FEMINISMO Y LA INDEPENDENCIA PATRIA

Por Pedro Albizu Campos

Frente a un pueblo ansioso de su independencia y dispuesto a hacer los sacrificios necesarios para obtenerla, se había colocado un grupo de dirigentes no dispuestos a romper con el régimen imperante de la colonia. Cuando decimos un pueblo, por supuesto, nos referimos a la unidad nacional puertorriqueña, sin distinciones de ninguna clase, y mucho menos, la distinción absurda, de dividirla entre hombres y mujeres. La mujer puertorriqueña contemporánea ha padecido, hasta ahora de la abrogación que de su representación ha hecho un grupo de señoras, que con el título de feministas, han hablado siempre en su nombre, y han luchado porque se le concediera el derecho al sufragio. Si los hombres directores de la opinión pública malgastaron gran parte de su tiempo combatiéndose unos a los otros, en lugar de dar el frente al invasor, las feministas dedicaron, todas sus energías a la adquisición del sufragio, creyendo sin duda, que combatiendo a los hombres que a esta medida se oponían, llenaban la finalidad de la existencia de su organización. Han obtenido el sufragio. Estamos obligados a preguntarles para qué lo quieren. ¿Es acaso para reforzar el coloniaje sobre su patria? ¿O para anexarla a los Estados Unidos definitivamente, anulando su personalidad internacional para convertirla en una provincia norteamericana. (“Estado” sic.?) o es para hacer de Puerto Rico una patria, libre, soberana e independiente? Repetimos la interrogación pública que ante la Asamblea Nacionalista última formulamos: ¿Van a repetir las mujeres el pecado de los hombres de dividirse entre sí sobre la cuestión vitalísima de la independencia de su patria? Si las mujeres feministas han de presentarse al país representando, no un movimiento sólido libertario, sino a los diversos partidos políticos existentes, combatiéndose entre ellas, y difundiendo ante la opinión pública del país todos los errores políticos cometidos por los hombres dirigentes durante los últimos treinta años, es necesario que se les llame la atención en la forma más enérgica sobre la responsabilidad histórica que adquieren al ejercer por primera vez el sufragio. Si se quiere opinar en política hay que asumir las responsabilidades necesarias. La mujer como directora de la opinión política, ya que en ese terreno se ha colocado, tiene y debe esperar, que se le exija responsabilidad a lo que diga. No es un ideal patriótico predicar la anexión de su país a ningún otro país. Tampoco es un ideal patriótico defender el coloniaje que gravita sobre el país.

El único deber cívico trascendental que tiene el que nació en una colonia, ya sea hombre o mujer, es redimirla del coloniaje. ¿Están listas las señoras feministas a cumplir con ese deber inaplazable?

Parece que sí. Hemos leido con sumo interés las manifestaciones que en la sección denominada “Conversando con las principales feministas del país”, regularmente publica en la edición dominical de EL MUNDO, la señora Angela Negrón Muñoz.

Con raras excepciones, las entrevistas publicadas en dicha sección con ese epígrafe, nos han desalentado enormemente. Hemos visto repetir casi todos los errores de apreciación política, social, económica y religiosa que han dado al traste con una sana orientación de nuestro pueblo. Todo, casi todo, ha sido un cúmulo de repeticiones de cosas viejas, desgastadas y refutadas, ad nauseam.

Se da el triste caso que cuando la dirección encabezada por hombres en los diferentes partidos políticos empieza a orientarse hacia finalidades patrióticas y definitivas, es de esta sección feminista que llueven sobre nuestro pueblo las afirmaciones más desorientadoras. Insistimos que la mujer, como el hombre, tiene que ser responsable de lo que dice.

Doña Angela confiesa estar mortificada por ciertas manifestaciones que hiciéramos ante la última asamblea del partido con motivo de la emocionante oferta que me hiciera el Club de Damas de Puerto Plata, República Dominicana, en representación de la mujer dominicana, para defender la independencia de Puerto Rico.

¿No se ha emocionado Doña Angela ante esta oferta? ¿No se han emocionado las señoras feministas que alega ella se sienten heridas por mis manifestaciones ante la Asamblea? ¿Por qué si representan los más altos valores de nuestra mujer, no se han reunido todavía para enviarle un mensaje de gratitud al Club de Damas de Puerto Plata que de modo tan generoso y tan espontáneo ha ofrecido su concurso para liberarlas de este bochornoso tutelaje?

Le debemos una felicitación a Doña Angela. Por primera vez, desde que la leemos, la hemos visto invocar el nombre de mujeres inmortales de nuestra patria que lo sacrificaron todo por su independencia.

Le debemos también una rectificación. No debemos comparar con figuras ungidas por el sacrificio por la redención de este terruño a personas que sostienen como un ideal la anexión de su país a cualquiera otro, o defienden el imperio en su patria, impuesto por una potencia extranjera. Señora, permítame decirle que hay paralelos imposibles. Que el que escribe tiene una responsabilidad histórica y no puede hacer confusión de valores.

Varias veces hemos repetido que tenemos que retrotraernos al año

  1. A la hora del Grito de Lares. Existía entonces una dirección auténtica y patriótica en nuestra patria, de hombres y mujeres dispuestos a todo sacrificio para imponer su independencia. Le agradeceremos continúe usted presentando únicamente ante nuestro pueblo a esas luminosas figuras libertarias. Si eso era así en el 68, como bien dice usted, que se necesitaba mayor civismo que hoy para defender la causa de la libertad, sin duda, estimará usted justificado, que hoy, según afirma usted que no cuesta nada hacer lo mismo, apremiemos a hombres y mujeres a cumplir con el deber cívico más importante: Constituir inmediatamente la república libre, soberana e independiente.

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