La facción unionista se llenó de júbilo con lo que estimó una victoria porque sus rivales en las posiciones oficiales habían tropezado con un escollo. Los aliados, en este momento, de los puros, aliancistas y socialistas, se han limitado a manifestar el disgusto que se siente en sus filas por esa disposición ejecutiva.
A ninguno de esos caballeros de la legislatura se les ha ocurrido plantear la cuestión fundamental de si existe o no un poder legislativo en Puerto Rico.
No nos extraña su conducta. Casi todos ellos saben que no hay tal poder legislativo, pero son cooperadores voluntarios del sistema y mantienen la comedia imperial que ha de acabar con el país y con ellos mismos, si no termina definitivamente a breve plazo la política de espinas dorsales encorvadas o rotas por la voluntad norteamericana. El júbilo de la facción unionista cesó con la firma de un proyecto de ley por “comisión” para San Juan, que termina con el derecho electoral en la capital. Tampoco fue de su agrado la ley municipal general aprobada para “reformar” la administración de los municipios, o sea para acabar con todo vestigio de poder municipal. Las facciones contrarias al unionismo han mostrado su satisfacción pública por la aprobación de estas leyes.
Sabíamos que estas leyes habrían de ser aprobadas de cualquier manera para aumentar el poder personal directo del jefe militar, señor coronel Roosevelt, lo que satisface a la administración de Washington y la idiosincrasia de su mandatario en Puerto Rico.
Ya es de dominio público, por propia declaración ejecutiva, que el botín presupuestal de la capital será dividido “equitativamente” entre los caballeros de la legislatura que constituyen las facciones gubernamentales unionistas, socialistas, aliancista y pura. El señor Coronel nos ha de hacer otro bien presentando en la administración de San Juan a estas facciones que parecen antagónicas pero que en realidad constituyen la unidad política defensora del régimen norteamericano. Prepárese el país para contemplar una comisión que gobierne el municipio de San Juan, de puros, unionistas, socialistas y aliancistas. Si por el veto a la ley electoral y por las declaraciones explícitas del señor coronel Roosevelt se comprobó que no existe poder legislativo, por la aprobación de la ley por comisión de San Juan se ha demostrado que no existe ningún derecho electoral. Eso de movilizar cada cuatro años la opinión pública, a todo el electorado, y gastar cuantiosa suma de dinero en elecciones, sirve solamente para mantener otra farsa de que existe el sufragio en Puerto Rico.
El sufragio existe donde hay un régimen de libertad que depende de un régimen de derecho, o sea, de un régimen responsable a los gobernados y que emana de su voluntad.
Pero decir que hay sufragio donde el voto puede servir exclusivamente para establecer la voluntad del régimen o para afianzarla, es ser víctima de falta de sentido jurídico y del desconocimiento de la realidad política imperante.
El Partido Nacionalista pondrá a prueba si existe o no el sufragio en Puerto Rico y colocará a prueba el régimen en forma definitiva cuando
decrete la Convención Constituyente de la República al obtener el voto de las mayorías. La supresión de los municipios y la abolición del sufragio complementan el ataque gubernamental contra los intereses económicos nativos. Sabido es de todos que el presente régimen tiene por orientación definitiva la eliminación del terrateniente, del industrial, del comerciante y del financiero nativos para suplantarlos con invasores. El éxito de esta política ha llevado al país a la ruina presente. Quedan sin embargo algunos terratenientes puertorriqueños en el interior del país en posesión de la riqueza cafetalera. Había que eliminarlos. Donde quiera que haya un puertorriqueño con tierras propias habrá un baluarte de resistencia contra la invasión. La política contra ellos se inició como se inician todas las medidas imperiales, so capa de ayudarlos. La primera ayuda fue la implantación del Banco Federal Agricola. Dijimos al país cuando se instaló esta institución que, con el pretexto de brindar créditos a plazo largo a nuestros agricultores, se quedaría con toda la riqueza inmueble del interior del país, tan pronto sufrieran esos agricultores un revés económico, ya fuera por depresión en el valor del producto de la tierra o por uno de esos ciclones que periódicamente nos azotan. Tan pronto se presentó San Felipe el banco empezó el rutinario proceso de desplazamiento, ejecución de finca tras ejecución de finca, ventas en pública subasta al contado. Pero, ningún puertorriqueño puede disponer de fondos para concurrir a una venta en pública subasta. Son los intereses norteamericanos los que pueden comprar de contado. A ellos se les facilita la operación por medio de los bancos que acaparan nuestras economías. Ya hay norteamericanos peritos en la producción del café. Se calcula una producción posible de un millón de quintales anuales. Se sabe que cualquier cantidad puede influir en la depresión del mercado cafetalero en Estados Unidos debido a la superproducción brasileña que desmoraliza el mercado a pesar de los esfuerzos del Brasil para fijar los precios. Nuestra producción cafetalera debe ir, por tanto, a manos norteamericanas. Así se acabará con nuestros últimos terratenientes, y se podrá atacar el mercado brasileño. Será reforzado el ejército proletario por más de medio millón de almas. Todo esto, por supuesto, dentro de un plan de rehabilitación económica. Para atacarnos siempre hay que simular nuestra protección. El Banco Federal existe solamente para propósitos de penetración. Un banco hipotecario se necesita cuando hay crisis agraria para amparar al terrateniente en su título cuando la quiebra le amenace, pero, he aquí un banco de crédito hipotecario que mantiene relaciones con el agricultor mientras éste puede pagarle intereses y le ejecuta la finca tan pronto se presenta la primera dificultad. No basta, sin embargo, la presión del banco. Esta institución es una
agencia gubernamental. El gobierno debe prestarle toda su cooperación inmediata. Hay que arreciar en el desplazamiento de los puertorriqueños. Cualquier núcleo de ellos con tierras propias constituye un peligro para el régimen. Pueden servir de sostén a las reivindicaciones patrias. Hay que exterminarlos.
El gobierno se había comprometido a aliviar la carga fiscal que pesaba sobre ellos. Se aprobó una ley en ese sentido. El señor coronel Roosevelt, por supuesto, le negó su aprobación.
¿Cómo va a aprobar el gobernador militar nada que pueda beneficiar a un terrateniente puertorriqueño, cuando su aprobación serviría solamente para obstruir la política de penetración que él está obligado a implantar?
El señor Coronel sonríe cuando habla de la rehabilitación económica. Le dice al país que piense solamente en eso y olvide la política. Con esa pauta ha restado la confianza pública en las mismas facciones partidaristas que integran el partido de gobierno. Los que tienen algunas pesetas han sido convencidos por el señor Coronel que deben divorciarse de todo movimiento político. Así ha triturado a esos grupos que se disputan el presupuesto y ha demolido a los organismos económicos.
Si hubiera habido sinceridad en la rehabilitación económica, nada más fácil para realizar. Bastaría que el gobierno de ocupación militar no permitiera la usura bancaria en Puerto Rico y que obligara el establecimiento de las mismas condiciones de crédito que existen en Nueva York. Allá el tipo de descuento es de dos y medio por ciento en el Banco de Reserva Federal, y los bancos adscritos a aquel sistema federal ponen dinero a disposición de sus clientes al cuatro o al cuatro y medio por ciento a lo más.
Pero el tipo corriente de intereses en los bancos de Puerto Rico es el diez por ciento con garantías personales de absoluta solvencia; y cuando se trata de un préstamo hipotecario el tipo asciende al doce por ciento, y en general es más alto que el doce por ciento por las condiciones onerosas que se imponen a deudores hipotecarios, indirectamente para no invalidar la obligación.
Además, las economías de nuestro pueblo depositadas en los bancos van a la disposición de un poder extranjero. Están en poder del National City Bank, del Royal Bank y del Banco Nova Escotia, que refaccionan a intereses enemigos del país.
El gobierno militar, como en todo momento, presta su más decidida cooperación a ese plan bancario y deposita el grueso de los fondos públicos en esos bancos. De los primeros actos administrativos del señor coronel Roosevelt podemos citar el depósito que hizo de los fondos del pueblo de Puerto Rico el National City Bank. Dos terceras partes de esos fondos fueron a parar a la disposición de este pulpo.
Hablar de la industrialización de un país en esas circunstancias es burlarse fríamente de su ingenuidad. La industrialización de un país depende exclusivamente de dinero a un tipo de interés que no pase del cinco por ciento.
Las acciones privilegiadas de una empresa industrial no devengan
nunca un interés de más de un siete por ciento anual; las acciones comunales se consideran magníficas cuando el ingreso neto es el cuatro por ciento. Ahora bien, el poder ocupante ha dejado a todo nuestro país a la explotación bancaria y ha rehusado establecer aquí las condiciones de créditos que reserva en su país para sus ciudadanos y que acabamos de citar. Esto era necesario para que toda forma de riqueza en Puerto Rico pase a manos norteamericanas y así el cabotaje libre, servirá solamente de incentivo para la absorción norteameridana de todas nuestras fuentes de producción. Nunca beneficiará a los puertorriqueños y servirá de acicate para atacarlos despiadadamente en el campo económico.
El gobernador militar señor coronel Roosevelt acaba de aclarar la situación en forma que no da lugar a dudas. ¿Qué espera el país de esta política de sumisión y de cooperación con el régimen? Nadie tiene interés en defendernos a excepción de nosotros mismos. Es una insensatez creer que los invasores tengan otro interés que no sea la explotación de Puerto Rico. Ha llegado la hora de la concentración de todos los puertorriqueños en el movimiento patriótico del nacionalismo que termine inmediatamente con este régimen que a título de protección, ha colocado de centinelas a la puerta de cada hogar puertorriqueño, la miseria y la muerte. San Juan, de Puerto Rico, a 18 de mayo de 1931. Por la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico:
P. ALBIZU CAMPOS. Presidente.
HABLANDO CON EL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA DE PUERTO RICO
La personalidad polifacética de Albizu Campos es poco conocida en el país. Así hasta ayer, sus ideales en el problema básico de Puerto Rico. Su obra está unida al problema vital de la patria y su personalidad será cada día más comprendida a medida que su campaña de emancipación vaya despejando las nieblas que oscurecen nuestro destino. El patriota visionario, el hombre de temperamento místico-religioso de moral tradicional a prueba de ácido, el político leal a sus ideas, el apóstol de la causa portorriqueña, como le llaman sus adictos, ha surgido. Examinémosle. Nuestro país necesita conocerle. No vamos a hacer la apología de un hombre. Vamos a señalar la claridad que se perfila en el horizonte de nuestras luchas por la libertad y la redención de nuestro pueblo. -He aquí el hombre cuyo brazo broncíneo en medio de la oscuridad que padecemos, levanta en alto la única luz que nos alumbra, me dice el caballero nacionalista que me entrega algunos datos biográficos del Sr. Albizu. Albizu Campos estudió en las Universidades de Vermont y de Harvard, graduándose en la segunda de Ingeniero Químico, Leyes, Filosofía y Letras y Ciencias Militares. Domina varias lenguas, además de las clásicas, inglés, francés, portugués, alemán y castellano. Fue organizador del movimiento universitario revolucionario irlandés en Harvard, el cual movimiento fue extendido por todo el continente. Además estuvo relacionado con el movimiento libertador hin dú. En la clase era el estudiante más solicitado para todos los actos de trascendencia en la Universidad. Fue llamado expresamente por los directores de Harvard para su ingreso en la misma en vista de sus elevados dotes intelectuales demostrados en Vermont, concediéndole una beca. Es la primera vez que hablo con el señor Albizu Campos. Me impresiona gratamente el sostenedor de la Independencia de Puerto Rico. Es un hombre sereno, tranquilo, reposado, de alta ideología, concepción rápida y segura, formas caballerosas y distinguidísimo trato. Hablamos de muchas cosas antes de comenzar esta entrevista. Al fin hago la primera pregunta que mi interlocutor contesta enseguida. -¿Cómo piensa usted ante el actual momento político de Puerto Rico?
-El nacionalismo es como el éter universal: penetra en todos los sectores. El Partido Republicano Puro cae bajo el peso de su error de finalidad política y de táctica. Aclarando que el “estado” norteamericano, no es ni estado ni soberano, y carece de personalidad internacional, y que es una mera provincia, todo el fundamento de ese partido rueda por tierra. La estadidad para Puerto Rico sería su extinción en la nación norteamericana. Ninguna persona inteligente, consciente de esta verdad, puede seguir militando en esa agrupación. Su táctica de apasionada cooperación con el régimen no ha podido ser más desastrosa. Es una facción en plena disolución. Existe ya en su seno la avanzada que, con verdadero sentido patriótico, ha solicitado públicamente de la dirección que se declare francamente por la independencia absoluta de su país. La próxima asamblea de los “puros” revestirá, por esa sola consideración, un gran interés público. La facción gubernamental socialista, definida hasta ahora en pro de “la unión permanente e indestructible”, entre Estados Unidos y Puerto Rico, siente también la sacudida del movimiento emancipador nacionalista. Esa agrupación no podrá continuar siendo anexionista y antisocialista. Tendrá que definirse, de acuerdo con los postulados socialistas del partido socialista norteamericano, por la absoluta independencia de Puerto Rico. Los elementos independentistas que militan en su seno de buena fe forzarán esa renovación en la próxima convención que se celebre. Las facciones aliancistas y unionistas, que tienen el mismo programa, contradictorio de “estado” o independencia, en la alternativa, han sufrido ruda sacudida recientemente con las declaraciones políticas en pro de la independencia absoluta que acaba de hacer el jefe de los unionistas, secundado por otros directores de esa agrupación. Como en realidad, los aliancistas y los unionistas sostienen el mismo programa, y como el rompimiento entre ellos es reciente, el sector aliancista siente las repercusiones de estas declaraciones y se considera parte del elemento conservador unionista obligado a combatirlas. El duelo que sostienen “La Democracia” y “La Correspondencia”, órganos de esas facciones, es de sumo interes para el observador que friamente contempla la renovación que forzosamente se está imponiendo a todas las agrupaciones que hasta ahora han entregado la patria atada al invasor. -Bien, ¿y del momento político en la Unión de Puerto Rico, qué me dice? -Se manifiesta un anhelo de transformación en su seno, que ha resultado sumamente doloroso por estar ese cuerpo político anquilosado. Como elemento gubernamental ha perdido toda su ascendencia moral y para reconquistarla está quizás haciendo su último esfuerzo. El dilema es claro: la vida o la muerte. Con los yanquis o con los portorriqueños. Alea jacta est. La nación portorriqueña exige su redención inmediata y se dispone a combatir el régimen de frente. Nadie aspire a dirigir sus destinos que no esté dispuesto a cumplir con su deber de sacrifico por la causa de la independencia patria.
-Si la próxima asamblea de la Unión se define por la Independencia como única solución política para Puerto Rico, ¿qué haría el Partido Nacionalista?
-El Partido Nacionalista es la patria viva, y resuelta a emanciparse inmediatamente por su propio esfuerzo. No entiende de aplazamiento para su redención de la ocupación militar que la azota.
Eso mismo, seguramente, habrá de decir la Asamblea que celebre como única finalidad la independencia—pienso yo.
El Sr. Albizu Campos continua hablando de su partido. Yo escucho con respeto:
-Hemos hecho el compromiso público de no cooperar con el régimen. Rechazamos los cargos ejecutivos. Nos limitamos a aceptar las posiciones electivas que emanan de la voluntad popular. Tan pronto recibamos el sufragio de las mayorías proclamaremos la constitución de la República a las veinte y cuatro horas de haberse efectuado las elecciones. Tales son las disposiciones terminantes de nuestro programa. Cualquier declaración que de independencia haga una facción gubernamental como lo es el Partido Unionista, nos alegrará porque es un reconocimiento formal de la conciencia nacionalista que hemos formado en el país. El nacionalismo tiene un depósito sagrado. Ninguna maniobra política que se haga, por cualquiera otra agrupación, lo moverá de su trayectoria definitiva hacia la consecución inmediata de la emancipación de la Patria. Tenemos un ideario político diáfano y que resiste análisis a la luz meridiana. Nuestra táctica es resolutiva. Es necesario que militen en nuestras filas hombres y mujeres abnegados y valientes. Vamos a resolver sin mayor dilación la supresión de la ocupación militar norteamericana en Puerto Rico.
-¿No uniría sus fuerzas el Partido Nacionalista a las de la Unión de Puerto Rico, no separándoles ya diferencias de ideales?
-El nacionalismo ha mantenido puro el ideal de la independencia. No permitirá mixtificaciones del mismo. No tolerará que se le profane utilizándolo como una táctica para ganar elecciones que si resultan victoriosas, sirva nuestra bandera entonces para alfombra de los invasores. Para los que quieran de verdad la independencia de Puerto Rico hay un sitio amoroso para ellos. Vengan a ocupar su lugar en las filas del patriotismo verdadero.
-Entonces habría dos partidos en Puerto Rico sosteniendo un mismo ideal, a mi juicio sería un pugilato entre hermanos innecesario e inexplicable, yo creo que cada día nos dividimos más aquí. Miro con dolor que acaso no pueda realizarse nunca el sueño de mi tío, de unión de los portorriqueños. Muñoz Rivera dió su vida a esa labor. Deberíamos recordarlo.
-No entendemos los nacionalistas de pactos, coaliciones ni alianzas. Esas combinaciones se hacen para atacar el presupuesto y nosotros rechazamos de antemano las posiciones que el invasor ha usado hasta ahora para corromper a nuestros hombres públicos, desmoralizar al país y someterlo a su explotación sistemática. Ofrecemos a los buenos hijos de esta tierra la oportunidad de cumplir con su deber de patriotas. De ellos exigimos nada menos que el sacrificio completo. Juramento que
hay que prestar al aspirar a formar fila en nuestro conjunto. Decía Huyke hace poco que él combatía a Albizu admirándolo y respetándolo. Pienso también que no otra cosa que admiración y respeto puede sentir todo ciudadano justo y honrado ante los hombres del Partido Nacionalista de Puerto Rico. Ahora inquiero del Presidente: -A su juicio, ¿cuáles razones sotienen el ideal de independencia? -Repetiremos aquí lo que hemos repetido tantas veces en otras ocasiones. Que ni por razones morales ni por razones materiales, jamás será la independencia discutible.
- ¿Irá el Partido Nacionalista a las urnas? -Si, señora. El partido cree firmemente que la vía electoral será eficaz para la realización de su programa y así lo ha previsto en su táctica hace más de un año. Los acontecimientos que recientemente han estremecido a la madre patria España, al derrocarse un régimen por la vía electoral, han venido a corroborar la certeza de nuestros procedimientos.
- ¿Irán ustedes solos? -Creo innecesario repetir lo ya dicho. El nacionalismo tiene que mantenerse puro para hacer de todo portorriqueño un patriota dispuesto a todo por la independencia de su país. -Hábleme de su concepto del candidato. -El candidato nacionalista tiene que ser patriota: o sea, estar dispuesto a sacrificarlo todo por la emancipación de su tierra. Valeroso. Integro. Y este es el único candidato al cual deberá votar todo buen portorriqueño. Respaldarlo constituye cooperación efectiva para la emancipación del elector y de su posteridad. ¿Entre las mujeres nacionalistas, cuáles, cree usted podrían señalarse como futuros candidatos? -Esto es asunto que incumbe a nuestra convención. Existen mujeres portorriqueñas valerosas, inteligentes, abnegadas y quizás con mayor disposición al sacrificio que los hombres para asumir la elevada misión de representar el movimiento emancipador en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Hago ahora varias preguntas que el presidente del Partido Nacionalista no contesta. Me dice que es su partido el que tendría que contestarlas. No es posible hacer hablar al señor Albizu cuando cree que comprometería en algún sentido a su partido. Admiro, también esa otra manifestación tan necesaria a un hombre que representa un sector de opinión.
Pasamos a otro punto. Yo pregunto: -¿Tiene usted fe en la intervención de la mujer? -La mujer ha sacudido su modorra. Creadora de la nacionalidad tiene que tener más celo que el hombre por la conservación de la patria en la plenitud de su derecho a ser libre, y tiene que ser enemiga de todo individuo o régimen que pretenda coartar el desarrollo plenario de las oportunidades de que deben gozar sus hijos. Su estirpe ha de ser dueña sin trabas exóticas de los destinos de la patria. La mujer cuando deposite su voto en la urna tendrá que meditar y resolverse a fijar por ese acto la libertad o la esclavitud de sus hijos. No existirá el dilema
para ella. Su voto determinará la emancipación inmediata de Puerto Rico. Hablamos de una renovación total del país. El señor Albizu me dice: -El nacionalismo integral tiene que hacer una patria fuerte, culta, sabia y poderosa. Se inspira para ese elevado fin en las fuentes espirituales de nuestra nacionalidad. Es dogma nuestro que cada portorriqueño sea una fortaleza física, moral, intelectual y espiritual. -¿Cree usted que a nuestra juventud se la educa para eso? -Condenado está nuestro sistema de instrucción pública por propios y extraños que desnaturaliza, embrutece y desmoraliza a nuestra juventud para que sirva de instrumento a los invasores en su política para destruir a Puerto Rico. -De la enseñanza en inglés, ¿qué me dice? -En nuestra reciente conferencia en la Universidad analizamos la barbaridad de imponer la enseñanza en la lengua de los invasores, cosa condenada por todos los pedagogos del mundo. Algunos elementos osados a sueldo del poder ocupante son los únicos que se atreven a dar alguna explicación a este grosero atentado contra la vida anímica de nuestro país. El presidente del Partido Nacionalista ha terminado. Al despedirse, le digo: -Supongo que los nacionalistas asistirán a la asamblea del sábado. El señor Albizu contesta. -Muchos irán en su carácter individual, pero el partido no enviará ninguna comisión. No hemos recibido ninguna invitación hasta ahora para dicho acto. Yo estrecho con regocijo la mano del hombre que con valor y nobleza admirable ha tomado a su cargo la defensa del ideal de la independencia de mi patria. Junio de 1931.
Por Angela Negrón Muñoz
“ES UN ESCARNIO A LA LIBERTAD DEL PENSAMIENTO PRETENDER EN SU NOMBRE QUE SE TOLERE EL USO DE LA PALABRA A LOS QUE LABORAN CONTRA NUESTRA FELICIDAD” DICE ALBIZU CAMPOS
A los acordes de la Borinqueña, se adelantó al procenio el valiente campeón de la causa portorriqueña, don Pedro Albizu Campos recibiendo entusiasta ovación de saludo. El eminente tribuno censuró cláusticamente las actuaciones inconsistentes de los directores que ha tenido el país, la duplicidad y desorientación de las fórmulas consignadas y las profanaciones a la palabra “patria” cometidas en su sagrado nombre, las cuales el Partido Nacionalista no está dispuesto a consentir y no consentirá más. Sostuvo que si bien felicita a los unionistas por la nueva orientación independentista de su programa, imprescindible es que la hagan buena con sus actuaciones siendo la primordial la renuncia a los puestos públicos no dimanados de elección popular pues ellos son fuente de prostitución política y su aceptación una profanación al ideal. No se puede estar con Dios y el diablo. A definirse también en las actuaciones, Dijo que el régimen por su finalidad explotadora, no se ocupa debidamente de las verdaderas necesidades del pueblo, tales como la sanidad y beneficencia públicas. Que infinidad de médicos portorriqueños, con miras egoístas, viven adheridos a ese departamento cuya labor es prácticamente nula. Si la sanidad se ocupara de la salud del pueblo, las carnes en lata que se expenden serían decomisadas de no ser vendidas dentro del plazo necesario para buena conservación. Puso de relieve que los principales panegiristas del régimen son asalariados por el mismo, lo cual explica su devoción al gobierno invasor, y que no sólo perciben personalmente cheques sino que tienen numerosos familiares colocados en el Gobierno, siendo sus ingresos anuales fabulosos. Que es insensato y estúpido pretender que el país tenga tolerancia ante ese espectáculo. Negó a Santiago Iglesias Pantin autoridad para intervenir en la política nacional por ser extranjero y menos con los fines perversos y egoístas que lo hace, Los extranjeros sólo pueden intervenir en la vida nacional de un país extraño con fines nobles como lo hicieron Kosciusko, Palaski, Lafayette, Rochambeau, Lord Byron y otros cuyos nombres la humanidad venera. Pero deben ser rechazados enérgicamente cuando son enemigos de la patria y es por ello un escarnio a la libertad del pensamiento pretender en su nombre que se tolere el uso de la palabra a
los que laboran contra nuestra felicidad. Abordó luego los problemas económicos. Es ridículo decir que si fuéramos independientes perderíamos el mercado norteamericano, pues la inmensa mayoría del comercio aquí es norteamericano y son ellos y no nosotros los que se benefician del mercado de nuestro país… No es menos ridículo preguntar con qué nos sostendríamos independientes. Actualmente no nos sostiene nadie, sino nosotros mismos. El yanqui no mete un centavo aquí que no saque pingues beneficios. El presupuesto lo pagamos nosotros. Con el dominio de nuestros aranceles, podríamos sostener un presupuesto no menor de $20,000,000, amén de los beneficios que reportaría la libre competencia de todas las naciones en nuestro mercado, lo que abarataría el presente alto costo de la vida. Dió la voz de alerta a los cañeros de la gran crisis que amenaza a esa industria, pues Estados Unidos están convirtiéndose rápidamente en nación productora y exportadora de azúcar y su competencia arruinaría a los azucareros de aquí. Finalmente, entró en el terreno del derecho internacional y explicó como el Partido Nacionalista, una vez dueño de los sufragios de la mayoría, constituirá la República y por medio de su servicio diplomático pedirá al mundo entero y a Estados Unidos su reconocimiento como República soberana. Que si Estados Unidos lo deniegan, les llevaremos a un tribunal internacional, donde, de acuerdo con la jurisprudencia sentada en el caso de Finlandia contra el imperio de los Zares de Rusia, triunfará nuestro derecho. Ante el dilema de reconocer nuestra República o tirotear nuestra convención constituyente y asesinar a este pueblo, dijo el orador- a Estados Unidos no les quedará otro recurso que caer del lado de la democracia, justicia y libertad que tanto pregona o afrontar las terribles y fatales consecuencias de su atropello si tienen la osadía de cometerlo. Seremos, pues, libres, si nos determinamos a serlo.
Tremenda ovación acogió las palabras finales del orador y al escenario subieron eminentes personalidades de Guayama a felicitar ardorosamente a don Pedro. Su brillante pieza oratoria ha promovido en Guayama excelentes impresiones anunciatrices del triunfo de la causa emancipadora de Puerto Rico”.
PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA CON MOTIVO DEL 23 DE SETIEMBRE. PEREGRINACION A LARES. PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA CON MOTIVO DEL 23 DE SETIEMBRE, DIA DE LOS HEROES Y MARTIRES DE LA INDEPENDENCIA.
SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL
Dentro de breves días se cumplirá el sexagésimo tercer aniversario de la gesta máxima de los anales patrios en que el sentimiento nacional de independencia se tradujo en hechos y el pueblo portorriqueño desde las montañas heróicas de Lares, inscribió entre las fechas decorosas del orbe el 23 de setiembre. No es el movimiento emancipador de Puerto Rico, que hoy encarna el Partido Nacionalista un movimiento romántico; las ideas filosóficas y jurídicas le sirven de puntales sublimes, pero tiene su ascendencia auténtica en una jornada épica bautizada con sangre y está cimentado en la devoción categórica de los buenos hijos de esta tierra por la causa de la restauración inaplazable de la república. La historia atestigua que la independencia de Puerto Rico, como todos los ideales redentores de la humanidad, tiene sus héroes y sus mártires y nada depurará tanto la conciencia colectiva como la meditación en aquel inmaculado sacrificio, que ha estado y estará siempre por encima de todas las profanaciones, en el propio escenario inmortal de su apoteosis gloriosa. El Partido Nacionalista auspiciará por eso nuevamente este año la patriótica peregrinación nacional hacia la tierra sagrada de Lares que es el tabernáculo augusto de la Patria. Nuestro Partido es el mismo del año próximo pasado por razón de la pureza y la integridad de su ideario, invariable e inmutable como la verdad, pero hoy se presenta coronado por el éxito, en las cumbres, no del poder colonial que desprecia, sino del amor y del reconocimiento y del respeto de propios y extraños, que es lo único que le interesa. Hasta las ideas ambientes del mundo actual nos favorecen, El crecimiento de la conciencia internacional va elevando cada día más al plano de derecho las relaciones entre los Estados que tradicionalmente se resolvían por la fuerza. La libertad absoluta de las potencias se ve cada vez más coartada cuando vulnera derechos de otros Estados. Los pueblos ya, a la par que los individuos, han alcanzado el derecho al
reconocimiento de su personalidad jurídica. La esclavitud de los países cede ante el concepto de la familia de las naciones. Ya es vituperable el solo nombre de “colonia”, y Puerto Rico demanda su ingreso en la sociedad de las naciones. Hemos de tener siempre presente, sin embargo, que la victoria por la causa de la independencia depende exclusivamente de la voluntad nacional que llegue al sacrificio para imponer la justicia y el derecho. Concurra toda la nación portorriqueña a la segunda asamblea nacional que se celebrará en Lares el próximo 23 de setiembre a rendir un tributo de honor y gratitud y al mismo tiempo de solidaridad y desagravio a los próceres del 68, que encendieron en Puerto Rico, antes que los cubanos en Yara, el fuego santo de la libertad de la Patria, haciendo fulgurar en nuestro cielo el resplandor de la espada de Bolívar. Dada en la ciudad de San Juan Bautista de Puerto Rico a los 15 días de setiembre de 1931, año 63 de la proclamación de la república. La Junta Nacional, Partido Nacionalista de Puerto Rico.
P. Albizu Campos, Presidente
Manuel Rivera Matos, Secretario General
LOS ACTOS CELEBRADOS POR EL PARTIDO NACIONALISTA EN LA CIUDAD DE LARES EL DIA VEINTITRES DE SETIEMBRE EN CURSO
HABLA ALBIZU CAMPOS Cuando fue anunciado para hacer uso de la palabra el Presidente del Partido Nacionalista la música tocó La Borinqueña mientras el público puesto de pie tributaba delirantes aplausos que se prolongaron por varios minutos. “La tendencia humana es ser parasitaria. Sólo una concepción espiritual de la vida nos eleva a la ofrenda de lo que poseemos por una causa justa. Nuestro pueblo en su decadencia moral es un pueblo parasitario. Pero esta apoteosis no es un acto parasitario. No venimos aquí a levantar un mito, ni a vivir una gloria pasada. Es muy fácil hablar de las glorias ajenas, pero eso no hace glorioso al que habla. Venimos aquí como un acto de consagración a los principios que informaron a los hombres del 68. “Amamos y adoramos a la patria como una diosa. La última partícula de nuestro suelo es cosa sagrada y no permitiremos que manos extrañas lo profanen. Pero más alto que ese culto es el culto de nuestros progenitores y no permitiremos que manos extrañas lo profanen. Ellos representan el simbolismo de la vida que poseemos y de nuestra grandeza ante la Eternidad. Los pueblos que no conocen a sus progenitores, son pueblos sepultos, son pueblos muertos. Nosotros al rememorar hoy su memoria, resultamos indignos sucesores de su memoria. Los pueblos son ingratos porque los hombres son ingratos; así nuestro pueblo no conoce los descendientes de aquellos grandes hombres. Y tenemos que honrar su memoria en su misma carne”. Entró luego el orador a hacer un análisis sobre la trascendencia de la personalidad. “El problema de Puerto Rico”, dijo, “es el problema de su personalidad. No hay responsabilidad donde no hay ejercicio de poderes. Un pueblo gobernado por un poder extraño es un pueblo irresponsable”. Dijo que Puerto Rico estaba en las condiciones de un loco que no tiene personalidad ante la ley por ser un ente irresponsable y se le pone un tutor para administrarle los bienes. “El imperio dice a la colonia: “yo ejerzo el poder porque eres un