que allí se encontraba “representado Puerto Rico entero, desde Cabo Rojo hasta Vieques; de oeste a este y de norte a sur, compartiendo todos el inmenso duelo de la libertad”. Luego dijo que ya se habían recibido adhesiones de diversas naciones al duelo; que “el enemigo yanqui quiere que corra la sangre de los portorriqueños”; que “hoy se valdrán de un bando para realizar sus propósitos y mañana se valdrán de otro”. “Desde la tumba de la libertad -dijo- pido que Benigno Fernández García, el Procurador General, nos traiga las acusaciones contra esos policías que asesinaron a Pagán y a sus compañeros, y asesinaron a José Santiago, cuando ya se había entregado, cuando estaba desarmado”. Dijo que el Coronel Riggs envió las fuerzas uniformadas a Río Piedras “con el propósito deliberado de asesinar a la representación nacionalista de Puerto Rico”. Acusó de igual manera al gobernador Winship, y al Canciller Chardón de “coger de minga al estudiantado”.
En otra parte de su discurso el señor Albizu Campos dijo que en la Universidad hacía diez días se le había rendido un homenaje en ocasión del Día de la Raza, y luego habían cogido a cuatro estudiantes “para declarar al señor Albizu Campos enemigo público de Puerto Rico”. Dijo el señor Albizu Campos que esto fue “una maquinación del Gobernador, de Chardón y del Procurador”. Acusó también a todo el liderato liberal “que ha cargado con esta responsabilidad”. Dijo que existía “un plan concebido para asesinar a todos los líderes nacionalistas, empezando por su Presidente”.
Agregó que todos los policías que habían intervenido en los sangrientos sucesos de Río Piedras “deben suicidarse para limpiar su nombre, y para honor de ellos y para honor de la Patria”. “No se puede aplastar -dijo- la libertad con el soborno, la tiranía y el asesinato”.
“Si cuatro hombres pudieron hacer frente a setenta policías, ¡cuánto no podríais hacer todos vosotros bien armados” dijo en otra parte de su discurso el señor Albizu Campos. “Aquí se repite la historia de todos los tiempos: la libertad de la patria se amasa con nuestra sangre y se amasa también con la sangre de los yanquis”.
“Venimos aquí a prestar juramento para que este asesinato no quede impune. La historia patria no conoce un acto de asesinato tan grave; de suprema cobardía”, dijo el señor Albizu Campos en los párrafos finales de su discurso.
Y luego dijo a la concurrencia que aún permanecía en el camposanto: “Levantad la mano en alto todos los que se crean libres. Juramos todos que el asesinato no perdurará en Puerto Rico”.
“Juramos”, respondió el pueblo con la mano levantada.
“Juramos, en su día, levantar la libertad de la patria” dijo el orador.
“Juramos”, volvió a decir el público en la misma actitud. Y terminó con otras breves frases de despedida a la memoria de los recién sepultados.