IMPORTANTE ACTO POLITICO
Declaración Política del Lcdo. Albizu Campos
Recientemente llevóse a efecto en la ciudad de Ponce una reunión política donde se hallaban presentes los líderes de la Unión y prestigiosas personas del partido de la mayoría. Entre los concurrentes a dicha reunión estaban los Sres. Guillermo Schuck, Vicente Usera, Guillermo Vives Valdivieso, Sr. Ohms, Mr. McJones, Lcdo. Brunet y otros significados elementos dentro del partido.
Ante una inmensa concurrencia, en la que tenían representación el capital, la inteligencia y el trabajo, el culto joven abogado Pedro Albizu Campos, licenciado en filosofía y letras, licenciado en derecho de la Universidad de Harvard, Massachusetts, después de haber estudiado con gran detención las actuaciones de los partidos en el país, determinó hacer su ingreso formal en las filas del partido Unión de Puerto Rico. El Sr. Cordero Matos, significado político de Ponce, hizo la presentación del Lcdo. Albizu Campos, quien empezó su discurso que más bien pudiera ser considerado como conferencia ateneísta, y cuyos puntos más salientes fueron más o menos como a continuación sigue:
“Afirmó el Sr. Albizu Campos en forma reposada y con absoluto dominio de la materia que iba a tratar, que fué conocido nacionalista en Estados Unidos en donde celebró barias conferencias sobre las pequeñas nacionalidades y el imperialismo de los grandes poderes. Que el partido republicano puertorriqueño se agitaría siempre dentro de una minoría, por ser un partido centralista y querer recibir su poder Ejecutivo de Washington sin apoyarse en el regionalismo que tan necesario es para fundar un “estado” de la federación.
Al llegar a este punto, el orador hizo distinguir con habilidad, elocuencia y claridad, la confederación de la federación, explicando que confederación no es otra cosa que verdaderos estados soberanos ligados casi siempre solo para la defensa contra extraños y pone como ejemplo los Estados Unidos antes de la Constitución vigente, y federación es el estado en la unidad central. Que los llamados estados carecen de soberanía; el soberano es Estados Unidos, y no ningún estado por si o en agregado con los demás, cosa que no podría hacer aunque lo pretendiese y pone de ejemplo Estados Unidos. El orador explica las consecuencias diciendo, que la federación exige, como unidad que es, homogeneidad en sus partes integrantes y por eso no se ha admitido a la federación a ninguna comunidad, en la cual no haya estado gobernando el elemento anglo-sajón o anglocelta que han dado forma a la nación, y a menos que la ascendencia de dichos elementos no haya sido probable. Que la ascendencia de dichos grupos entre nosotros es imposible por la densidad de nuestra población y por poseer Puerto Rico una civilización más antigua que Estados Unidos. Dijo el orador que era esa la tradición de aquel pueblo y la base de su expansión y que no podía pedírsele que trastrocase el fundamento de su existencia; que para Puerto Rico sería como ha sido para cada “estado”, la extinción de su personalidad, entendiéndose por ésta, lo distintivo en un pueblo en la comunidad de estados soberanos en el mundo.
El joven letrado disertó luego acerca del ciudadano en su aspecto confederativo y dijo que, siendo cada estado soberano de hecho y de derecho, es el único soberano sobre sus ciudadanos y que siendo la federación el único soberano, es el soberano de cada ciudadano, y por supuesto, lo ordena de acuerdo con su interpretación de las necesidades del soberano; y puede movilizar a los ciudadanos dentro de cada “estado”, para destruir a éste si lo creyese necesario a la única soberanía poniendo como ejemplo la guerra civil en Estados Unidos desde 1861-65.
Refiriéndose al partido socialista, el joven orador dijo, que dicho partido sólo se contrae a un programa económico, siéndole indiferente la personalidad de Puerto Rico, tan necesario para el desarrollo de cualquier programa económico que quiera llevarse a la práctica. Que tal partido postula la lucha de clases, dividiendo a nuestro pueblo que requiere para su salvación un esfuerzo conjunto. Hizo así mismo alusión al naciente Partido Nacionalista de Puerto Rico y dijo que lastimosamente divide las fuerzas regionales. Habló también sobre el Bill Jones llamándole el mito de los derechos en él contenidos y afirmó categóricamente y dentro de una lógica irrebatible, que el derecho es derecho, cuando su sanción “última” está en la comunidad que lo ejerce. El Bill Jones, dijo el orador a la concurrencia, ha alargado el procedimiento en la aprobación de las leyes; pero su fondo es idéntico al del Bill Foraker. Toda la Legislación, por más beneficiosa que sea al país tropieza finalmente con el “veto absoluto” del Presidente de Estados Unidos. Los agentes del ejecutivo de la Nación en Puerto Rico, que sean incapacitados, dejan ver fácilmente esa verdad y por eso no son tan perjudiciales como un agente culto e inteligente, que puede disimular la verdadera fuente del poder, y de aquí la imperiosa necesidad de laborar a fin de que Puerto Rico tenga, dentro del derecho que le asiste, un gobierno responsable a él nada más y elegido por él y que la sanción última de todas sus leyes esté en nuestro pueblo: y de aquí que no sea la remoción de un agente del poder ejecutivo de Estados Unidos y de la política que por su instrucción desarrolla, porque eso sería dejar los derechos sagrados de nuestro pueblo a merced de individuos en la Presidencia: lo importante está en luchar tesoneramente con fe y patriotismo por la derogación de la Carta Orgánica vigente, sustituyéndola por una Constitución que establezca un gobierno responsable sólo a nuestro pueblo. Por último, el joven orador aconsejó la necesidad de abandonar, de desterrar la mala costumbre de la súplica y petición; que Puerto Rico debe exigir lo que de derecho le corresponda, le pertenece y entonces y sólo entonces, merecerá el respeto y la admiración de los pueblos que han luchado por perfeccionar su personalidad, como ha hecho el mismo pueblo de Estados Unidos.”
“EL ESTADO FEDERAL PARA P.R. NO ES ACEPTABLE PORQUE DESTRUIRA NUESTRA PERSONALIDAD COLECTIVA”
No debemos ni podemos prescindir de los socialistas agrega el Lcdo. Albizu Campos
Nuestro corresponsal en Ponce ha celebrado la siguiente, importante entrevista con el Lcdo. Pedro Albizu Campos. Estos ponceños merecen nuestra sincera felicitación por su noble esfuerzo. Debemos distinguir la colectividad política de los partidos políticos. La colectividad política es necesariamente indivisible. Contiene la base indiscutible de la patria. Requiere consenso unánime. No puede discutirse sin poner en peligro la existencia del país. Los partidos políticos se limitan a ofrecer medios para mantener y engrandecer las bases sentadas para la existencia nacional. La república o la monarquía, ser dependiente o independiente, son formas de existencia política, que no pueden atacarse donde existen sin poner en peligro la seguridad pública y sin paralizar todas las actividades, exceptuando las políticas, con el consiguiente retroceso o estancamiento en los demás órdenes. En nuestro país no hay consenso respecto a la base de su vida como entidad política, y de ahí el por qué consumimos nuestros mejores esfuerzos en lo que llamamos política. Cada partido ofrece una base que cree indiscutible y fundamental suficiente para levantar sobre él una gran patria. Va cada uno al fondo y es verdadero adversario de los demás. No debemos olvidar este hecho si queremos llegar a un entendido respecto a nuestro status. Para ilustrar el problema, fijémonos que en Estados Unidos existe unanimidad práctica respecto a la soberanía nacional y respecto a la forma representativa de gobierno. Los grandes partidos difieren en procedimiento, a excepción del socialista que toca de nuevo el fondo, y por eso lo tratan como adversario peligroso. No es posible, sin embargo, un solo partido político. Todos los puertorriqueños debemos unirnos para exigir el status que creamos digno. Sería injusto a la par que imprudente excluir a los socialistas. Ellos representan una actitud que va increscendo y debe reconocerse este factor de la opinión para poderle exigir responsabilidad cuando les toque administrar los asuntos públicos. Para vencer en las elecciones venideras el Partido unionista no necesita de entendidos con ningún partido. Nunca llegaremos a merecer el respeto de un pueblo libre como el americano si seguimos PIDIENDO qué debe hacerse con nosotros. Debemos buscar los medios legales, la sanción del Congreso si fuere necesario para reunirnos en Congreso Constituyente, que redacte la constitución que crea digna para nuestro pueblo. Tendremos poderes y seremos responsables. De esa manera terminará toda la discusión respecto a nuestro status.
Ningún régimen colonial es aceptable en un país como el nuestro, de una civilización más antigua que las de sus gobernantes y de una cultura por lo menos igual a la de éstos. La fórmula Estado Federal no es aceptable porque destruiría nuestra personalidad colectiva. Se ha hablado mucho de la personalidad y de la soberanía de los llamados Estados de la Unión. Eso lo tenían cuando estaban CONFEDERADOS y lo perdieron cuando se FEDERARON al adoptarse la constitución vigente en 1787. En el sentido político, en Estados Unidos, hay una personalidad: la americana y un soberano: Estados Unidos. No creo posible el Estado Federal. La unidad nacional requiere homogeneidad en el elemento que debe gobernar en cada “estado”. Este elemento tiene que ser anglo sajón o anglo-celta, por ser el que ha dado forma a la nación. No se ha admitido a la unión a ninguna comunidad hasta no haber ganado este elemento ascendencia definitiva En Puerto Rico eso es imposible por nuestro aislamiento geográfico, por la densidad de población, por tener una cultura tan o más alta como la norteamericana, y por ser un pueblo que defiende con tenacidad su historia y su civilización. No sé de ningún “estado” Federal ultramarino en Estados Unidos. No. El partido socialista debe desarmársele con concesiones económicas. La gran mayoría desconoce las teorías políticas filosóficas y religiosas que inspiraron el socialismo. Lo que quieren es bienestar material, y oportunidad para educarse, a lo cual tiene perfecto derecho el que trabaja. Creo que el partido republicano acabará de fracasar a menos que no se una a otro partido si el gobierno de Washington sigue insistiendo en que este partido deba existir por medio del sufragio en lugar de querer depender del poder central. Me parece peligrosa para el mismo la coalición con los socialistas debido a la oposición determinada que les hace a éstos el gobierno federal. El poder del partido socialista depende del malestar económico, ataquemos éste y aquél desaparecerá. Mientras dure como partido y reconocido como tal tiene derecho participar en la Administración donde se le autorice el electorado, sólo entonces se le podrá hacer responsable.
PEDRO ALBIZU CAMPOS Ponce, P.R., mayo 31 de 1923.
PEDRO ALBIZU CAMPOS LA RESOLUCION CONJUNTA NUMERO 23 A MIS COMPATRIOTAS En virtud de nuestros derechos constitucionales, el Pueblo de Puerto Rico puede ahora mismo exigir ingreso en la Unión Americana como “estado” federal. El procedimiento legal a seguir sin la intervención del Congreso seria el siguiente: reunirnos en convención constituyente para redactar la constitución de Puerto Rico, aprobar dicha constitución, elegir los senadores y representantes que deberán representar a Puerto Rico en el Congreso Americano, y exigir nuestra admisión como “estado”. El Congreso no podría negarse. Nuestro derecho dentro de la Constitución Federal es indiscutible. El “estado” federal sería, sin embargo, el suicidio para Puerto Rico y un grave inconveniente para Estados Unidos. Luego, es de interés común para ambas partes que Puerto Rico se constituya como entidad internacional. La constitución para ese fin puede redactarla ahora una convención constituyente puertorriqueña que el Congreso Americano tendría que reconocer en principio por ser indiscutible nuestro derecho a tener un gobiemo responsable sólo a nosotros. Nuestra actual legislatura puede facilitar el procedimiento declarándose convención constituyente al reunirse en su próxma sesión ordinaria. Por supuesto sería preferible una convención ad hoc. El deber nos exige estudio, deliberación, y resolución inmediata de nuestro status definitivo como pueblo. Eso podemos hacerlo nosotros nada más, porque somos los únicos que conocemos nuestros problemas y los únicos con el deber de resolverlos. No es honroso transferir la responsabilidad a otros. No debemos retardar más la solución si no queremos perjudicar irreparablemente a nuestra patria. Esta es humilde contribución al estudio preliminar; que continué éste, venga la discusión y sea la resolución inmediata. EL AUTOR CONFERENCIA Sr. Presidente, Señores: Es un privilegio tomar parte en esta fiesta, Día de la Raza, para celebrar el tercer aniversario de la fundación de La Asociación Nacionalista de Ponce y su Distrito, y el aniversario del descubrimiento de América. Este es de universal significación pero aquél no carece de trascendencia, siendo fundamental en nuestra vida colectiva cuya existencia tiene importancia internacional. El descubrimiento del Nuevo Mundo fue la comprobación expérimental de una teoría. La duda respecto a la forma esférica de nuestro planeta quedó sustituída por el hecho comprobado. Resultó la certeza y las deducciones matemáticas hallaron demostración en la nueva ciencia de la navegación. Sobre el hombre de la idea que lo mantenía pegado al supuesto plano terrestre, se vió recorriendo sobre la tierra el infinito espacio y empezó a comprender la maravillosa intra-relación del cosmos y formuló matemáticamente las nociones más fundamentales del tiempo y del espacio. Se han sucedido en orden rápido y obediente a la lógica, las matemáticas, la navegación terrestre, la astronomía, o sea la navegación en el infinito, la física, la química, la biología y psicología, que es el regreso de la mente así misma, por ser el hombre el microcosmos. La certeza de la unidad del universo halló paralelo perfecto en la certeza de la unidad humana, verdad, que a pesar de ser evidente, a ella no se consagran muchos hombres.
Cupo en el orden providencial de las cosas, que fuesen los antepasados de este pueblo los que diesen la luz al mundo. En el orden lógico no podia ser de otra manera por ser greco-latina la única civilización que hay en occidente. Fieles a su misión no se conformaron con ver claro la esfera terrestre, la unidad hermosa del universo y la unidad humana y se consagraron a ésta y con la raza indígena y la raza africana, reunieron a la humanidad integrándola en la Raza de la cual formamos parte, única por constitución, a ser fiel intérprete de la vida y de los fines de existencia.
Los anglo sajones siguieron las huellas de nuestros padres y se establecieron en latitudes parecidas a las que habitaban. Pero ellos no han aprendido la significación humana del descubrimiento, que es el descubrimiento de la humanidad por sí misma y han exterminado a la raza indígena, y se mantienen separados de la raza africana, importada para explotar el terreno conquistado, dentro de un purismo de raza, falso por ser contrario a la unidad humana. Han traicionado la misión providencial, y lo que llaman un problema de raza es más fundamental, es un problema de civilización, la cual revelan los hombres y pueblos cultos por la armoniosa convivencia con sus semejantes.
Se ven frente a frente a través de la frontera que traza el Río Grande y las Antillas estos dos pueblos. He ahí la importancia de la fundación de esta Asociación que defiende la integridad de nuestra personalidad colectiva. Somos de la vanguardia, no defenderla es traicionarla y caería sobre nuestra sucesión la ignominia de no haber cumplido con nuestro deber en la historia.
He venido, señores, a presentaros un estudio jurídico-político de la Resolución Conjunta No. 2, que acaba de aprobar nuestra legislatura. Ella ha realizado labor patriótica al impartir aprobación unánime a dicha resolución, uniéndose así la voluntad de todos los grupos representativos de la opinión pública. Es el primer esfuerzo conjunto que se hace para resolver definitivamente el status de nuestra personalidad colectiva, que es la base de la existencia colectiva. A la solución de éste, nuestro problema más fundamental se consagrarán nuestros conciudadanos con perjuicio sin embargo, de las demás actividades de la inteligencia. He ahí por qué ha pasado a manos extranjeras o no residentes el control de nuestra vida, económica, y la razón que explique nuestro estancamiento o retroceso en las lides del pensamiento.
El status definitivo de Puerto Rico debe resolverlo nuestra convención constituyente.
Para restablecer una patria se requiere consenso unánime y éste se consigue solo por medio de la deliberación de un congreso constituyente representativo de todas las fuerzas vivas del país. En lugar de reunirse para el estudio y resolución de las cuestiones vitales, nuestros hombres se han apartado cada día mas debido a la lucha partidarista, que ha hecho estéril el esfuerzo común durante los últimos veinticinco años. La legalidad del procedimiento es indiscutible bajo el Acta Foraker lo mismo que bajo el Acta Jones, porque el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente para exigir un gobierno digno de sí mismo y consonante con sus legítimas aspiraciones es inalienable y es principio que informa las instituciones políticas americanas. Se demostraría entonces capacidad para gobernarnos y merecería nuestra conducta el respeto de los hombres libres.
Se ha argüido que aprobado un proyecto de ley por el Congreso y aceptado por nuestro pueblo en virtud de un plebiscito se alcanzarían los fines que persigue un congreso constituyente: un gobierno digno implantado con el consentimiento de los gobernados. En primer lugar, los hombres que forman el Congreso Nacional no pueden compenetrarse de nuestro punto de vista aunque fuere posible un perfecto conocimiento de nuestra historia y de nuestras instituciones y segundo, el plebiscito es índole de la influencia del poder y no del consentimiento consciente. Luego la necesidad de la deliberación de una convención constituyente se impone. Si hubiere alguien tan temeroso en el ejercicio de sus derechos, para tranquilizar su conciencia podría exigirse del Congreso Nacional la aprobación de una ley que provea los medios para que nuestro pueblo pueda elegir los delegados a la convención que redacte la constitución de Puerto Rico. El Congreso Nacional jamás se negaría a adoptar un proyecto de ley de esa índole, porque el procedimiento sugerido emana de la Constitución norteamericana. En prueba de ello basta recordar la serie de “enabling acts”. Además el derecho de decidir cual ha de ser el status de Puerto Rico radica exclusivamente en el pueblo de Puerto Rico. Esta tesis la defendió el conferencista en su interview con el El Mundo en mayo 31 de este año. Aunque solicitar del Congreso y del Presidente de E.E.U.U. que definan su propósito respecto al status definitivo de Puerto Rico, según provee la Resolución Conjunta No. 2, no altera el derecho de nuestro pueblo a definir su status, sin embargo, cualquier declaración concreta por dichos poderes serviría para ahogar la opinión pública en nuestro país que fuese contraria a lo expuesto por las autoridades mencionadas, y ese efecto sería en menoscabo de nuestro derecho y subversivo de las instituciones americanas.
(a) La ciudadanía americana no es contraria a la completa soberanía de Puerto Rico. (b) Rige la Constitución Americana en Puerto Rico desde que se firmó el tratado de París.
La Resolución Conjunta No. 2 está en armonía con la fórmula que define nuestro status colectivo: Preservar la relación necesaria entre Puerto Rico y Estados Unidos con el maximum de poder en el Pueblo de Puerto Rico. Dentro de ella caben todas las soluciones advocadas hasta ahora inclusive la independencia. La ciudadania americana hace permanente la relación armoniosa entre ambos pueblos y no es obstáculo a la completa soberanía de Puerto Rico. El Imperio Británico acaba de resolver el conflicto entre la soberanía local de sus dominios con la necesaria cohesión del imperio. La solución sorprendió al mundo, porque se funda en el reconocimiento de la soberanía local a pesar de la ciudadanía británica. Así el Canadá, Australia, Africa del Sur, Irlanda, han pasado a formar parte de la Sociedad de Naciones como iguales entre los pueblos libres del mundo, en virtud del reconocimiento más perfecto, que es el de la madre patria, Inglaterra. Eso ha pospuesto por algún tiempo considerable la temida desintegración del imperio, cuyo poder y prestigio se mantiene hoy por medio de los principios democráticos de la igualdad y de la cooperación voluntaria.
Debemos fijarnos que se concedió a los portorriqueños la ciudadanía americana en víspera de una crisis internacional que ha podido poner en peligro la existencia nacional y que por lo tanto, era necesario establecer el principio legal para exigir la cooperación de nuestro pueblo, que tenía que ser a base de conciudadanos y de igualdad. Pero el Acta Jones, mientras aseguraba de esa manera la solidaridad entre ambos pueblos, dejó libre al pueblo de Puerto Rico para obtener su soberanía y rechazó la incorporación. La política trazada en 1898 rige todavía. Expliquemos.
Muchos de nuestros compatriotas han pasado veinticinco años solicitando que se haga extensiva a Puerto Rico la Constitución Americana, por no haberse fijado que ella quedó establecida en Puerto Rico desde que se firmó el tratado de París. La guerra hispano-americana, la conquista de Puerto Rico, y todos los actos de gobierno realizados en Puerto Rico hasta ahora son actos constitucionales y que se han podido realizar porque han sido constitucionales. La declaración de los tribunales americanos que la constitución no sigue a la bandera se refiere exclusivamente al lado civil de la constitución. La guerra, la conquista con todas sus consecuencias son actos constitucionales, y es porque el famoso instrumento de gobierno tiene dos caras, una civil y la otra militar, tan constitucional una como la otra. En lo interno, el Presidente es el único poder que determina cuando debe suspenderse los derechos civiles, para establecer un régimen militar que restablezca la seguridad pública. En lo externo, el Presidente y el Congreso deben concurrir para declarar el estado de guerra, con todas sus consecuencias, conquista, etc., entre la nación y sus enemigos. En Puerto Rico rige hasta ahora el aspecto militar de la Constitución. Sin embargo, el estado de guerra y su consecuente la conquista no implican que ha cesado la relación legal entre las partes, sólo que surgen nuevos derechos y obligaciones entre ellas. La absorción de un pueblo sin su consentimiento, es la humillación más grande a la cual se le puede someter, pero ella se funda en la ficción del derecho internacional que establece el consentimiento de la comunidad absorbida. El régimen militar continúa y no se ha declarado la absorción. Fieles a su constitución, los americanos no han podido hacer otra cosa que respetar nuestra personalidad colectiva. Gobierna el Presidente en Puerto Rico en su carácter de militar, jefe de la armada y del ejército, pero sujeto a reglamentos establecidos por el Congreso y aceptados por él, a los cuales se les ha dado el sonoro nombre de cartas orgánicas. En virtud de estos reglamentos, el Presidente como es responsable de la administración en Puerto Rico, tiene control absoluto de ella, y como está obligado a mantener el statu quo, tiene el veto absoluto de todos nuestros proyectos de ley. Por supuesto, el Congreso, siempre se ha retenido el derecho de anular todas y cada una de nuestras leyes, aprobadas por el Presidente o su representante en Puerto Rico, el gobernador, lo que es lo mismo. Y como dentro de todo régimen militar, no emanan derechos de los gobernados, lógicamente carecen de responsabilidad final, y por eso, nuestros tribunales carecen de jurisdicción definitiva y de ahí que el verdadero tribunal supremo de Puerto Rico esté situado en Boston y en Washington. Este sistema, como toda ocupación militar, es duro, pero mantiene nuestra personalidad separada, y en respeto a ella se ha denegado la incorporación. La política nacional nos ha ofrecido la oportunidad de definir nuestras aspiraciones colectivas libremente, pero aparentemente no nos hemos dado cuenta de este hecho. Resalta la anomalía de pedir al Congreso y al Presidente una definíción de nuestro status, cuando eso nos atañe a nosotros exclusivamente.
Pero el gobierno nacional tiene razones adicionales para no desviarse de su política. La incorporación és un paso al “estado” federal. Por vez primera entraría a formar parte de la federación, una comunidad cuya raza, tradición, e instituciones, son fundamentalmente diferentes de las que predominan en cada “estado”. La Nación ha sido gobernada y es gobernada por los descendientes de angloceltas o de anglo-sajones, que son los que le han dado forma. No se ha admitido a la unión a ningún “estado” a menos que en él no haya adquirido ascendencia definitiva estos elementos étnicos. En Puerto Rico eso es imposible, por nuestro aislamiento geográfico, por la densidad de nuestra población que no podrá ser sustituída, por la diferencia de raza e idioma, porque poseemos una cultura por lo menos igual a la de nuestros gobernantes, siendo herederos directos de la única civilización que hay en occidente, y porque nuestro pueblo se resiste tenazmente a perder su personalidad histórica. Esas serían consecuencias inevitables de la estadidad, porque los “estados” de la federación carecen de personalidad y de soberanía en el sentido internacional. Poseían eso durante la Confederación y lo perdieron dentro de la federación al adoptar la constitución vigente. Si hubo alguna vez duda respecto a estos extremos quedó desvanecida con los resultados de la guerra civil (1861-1865). En la nación hay un soberano, Estados Unidos y una personalidad, la americana. Además, la política de expansión de la Nación es hacia el Sur. Sus relaciones internacionales con el Canadá han sido a base de igualdad y de cooperación, pero con las naciones al sur del Río Grande, ha sido a base de penetración y de conquista. Esa política va dirigida contra pueblos hermanos nuestros en la raza, en cultura, y de común historia. Nadie puede esperar de senadores portorriqueños sanción de los actos realizados en México, Cuba, Haití, Santo Domingo, la América Central. En el senado Nacional seríamos un obstáculo, los estadistas americanos ven eso claro. Por eso se han hecho sordos a la petición de “estado” federal. Concederla sería destruir la homogeneidad de los elementos dirigentes, base de su expansión y de su grandeza imperial.
La cuestión agraria puede resolverse ahora.
Son obvios los derechos de nuestro pueblo a tener un gobernador electivo, y completa autonomía para legislar en los asuntos locales. La Resolución Conjunta No. 2, los solicita en términos para clara interpretación. Nos parece innecesario la solicitud del derecho de legislar sobre el importante problema de la cuestión agraria. Tenemos poderes suficientes para ello. Hubiera servido y servirá de piedra de toque legislación sobre ese extremo para determinar la intención del régimen actual.
La extención de legislación Federal a Puerto Rico es un retroceso.
Pedir la extensión de legislación federal a Puerto Rico es un paso hacia atrás por más beneficiosa que parezca dicha legislación. Es una demostración de incapacidad para resolver nuestros problemas, aunque sea evidente que esos egresos para Puerto Rico, salen de aquí por la exclusiva que goza el comercio americano en nuestro país, en virtud del arancel.
Necesidad de unidad judicial. (a) Debe constituirse un tribunal supremo. Es innecesaria la Corte Federal para Puerto Rico
Se exige en la Resolución unidad legislativa y unidad ejecutiva al colocar los nombramientos federales en manos del gobernador electivo, pero se hace omisión de lo judicial. Debe crearse un verdadero tribunal supremo nombrado por el gobernador electivo de Puerto Rico con el consentimiento de nuestro senado, en lugar del tribunal de apelación intermedia que hoy lleva ese nombre, con jurisdicción para resolver definitivamente, todas las cuestiones legales, a excepción de las que envuelvan la interpretación de la Constitución y del derecho internacional público. Esta limitación se impone por la necesaria uniformidad de interpretación, que tiene que hacer el Tribunal Supremo de Estados Unidos mientras la Nación sea soberana en Puerto Rico, y por lo tanto responsable ante el mundo en todo lo que afecte los derechos de otras naciones. La constitución de un tribunal supremo se hace imprescindible por las razones siguientes: En los casos más importantes basta la amenaza de una apelación a Boston por la parte que cuente con medios para que la otra que carece de ellos tenga que allanarse para no sostener un litigio en apelación ante la Corte de Circuito o ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos; además el hecho que los tribunales que pueden resolver definitivamente están sitos en Estados Unidos, ha forzado el sistema de decisiones fundándose mas en precedentes que en principios, que es el sistema anglo americano, del cual luchan por liberar a sus respectivos países, los grandes juristas continentales e ingleses. Para Puerto Rico esto constituye un retroceso jurídico costoso para la ciencia del derecho.
Como todos nuestros tribunales son federales si atendemos a la fuente de su jurisdicción, resulta innecesaria la Corte Federal de Puerto Rico. Se mantiene actualmente una jurisdicción dual en perjuicio de los intereses colectivos por la complicación que trae en la administración de justicia. Además, este tribunal naturalmente sigue como ley los precedentes de las cortes federales del continente, cuando está resolviendo situaciones creadas en Puerto Rico, y aunque adopta como ley los precedentes del actual tribunal supremo, de Puerto Rico en casos que envuelven la interpretación de nuestras leyes locales, pero como por necesidad este ha adoptado el sistema de decisión por precedentes, en gran parte tomados de los tribunales continentales con un sistema legal diferente al nuestro, puede verse el daño que se ha hecho a la ciencia del derecho en Puerto Rico que, cuando los juristas anglo-americanos luchan por abolir el sistema de precedentes que ha diluído y confundido los principios y quieren adoptar el sistema de interpretación continental europeo, que era el nuestro, nosotros estamos tratando de adoptar el sistema angloamericano. Es necesaria legislación prohibiendo a los tribunales que sigan precedentes como ley.
Os invito señores al sereno estudio de nuestros problemas fundamentales. Para resolverlos se requiere la cooperación de hombres y mujeres inteligentes, reunidos en un ambiente que inspire responsabilidad de lo que se dice. No olvidemos que la cohesión de las fuerzas regionales es imprescindible para constituir una patria.
PEDRO ALBIZU CAMPOS Ponce, Puerto Rico, Día de la Raza, 12 de octubre, 1923.