Dios, que creó la arcilla para el vaso de la humanidad, depositó en ese vaso la dicha de su gracia, dando a entender su voluntad infinita que la materia tendrá que acoplarse a la trascendencia de las cosas, con el fin de establecer, al amparo de la piedad, el equilibrio del amor.
Se explica, por arte de cariño, que hayan surgido a la luz del mundo las figuras evocatrices de lo supremo; figuras, en su mayor línea, que han padecido la obstinación del canto: poetas, libertadores, mártires y santos.
A la categoría de los poetas pertenecen los libertadores, los mártires y los santos, y así medidos en clave de resonancia, no es de dudar que el desprendimiento se apodere de todos ellos, que son como besos errantes de Dios.
De ellos se apodera la renunciación. En lo que existe un giro de imaginación, una levedad, ellos renuncian al valladar de la materia y alcanzan con la gracia del espíritu. Ascienden más cuanto más el dolor hunde su acicate en la entraña de la vida y logran extasiarse, redimirse, emanciparse de lo temporal, conquistando el fruto agridulce del apostolado.
Para las almas que superan la asfixia de lo efímero, el apostolado es una meta. En ella se recrea el esfuerzo, trasmutándose en armonía. Es una música perfecta el apóstol, y de ahí que sólo sea lícito el parangonar a los espíritus de luz en un plano de santidad.
Sin embargo, la materia no rehuirá el parangón. Inclinada al peso y a la medida, su naturaleza forma número, suministrando ángulos tangibles. La materia es casi siempre una tangente por donde escapa el soplo de la vida a ocupar su espacio de infinito.
No quiere esto decir que carezca de infinitud el espíritu del apóstol, mientras lo encarcele la garra de la materia; infinito es y será, y, consecuentemente, su misión consiste en embellecer su vaso de arcilla, con el resplandor de su aureola.
En este caso explícito, el apóstol está obligado por la ley suprema a sacrificarse positivamente, pues el despilfarro de su belleza ocasionará al mundo el movimiento pendular de la muerte; en vez de constituir la piedra de toque de la fecundidad, se trocará en fuerza negativa, que arrastra e inunda; y lo que pretenda salvar con su ejemplo, concluirá en el desastre, víctima de su propia vorágine espiritual. Se impone, pues, la previsión, el tacto angelical de los ungidos, para no sacrificar -al ser sacrificado en aras de una idea- lo que de santo protegemos con la corona del martirio. Y esa protección toma raíz desde el momento que el apóstol renuncia a la pasividad, haciendo honor al sentido artístico de su obra, porque en lo positivo de la acción encuentra efecto la causa de la virtud apostólica. Acción, acción, ahí tenéis el paso marcial de la hermosura.
Y no es que no haya acción en la penitencia de un hombre que ayuna. Acciona con maestría el estoicismo del profesor Clemente Pereda al declarar una Semana Santa de ayuno, cuando la impiedad propina su manjar amargo. Acciona individualmente ese hombre, mientras prueba el dolor de todos y se limpia el sudor de Puerto Rico con la promesa realizada de su virtud. Acciona contra la felonía de los esbirros, e iluminado de esperanza, traza a la juventud un derrotero de corazón. Acciona con paso nazareno y su actitud infunde envidia al bronce que no nació con la figura de los libertadores.
Es la elocuencia de la Patria. Aquellos que la apostrofan, por el placer de rodar uncidos al carro de oro de la gula, la desconocen. Pero él, que constituye una admiración para la historia, acopla su materia a la trascendencia de las cosas, superándose en lo insuperable. Poco importa la conducta del mal, ni sobre la osamenta del mundo desciende el bautismo del bien, como una lluvia de libertad.
No podrá oponerse al ímpetu de la ley suprema los que acorralan el cuerpo de la patria, deseando devorarlo. Mientras ellos, ahitos de inconsciencia, se embadurnan las manos con el brillo de la prebenda, y bendicen las cadenas que ensombrecen la civilización contemporánea, el dedo de Dios sigue señalando el destino de los pueblos. Mientras ellos aceptan cándidamente el ANEXIONISMO (la estadidad) repudiando los postulados del Derecho Internacional, que reconoce en él un suicidio colectivo, y mancilla el derecho público y privado y el nombre de la Nación, en virtud de los cuales nadie está en el derecho de ser esclavo y mucho menos en el de violentar a nadie, esclavizando su cuerpo y su alma; mientras ellos violan las leyes humanas y divinas, ocupando el puesto aborrecible de la más alta traición. Puerto Rico seguirá su marcha triunfal hacia la gloria de su INDEPENDENCIA.
Para realizar esa marcha de milagro hasta medir la fe de los hombres que sufren en nombre de la libertad; y compenetrados de su sacrificio, hasta que cada hombre cristalice en su corazón la figura del apóstol. No es lícito esperar que otros se sacrifiquen cuando carecemos de voluntad para superar el sacrificio con las armas en la mano. El tiempo ha llegado en que cada portorriqueño está en el deber de ser apóstol de su propio encendimiento moral.
El profesor Clemente Pereda principió la misa del hambre el día 24 de marzo y se levantará de su suplicio el Sábado de Gloria. Abrigamos la dulcísima esperanza de que levantará de su calvario gloriosamente, y con tal motivo el Nacionalismo Portorriqueño, depositario de la fe de los libertadores de América, anuncia a la Nación que en ese día de Resurrección, 31 de marzo, -santo en los anales de la Iglesia y en los de la Patria- Puerto Rico está en el sagrado deber de rendir su homenaje al profesor Pereda, demostrando con ello que la gracia de Dios sustenta a los que saborean el mendrugo del hambre, teniendo como emblema el culto a la Libertad.
A las 6 a.m. del 31 de marzo -día en que el profesor Pereda se ceñirá la gloria de haber concluido su penitencia voluntaria- se concentrarán en la Plaza de Armas de esta capital de San Juan Bautista de Puerto Rico todas las delegaciones de la Nación y se espera que el acto revista toda la majestad de una santa Resurrección.
Dada en San Juan Bautista de Puerto Rico el día 28 de marzo de 1934, año Sexagésimosexto de la Proclamación de la República. Partido Nacionalista de Puerto Rico La Junta Nacional P. ALBIZU CAMPOS Presidente JOSE LAMEIRO Secretario General