El discurso del Coronel Enrique De Orbeta
Por. P. Albizu Campos
El Discurso del coronel Orbeta ante los Rotarios es una llamada pública de cooperación ciudadana con la Policía Insular y merece seria consideración.
El coronel Orbeta tiene el inmenso privilegio de haber nacido en Puerto Rico. Ese hecho trascendental lo obliga a dar atención a las cuestiones nacionales desde el punto de vista de los puertorriqueños, no obstante el hecho de que ocupe el puesto de Jefe de la Policía Insular bajo el presente régimen.
Su discurso revela una promesa: la reorganización de la Policía Insular. Aunque no es reformable en principio ningún instituto armado que sea el instrumento del poder interventor norteamericano, debido a que el régimen actual es absolutamente irresponsable a la nación puertorriqueña y que es de la irresponsabilidad que emanan todos los males de cualquier instituto armado, sin embargo, es el jefe encargado de cumplir órdenes en nombre de ese mismo poder interventor, y si se siente responsable ante su propia conciencia, no es baladí su intención de reforma. Por eso creemos importantes las manifestaciones del coronel Orbeta sobre la organización de la Policía Insular.
Como el cumplimiento de ese propósito es necesario para restaurar la confianza pública en la Policía Insular —como bien lo reconoce en su discurso el coronel Orbeta— el interés público que existe en la situación creada por los hechos de violencia y terrorismo realizados por la policía, nos obliga a hacer un comentario sobre las necesidades de dicha reorganización.
[…] el público ha contemplado con estupor la presencia en las calles prestando servicios, a dichos personajes, y el esfuerzo hecho por el poder ejecutivo norteamericano en Puerto Rico para cristalizar en realidad su deseo de ascender a los jefes envueltos en ese crimen horroroso que tuvo lugar en el mismo Cuartel General de la policía.
Esa norma inevitablemente ha conducido a la policía a la comisión de asesinatos en Ponce, en Utuado, y a mostrarse irrespetuosa de la ley en toda la nación. La policía ha pasado a ser un cuerpo que da la apariencia del desorden organizado.
La reforma tiene que empezar por el cambio de esa norma y, ante la gravedad de los acontecimientos, cuyas consecuencias nadie puede medir, es necesario gran claridad en la exposición de esta situación.
La supresión de los delitos comunes es una obligación policiaca en todas partes, pero no es utilizable la policía como instrumento político. En Puerto Rico se le ha usado como instrumento político.
Primero: para desbaratar el movimiento socialista auténtico que se inició en el país, recurriéndose a la fuerza policiaca para disolver a tiros y a macanazos a los socialistas. Hubo muchos muertos en esa lucha. El régimen no se preocupó. El liderato socialista se vio obligado a optar por una política gubernamental que ha terminado por ser una política azucarera, con lo cual se le ha dado muerte definitiva a la organización socialista en Puerto Rico, no obstante la existencia de un partido con ese nombre. Los agentes policiacos que intervinieron en esos casos criminosos fueron también premiados con ascensos por el poder ejecutivo de Estados Unidos.
Segundo: la misma táctica se ha querido aplicar al nacionalismo. Basta leer la orden general de la policía insular de marzo 14, 1936, marcada “Estrictamente Confidencial”, dando instrucciones muy minuciosas para perseguir a los […]
En la presente situación en que está viviendo la nación de Puerto Rico, un policía arresta a un ciudadano con cualquier pretexto y no importa lo injustificado de su arresto, si el jefe de la intervención norteamericana en Puerto Rico lo exonera, aunque un Gran Jurado lo acuse, queda impune en su delito. En el caso de la comisión de un asesinato como el de Beauchamp y Rosado ha quedado plenamente confirmada esta conclusión. Es más, se da por seguro que si el Pequeño Jurado condena a los personajes envueltos en ese horrendo crimen, serán indultados por el Gobernador de Puerto Rico. Es decir, que los llamados tribunales civiles existentes en Puerto Rico de nada sirven ante la comisión de crímenes oficiales.
Para justificar el crimen organizado oficial se ha querido hacer un ambiente contra el nacionalismo que justifique lo que no es jamás justificable. En la prensa norteamericana se mantiene una campaña libelosa contra el nacionalismo y sus directores. Como ejemplo, basta citar la edición del Literary Digest, de fecha 2 de mayo de 1936. Esta revista es de gran circulación en Estados Unidos. Se reproduce en dicha edición la fotografía del que habla en el juicio de Pearson, una de las víctimas de la policía en la “masacre” de Río Piedras, cuando el que habla, como abogado defensor de este caballero, repreguntaba a un testigo de cargo sobre una pistola calibre 45 que había sido presentada como prueba por el fiscal. En el momento en que el que habla tomaba la pistola en la mano, fue retratado. La fotografía es de todos conocida en Puerto Rico. Pues bien, esa fotografía ha sido reproducida por dicha revista con la siguiente leyenda debajo de la misma: Pedro Albizu Campos; kill, burn, destroy (matan, incendian, destruyen). Es éste un libelo grosero.
Últimamente se ha cometido el atropello del arresto de Carlos Juan Marchand, un adolescente, como presunto matador del policía Colón. A este muchacho se le ha arrestado por el solo hecho de ser nacionalista. Se le ha fijado una fianza exorbitante de veinte y cinco mil dólares para su libertad provisional. Se ha pretendido hacer creer que la muerte de Colón, quien confesó su participación en la “masacre” de Río […]
[…] de las tropas coloniales, regulares y policiacas, para dar un cuartelazo tan pronto se formalice una Convención Constituyente de la República de Puerto Rico, con el propósito de establecer un gobierno militar por tiempo indefinido a nombre de la República, durante veinte y cinco o treinta años por lo menos, que sea grato a estos intereses egoístas. Es la turbulencia oficial organizada.
Que eso perjudicará a Estados Unidos como nación en sus grandes intereses vitales en todo el continente, es indudable. ¿Pero qué les importa a estos señores el porvenir de la nación americana? Lo que a ellos les interesa son unos dólares más. La oposición a la celebración de la Asamblea Constituyente se encuentra en ese hecho señalado.
Los azucareros actuando con ceguera inaudita, son los enemigos jurados de la República. Dicen que están dispuestos a gastar todo lo que sea necesario para impedir el advenimiento de la independencia. Está corriendo el dinero. Tienen fuerzas armadas con ametralladoras en sus factorías para imponer su voluntad. Y lo que es una gran ironía, hablan en nombre de Estados Unidos y disponen de la fuerza de Estados Unidos para la realización de esta perversidad. Dan a entender que la política de “buen vecino” del Gobierno norteamericano es una perfidia. Ya veremos.
Por supuesto no dan el frente. Es la conspiración. Pero organizan la violencia. Han conseguido hasta la buena voluntad de fiscales que sueñan con el momento en que destruyan al nacionalismo, suprimiendo su liderato.
Señor coronel De Orbeta, no existe el crimen organizado en la nación de Puerto Rico. Nunca existirá. Esta es una nación cristiana. Estamos en la reconstrucción de la nacionalidad. El valor y el sacrificio son los dogmas de acción de los constructores de la nacionalidad. Ellos tienen que mantener limpias sus manos del oro corruptor y de la sangre de su prójimo.
A la llamada de honor no faltarán nunca.