Unidos. La Convención se mostró unánime. Repudió el ultimátum del Departamento de Estado yanqui. Vinieron las negociaciones. El invasor yanqui omnipotente tuvo que ceder en alguna de sus pretensiones vitales. Tal es la fuerza del derecho ante el agresor mismo. Asintió Estados Unidos que Cuba pudiese hacer tratados libremente con todas las potencias. Sin ese poder no existe la independencia. Fueron inexorables, sin embargo, en sus pretensiones sobre la Isla de Pinos y en sus pretensiones al privilegio de intervención. Consintieron en arrebatarle a Cuba solamente una base naval: la de Guantánamo. Creyeron los norteamericanos que con lo arrebatado a Cuba podían asegurar la anexión futura de la República a Estados Unidos. Inmediatamente, y con su espíritu de perro de presa, se pusieron a laborar para destruir la Independencia que acababan de reconocer. Veamos el proceso.

III

La enmienda Platt sentaba las bases para la hegemonía norteamericana, política, económica y militar en Cuba. Además asegura a Estados Unidos el libre tránsito al Golfo de Méjico sobre cuyas aguas termina la vasta cuenca del Misisipi, la región más rica de Norte América. Y al contrario, su hegemonía en Cuba constituye un peligro para Méjico cuyo comercio atlántico tiene que pasar forzosamente entre Yucatán y la provincia cubana de Pinar del Río o entre la Habana y Cayo Hueso. Con su base naval en Guantánamo dominan todo el comercio internacional vía a el estrecho entre Cuba y Haití hacia Centro y Sur América. Que esas han sido las intenciones de Estados Unidos, lo prueba las repetidas declaraciones de tratadistas norteamericanos sobre el privilegio de intervención que les concede el tratado permanente. Alegan que Estados Unidos en su calidad de garantizador de la Independencia de Cuba, es el único intérprete de las situaciones que justifiquen una intervención. La consecuencia de esta pretensión, impondría a Cuba una intervención norteamericana cada vez que se viesen amenazados los intereses yanquis por Cuba o por otras potencias. El patriotismo cubano, informado por pura doctrina jurídica, ha rechazado estas arrogancias norteamericanas, señalando con razón que, si existe un tratado entre Cuba y Estados Unidos, su interpretación tiene que ser bilateral. La doctrina contraria, establecería que no existe

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tal tratado, sino la imposición norteamericana en Cuba, consignada en la enmienda Platt.

No bastaba al egoísmo norteamericano el goce de estas enormes ventajas arrancadas por la fuerza a sus víctimas cubanas. Había que arrancar de manos de los cubanos todas las riquezas de su patria para que ésta fuese de propiedad norteamericana. Así los invasores obstaculizaron por todos los medios la consignación de un artículo en la Constitución cubana que prohibiera a los extranjeros poseer bienes raíces en la República. En ese respecto, cubanos y extranjeros quedaron en pie de igualdad ante la Constitución, pero, dada la disparidad de fuerza económica, entre Cuba y Estados Unidos, era de esperar que los invasores arrollaran a los nativos. En el 98, el único interés que tenía Washington en Cuba se reducía a sus pretensiones estratégicas y a la adquisición de los bienes cubanos. Para llegar a esos fines, los invasores estaban dispuesto a imponer a Cuba la anexión, de cuya calamidad se salvó la Gran Antilla por su legendario patriotismo. Se probó una vez más que el imperio no se ejerce nunca por razones sentimentales sino para satisfacer egoísmos materiales colectivos de la nación invasora o de la clase privilegiada que rige sus destinos. Bajo esta enorme presión norteamericana, la riqueza más valiosa de Cuba ha pasado a manos norteamericanas. Facilitó el proceso el tratado comercial entre Cuba y Estados Unidos que concede una rebaja del veinte por ciento en los tipos arancelarios de ambas naciones a la importación procedente de la una a la otra. Pero, como el capital dominante en Cuba era norteamericano, la bonificación arancelaria beneficiaba casi exclusivamente a los intereses del invasor y aumentaba su codicia para adquirir las tierras, frentes marítimos, vías de comunicación y dominar la banca cubana.

El cubano se ha ido empobreciendo rápidamente, sin distinción de clases. El número de familias acaudaladas de la gran Antilla se va reduciendo violentamente debido a esta invasión demoledora. Los grandes ingenios norteamericanos procuran importar peones baratos para bajar el salario del trabajador cubano. La gran Antilla se encuentra en una situación económica desesperada. El desarrollo de la industria azucarera en Estados Unidos y en las naciones bajo su imperio como Filipinas y Puerto Rico que son víctimas del cabotaje libre, de beneficio casi exclusivo para el capital norteamericano, ha desarrollado intereses capitalistas yanquis en competencia con intereses de la misma nacionalidad en Cuba. Acabamos de presenciar la gran lucha arancelaria que estos intereses encontrados han librado en Washington durante la discusión del proyecto de ley últimamente aprobado, sobre el arancel. El tratado de reciprocidad que concede una bonificación recíproca de veinte por ciento en los tipos arancelarios está todavía en pie. Pero se ha elevado el tipo arancelario sobre la azúcar no producida bajo el imperio de su bandera a dos dólares quintal. Con esta protección que les

brinda el nuevo arancel los capitalistas yanquis dentro del marco arancelario norteamericano, han asestado rudo golpe, a los capitalistas de su misma nacionalidad dedicados a la misma industria en Cuba. Será difícil que el azúcar cubano pueda mantener una posición de beneficios en el mercado norteamericano, y según vaya aumentando la producción continental yanqui, estimulada por este elevadísimo arancel, y en las naciones bajo ocupación militar norteamericana como Filipinas y Puerto Rico, forzosamente disminuirá la entrada de este producto cubano.

Se ha necesitado el rudo choque entre bandos de egoísmo yanqui, para que Cuba pueda reconquistar la libertad para regular su propia economía en cuanto a la industria azucarera. No podemos decir lo mismo sobre el tabaco, siempre necesario en el mercado norteamericano por su superior calidad, de las frutas citrosas y de los productos de hortaliza, en demanda durante el invierno en Estados Unidos. Siempre el capital invasor tendrá incentivos para continuar en su avanzada, aunque un tanto enfriados con la política arancelaria en productos agrícolas que acaba de iniciar Washington al aprobar recientemente el nuevo arancel.

El agricultor yanqui exige que se establezcan murallas chinas alrededor del imperio tan altas como las que hoy protegen a la industria fabril norteamericana. La llamada es fuerte al capital yanqui para que se abstenga de invertir dinero en países fuera del marco arancelario de Estados Unidos.

Y aunque entre Cuba y los invasores continúa el tratado de reciprocidad con una bonificación recíproca de veinte por ciento en materia arancelaria, el Congreso yanqui puede destruir los efectos de esta ventaja legal consignada en el arancel, elevando el tipo arancelario a una cantidad tan alta, que rebajada de ella el veinte por ciento, el montante a pagar por los productos de procedencia cubana al entrar en puerto norteamericano, sería tan elevado, que la mercadería no podría competir con la producida dentro del cuadro arancelario yanqui.

Los efectos de esa política agraria sin duda beneficiarán a Cuba porque obligará a la nacionalización de las inversiones actualmente existentes. Así lo ha entendido, el sabio patriotismo de aquella República.

Nadie sabe, sin embargo, las sorpresas que en materia económica guarda Estados Unidos contra Cuba debido a los privilegios que le concede la enmienda Platt.

La supuesta protección norteamericana de nuestra hermana Antilla ha traído por consecuencia la enorme explotación que agobia a la nacionalidad cubana. Nación “protegida”, nación agredida y explotada por el supuesto protector.

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DEFENSA DEL PROTECTORADO FRENTE A LA AGRESION DEL TIRANO

1

El protectorado es una agresión en plena paz contra una nación indefensa. La independencia de una nacionalidad no depende de sus relaciones exclusivas con el poder que la sojuzga. Es la resultante del equilibrio internacional. Cuando éste favorece al opresor, continúa el coloniaje; cuando el equilibrio internacional está contra el imperio, éste se ve obligado a su reconcentración para su propia defensa, y la retirada de sus fuerzas de la colonia, deja a ésta en libertad de acción para organizar el Estado soberano e independiente. En este equilibrio internacional, en cuanto a la independencia de la nacionalidad se refiere, la voluntad inconmovible de la nación sujeta al coloniaje, para constituirse en estado libre soberano e independiente, cueste lo que cueste, vidas y haciendas, es decisiva. Por esa razón, toda nacionalidad bajo imperio exótico, tiene que recurrir a su organización en todos los órdenes, en la presencia misma del invasor, para darle el golpe efectivo cuando la situación internacional se presente difícil para el opresor. En una palabra, la colonia no puede cruzarse de brazos, sin definirse bajo el imperio mismo y sin organizarse, porque correría el riesgo de pasar a ser botín de guerra, de un coloniaje a otro coloniaje. Ese apotegma no tiene excepción en la historía de la constitución de las nacionalidades. Recomienda la independencia, sin embargo, impuesta por la voluntad de la nación sometida y por las fuerzas internacionales que cooperaron a esa obra, puede quedar a merced de la voluntad de uno o más de sus presuntos aliados frente al anterior imperio. Tal es el caso de Cuba después de la guerra Hispano-americana. Fué explícito el deseo de Estados Unidos de anexarse a Cuba, pero, temieron a la determinación cubana de hacer respetar su independencia por medio de una nueva guerra, si era necesario, contra Estados Unidos. Temieron los yanquis también a las complicaciones internacionales que hubieran surgido si se hubieran atrevido imponer la anexión por la fuerza, como hubiera sido necesario, frente a la hostilidad manifiesta cubana a sus pretensiones absorbentes. Les fué más fácil a los invasores recurrir al protectorado. Pudieron salvar así gran parte de sus egoísmos materiales sin obligar a los cubanos a un nuevo levantamiento y sin atraerse sobre ellos un ataque bélico de potencias interesadas. Cuba comprendio entonces la lucha para su liberación de esa “protección”. Empezo por destruir el sentimiento anexionista dentro de sus fronteras. Esta empeñada actualmente en la reconstrucción de la unidad moral y racila de la nacionalidad. Debido a la influencia nociva de Estados Unidos, el primer gobierno republicano presidido por Estrada Palma, cometió el grave error, de dividir a Cuba en dos clases

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sociales, negros y blancos. Estrada Palma sentó las bases de ese cisma social cuando decretó que se excluiría del Cuerpo de Artillería cubano a todos los ciudadanos que no fueran blancos.

Todos sabemos la división racista que existe en Estados Unidos en las propias instituciones armadas. Aquí en Puerto Rico existe un regimiento de el ejército norteamericano del cual están excluidas todas las personas que no sean blancos, y existe una guardia armada, mal llamada Nacional y de Puerto Rico, en la cual no puede haber ningún oficial que tenga sangre africana, si bien son admitidos como soldados y clases aún negros, mulatos y mestizos.

Esta exciusión de las fuerzas armadas de cierta raza, no obedece a un prejuicio torpe. Es el plan preconcebido para mantener la hegemonía de una raza sobre otra. Se repite en el orden interno lo que sucede en el orden externo: para mantener el coloniaje se requiere mantener armado el imperio que lo ejercita y desarmada y desorganizada militarmente la nación sometida; así en el orden interno, para que una raza pueda dominar a otra, sin derecho alguno, la raza dominante, se posesionará de las instituciones armadas, ejército, policía y marina, y de estas instituciones se excluirá a la raza o razas condenadas a una vida social, política, económica y cultural de inferioridad, vistiendo a algunos de sus miembros con uniforme militar solamente en cuerpos especiales que sean una minoría en los institutos armados y, a pesar de eso, en calidad de soldados de fila o meros subalternos.

Es aquello del apotegma político de que el poder es del que posee las armas y sabe esgrimirlas para imponerse.

El caso de Puerto Rico en este orden de cosas lo trataremos oportunamente en nuestro estudio de sociología patria contemporánea.

Volvamos a Cuba. Esta división en Cuba era completamente suicida. El ochenta por ciento de el Ejército Libertador Cubano lo componían negros, mulatos y mestizos, incluyendo en su número a su altísimo comando, representado en la personalidad inmensa de Antonio Maceo. Solamente el veinte por ciento podría estimarse como blanco.

Excluir de las fuerzas armadas de la República a los hombres que la habían constituido y acostumbrados a la disciplina de las armas y al sacrificio de la vida misma por la patria, era colocar de antemano a la nación en completa indemensión, y crear el cisma más grave que puede establecerse en un país: el cisma racista.

Dijimos que con el protectorado Estados Unidos sentaba las bases para la anexión, y entre ellas figuraba forzosamente, la imposición en Cuba de la división social que existe en Estados Unidos. Se reprodujo en la hermana Antilla el cuadro espantoso y bárbaro prevaleciente en casi todo Estados Unidos. Cuba tuvo que pasar por la verguenza de una guerra racista.

Con el abatimiento del anexionismo en Cuba al despertar la conciencia intelectiva del valor de la nacionalidad, ha surgido el programa de la reconstrucción nacional social que no es otro que el de la unificación de todos los cubanos.

Tuvimos el privilegio de ser testigos de la amorosa confraternización de los dos grupos más poderosos actualmente de la intelectualidad

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cubana: el Club Atenas de la Habana, compuesto casi en su totalidad de hombres cultísimos que son mulatos, negros o mestizos, y del brillante Grupo Minorista, casi integrado en su totalidad por elementos blancos. Planteado este grave problema por nosotros francamente en la ciudad de Cienfuegos, en la noche del siete de diciembre del 1927, al clausurar la velada en homenaje a los mártires de la independencia cubana, aniversario de la muerte de Maceo, y a invitación de la sociedad cultural Minerva y de las autoridades de aquel importantísimo municipio, pudimos servir, por el amor que a la causa de la Independencia Patria que en aquel momento representábamos, de núcleo de la organización que habría de abordar con valentía, sabiduría y patriotismo, este grave problema que por sí sólo era suficiente para dar parálisis a toda actividad nacional cubana. En la Habana tuvimos el inmerecido honor de un homenaje colectivo en la tierra del apóstol Martí, al cual concurrieron las figuras más brillantes de la intelectualidad contemporánea cubana, sin distinción de raza. Esta política perversa había llevado a los gobiernos cubanos a preferir a elementos extranjeros, siempre que estos fueran blancos y a postergar a los elementos básicos de la nacionalidad por el sólo hecho de llevar sangre africana en sus venas. Como no puede existir patria ni grande ni chica con semejante cáncer en la entraña, el nacionalismo cubano actual, que forzosamente es integral y no puede entender de otra cosa que no sea la unidad nacional, fundada en los principios de igualdad y fraternidad de los elementos étnicos que la integran, ya está empeñado en esta obra de renovación para revivir en carne viviente, los vínculos de amor que unieron en vida a Martí y a Maceo y que todavía los une en la eternidad.

11 Cuba forzosamente pasó a ser beligerante contra Alemania en la guerra mundial. Tenía que seguir el curso de su “protector”, Estados Unidos. Tal es la suerte de todo protectorado cuando el imperio se enfrenta con poderosos enemigos. Las consecuencias de esa participación pueden ser fatales para el protectorado si el imperio que mantiene hegemonía sobre él sufre una derrota. Y si la victoria sonrie al “protector”, el protectorado nunca saca nada beneficioso para sí de esa contienda. En lo económico, Cuba tuvo que hacer grandes sacrificios, mayores en proporción a su riqueza que los que hizo Estados Unidos. Cuando los

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norteamericanos imponían sus precios exorbitantes a sus mismos aliados para arrancarles la última peseta, velaron de que Cuba limitara el precio de uno de los productos más necesarios, y que constituyen la base económica cubana, o sea el azúcar, a ocho dólares quintal. La ganancia que Cuba hubiera podido hacer si hubiera estado libre de protectorado, hubiera sido fabulosa. Hay que tomar en cuenta, que, mientras los yanquis solicitaban para sí y para los aliados ese privilegio, nada en compensación se ofrecía a Cuba. La mercadería norteamericana necesaria para el consumo cubano llegó a precios exorbitantes debido a la gran demanda internacional que produjo la guerra en el mercado norteamericano. No es de olvidarse que la producción europea para exportación había disminuído enormemente, quedando muchas naciones del Nuevo Mundo, a merced de las exigencias del comercio norteamericano en ciertas mercaderías necesarias para su consumo. Así Cuba no pudo capitalizar el valor de su producción durante la crisis bélica a pesar de que el azúcar y sus demás productos eran imprescindibles para los beligerantes. Por su sacrificio en la guerra mundial, sin embargo, encontró Cuba su defensa contra el imperio norteamericano. Ratificó el tratado de Versalles cuando había sido repudiado por el Senado de Estados Unidos. Ingresó en la Liga de las Naciones frente a la oposición norteamericana. La posición internacional de la gran Antilla se reforzó. Cuba asestó un golpe maestro en la enmienda Platt. Su interpretación no podía ser ya según el capricho de los invasores. Nuestra hermana Antilla, como miembro de la Liga de las Naciones, puede actualmente mover esa poderosa institución mundial, por propio derecho, si Estados Unidos pretendiera lesionar sus intereses vitales, más allá de lo que prescribe el tratado que rige las relaciones entre las dos naciones. Interesadas las naciones que componen la gran Liga en contrarrestar la hegemonía norteamericana sobre Cuba, no han escatimado a ésta las posiciones que pudiese darle prestigio universal. Cuba ha correspondido a esa confianza nombrando para su representación en Ginebra y ante el Tribunal de La Haya a hombres doctos que, cumpliendo con el deber impuesto, han servido a la causa del patriotismo, ya sirviendo como jueces o árbitros en situaciones delicadas de la vida mundial, o presidiendo la Asamblea misma de la Liga de las Naciones. Prestigio adquirido es prestigio ensanchado. Así Cuba, del reconocimiento de su grandeza otorgado en Ginebra, pasó a ser la favorita de sus hermanas de América para que la Habana fuese la sede de los congresos Pan-americanos. Y mayor sería actualmente su ascendencia en el Nuevo Mundo si no fuera por los errores de yancofilia que hasta última hora estuvo exhibiendo el presente mandatario de la República. La posición adquirida, ha servido a Cuba para rescatar de las garras yanquis la Isla de Pinos después de larga lucha en que se creyó que la gran Antilla perdería sobre aquella preciosa Isla la soberanía a que tenía derecho. Cuba ha seguido negociando tratados comerciales con diferentes

potencias, para su propia conveniencia, sin temer a las ingerencias norteamericanas. La opinión política yanqui, no ha mucho, se sintió alarmada ante las perspectivas de un consorcio internacional azucarero presidido por Cuba, que desgraciadamente no ha podido entrar en vigor, debido a la influencia negativa de los intereses holandeses. Cuando Estados Unidos interpretó el tratado postal en forma que lesionaba los intereses cubanos, la República hermana no titubeó en rehusar renovarlo, a menos que no se tomasen en consideración sus legítimos intereses económicos para gozar de la reciprocidad mercantil con Estados Unidos. Acaba de entrar en vigor el nuevo arreglo sobre bultos postales que permite colocar por conducto del correo, entre otras productos, cigarros, elaborados en Cuba. La influencia en la economía nacional de este nuevo acuerdo se ha hecho sentir inmediatamente con la confianza restablecida en las industrias afectadas. Al elevar Estados Unidos su arancel últimamente en la forma que ya hemos analizado y que le quita a Cuba todo el beneficio que pudiese reportar la bonificación recíproca arancelaria del veinte por ciento, la gran Antilla ha iniciado el programa de la nacionalización de sus riquezas. El capital norteamericano mismo dentro de sus fronteras, para su propia conservación, tendrá que seguir las normas que afiancen la solidez económica y política del país donde se han formado. El egoísmo del capital extranjero y sus ambiciones imperialistas disminuyen con la terminación del cabotaje libre. Colocar a la exportación nativa en las mismas circunstancias que la exportación de cualquier otro origen en el mercado norteamericano, obliga al capital yanqui, a contribuir como se ha dicho a la transformación de la economía cubana. Se prueba una vez más que para mantener la colonia económica se requiere el coloniaje político en cualquiera de sus formas: ya sea la anexión por la fuerza o el protectorado. Pero cuando el protectorado vuelve por los fueros de sus derechos políticos e internacionales de hecho termina con la ingerencia imperial en el orden político y por consecuencia en el orden económico. No en vano, el presente Ejecutivo cubano ha declarado que la enmienda Platt es un trasto viejo. Por supuesto, para llegar a esa posición envidiable se requiere estatuto internacional, o sea, tener el reconocimiento de la República Libre, Soberana e Independiente.

NACIONALIZACION DE LA RIQUEZA EXTRANJERA 1 El cabotaje libre conviene solamente a la nación superindustrializada. Mientras dure esa superioridad de organización económica, se advoca el libre cambio. Esa superioridad le da dominio del mercado exterior, que se reduce a la exportación de productos manufacturados y de restringido número de materias primas super abundantes dentro de la nación. El grueso de las materias primas necesarias para la vida fabril, forzosamente las importa, que son procedentes de todas las regiones y climas, libres de derecho. Lo mismo se hace con los productos alimenticios. La importación se limita a las materias primas y a los productos alimenticios, y a muy raras manufacturas que consumen solamente las clases más adineradas. Solamente ese último grupo de productos elaborados que constituyen un lujo, son gravados por el arancel. El resto de la importanción que forma la gran parte de los productos extranjeros entra al país libre de derecho. Por supuesto, esta norma no se impone por bondad a los productos extranjeros sino, porque a los mismos intereses fabriles conviene la importación de materias primas libres de derecho, porque eso asegura su bajo costo, lo que representa ganancia sustancial. Y cuando los productos alimenticios ingresan libremente, el costo de vida para el obrero es más bajo y se le puede reducir su salario considerablemente sin provocar su rebeldía, en forma de huelgas, o en cualquier otro modo más enérgico de acción contra el capital que lo explota. Cuando otras naciones organizan igualmente en el campo industrial, en las mismas especialidades fabriles, superándolas en ciertos aspectos importantes, obliga a la nacionalidad a variar su teoría del libre cambio. Tal es el caso de Inglaterra. Super industrialización en comparación con las demás naciones del globo, le dió grandes ventajas. Limitada su importación a materias primas, a productos alimenticios, en las condiciones que hemos señalado, y a mercadería fabricada de excepcional calidad fabril, pudo mantener hasta recientemente una gran ascendencia en el mercado exterior con la exportación enorme de productos fabriles y de la materia prima super abundante en su territorio como es el carbón de piedra, que fué sustituible no ha mucho, en la industria, por la fuerza hidroeléctrica y el petróleo. La manufactura extranjera se ha hecho sentir inmediatamente en los mercados de consumo exterior, disminuyendo así la demanda de productos ingleses. Pero eso no es todo, sino que, en el mismo mercado inglés, muchas manufacturas extranjeras han penetrado produciendo grave competencia a las mismas especialidades británicas. El resultado inevitable ha sido la presente grave crisis económica industrial porque atraviesa actualmente Inglaterra y que la obliga a cambios radicales en su política de libre cambio. Las repercusiones políticas y sociales de la crisis actual ha llevado al

poder al Partido Laborista, sin que hasta ahora se haya encontrado las soluciones adecuadas para sortear las dificultades creadas fundamentalmente por la competencia fabril internacional. Estados Unidos, debido a la paralización parcial de la producción europea, adquirió grandes ventajas en ciertos mercados del exterior. Economistas equivocados norteamericanos creyeron que la ascendencia comercial de su país se debía a la superioridad de su organización económica.

Siempre los aranceles norteamericanos fueron muy altos para proteger la industria nativa contra la competencia externa. Pero a pesar de los altos tipos arancelarios, terminada la guerra europea, se hizo sentir la competencia extranjera dentro de sus propias fronteras arancelarias y empezaron a perder las ventajas que en los mercados extranjeros tenían. He ahí la clave de la miseria en Estados Unidos entre los obreros. Más de ocho millones se encuentran sin empleo actualmente. En la ciudad de Nueva York solamente hay más de un millón que no encuentran trabajo. Son pasto del hambre, la miseria y las enfermedades. El gobierno central, ante la impotencia manifiesta de todos los municipios, de los estados, provincias, ha tenido que intervenir haciendo una gruesa erogación, que ha resultado absolutamente insuficiente.

La clase media que se había arriesgado a los juegos de bolsa se vió arruinada por la súbita baja de los valores. Y como pasa en todo país organizado dentro del sistema plutocrático, ese estado de miseria general beneficia solamente a un reducido número de intereses que han acaparado las fuentes básicas de la riqueza: bienes inmuebles, comunicaciones, frentes marítimos, plantas industriales, minas, etc. A pesar de las declaraciones oficiales que la propaganda yancofila ha mantenido ante el mundo, el obrero norteamericano siempre ha estado sujeto a la explotación de estos grandes intereses, pero su pasividad natural lo había mantenido tolerando la vida miserable y espantosa de los “slums”, o sea, los barrios urbanos como los que existen en Nueva York donde la masa humana se encuentra hacinada en edificios sin luz eléctrica y que por su disposición, en pleno día, no entra la luz solar nada más que en las habitaciones con frente a la calle y la parte trasera de los apartamientos y los zaguanes y pasillos tienen que estar alumbrados con gas día y noche.

No se les pone alumbrado eléctrico porque cuesta más que el alumbrado de gas. En estas pésimas condiciones sanitarias, y tomando en cuenta el clima frío durante el invierno, estos barrios constituyen centros de constantes epidemias y de toda clase de enfermedades. La tuberculosis allí hace estragos. Los grandes intereses se niegan en absoluto a reformar las condiciones sanitarias que causan la muerte de miles y miles anualmente y ningún poder oficial puede alterar esa situación. Para aplacar los resentimientos populares, ya que casi dos tercios de la población de la ciudad de Nueva York, vive en esas condiciones, la filantropía norteamericana hace las simulaciones que todos conocemos por el bienestar público, pero los mismos ‘filántropos” que explotan a ese pueblo, se encargan de velar que las

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condiciones descritas no cambien. Y esa política, se mantiene, porque es la norma necesaria para reducir a la impotencia a la clase obrera para imponerle condiciones de vida y de salario, que las haga sumisas y dóciles al manejo de los grandes intereses. Este es el cuadro fidedigno de la vida urbana norteamericana que puede observar todo viajero no dedicado a la frivolidad sino interesado en los estudios fundamentales de la vida colectiva. En cada ciudad norteamericana existe una verdadera frontera de la miseria. Justa puesta están las zonas de los adinerados y de los infelices. Cuando vayáis a Nueva York, cruzad hacia el este la Quinta Avenida, asiento de la opulencia, para entrar en la zona del hambre, las enfermedades, el crimen y la muerte donde viven forzosamente más del setenta por ciento de la población de la gran urbe. La pasividad obrera ante esta enorme crisis del desempleo producido, como hemos dicho, por la competencia internacional y que se acenturará con las represalias arancelarias que vienen imponiendo las demás naciones a Estados Unidos en contestación a su último arancel, parece que ha llegado a su término. Fuertes corrientes subterráneas de revolución social se hacen sentir y la nación que se creía tan fuerte en lo material la vemos tan pobre como cualquiera otra sin poder dar pan, ni albergue, ni trabajo a tantos millones de sus ciudadanos. El caso de Inglaterra y de Estados Unidos ha demostrado que el libre cambio no es posible sin grave prejuicio de la economía nacional y sin poner en peligro la estructura social y política de la nación misma. Si esta es la situación que se les crea a estos poderes a pesar de la enormidad de sus recursos naturales y de su organización financiera, desearíamos saber cómo una persona que haya meditado un poco sobre estos problemas pueda creer por un sólo momento que el cabotaje libre pueda beneficiar a una nación sujeta al imperio extranjero, completamente atada, y sin poderes políticos de ninguna naturaleza, sometida a un régimen absolutamente irresponsable, sin que sea posible comparar sus recursos con los de la nación ocupante, pueda sobrevivir económicamente y en lo social y político dentro de la muralla infranqueable arancelaria del imperio ocupante. Tal es el caso de Puerto Rico frente a Estados Unidos. Hemos demostrado cómo el cabotaje libre lo que hace es fomentar la codicia del capital norteamericano hacia nuestras riquezas naturales y, cómo un sistema deliberado y dirigido por el gobierno de Washington se ha venido desplazando a los nativos en la posesión de sus bienes y sustituyéndolos por intereses invasores. Hemos visto también que la lucha por la autonomía política o por la Independencia absoluta ha tenido siempre por base la Independencia económica que no es posible sin la Independencia arancelaria y la terminación del cabotaje libre. Cuando una nación se enfrenta a otra gozando ambas de su Independencia política, el capital dominante en cada una de ellas que desea penetrar en la otra tiene que nacionalizarse donde reside. Hemos presentado el caso de Cuba. Estudiaremos la actualidad económica de Estados Unidos que obliga a su plutocracia invasora a nacionalizarse en países competidores de Norte América y cómo los mismos capitales

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norteamericanos, velando sólo por sus propios intereses e importándoles muy poco el bienestar de sus propios conciudadanos, se adaptan a la política de naciones rivales cuando éstas tienen el poder político suficiente para liquidarlos dentro de sus fronteras si no se constituyen en guardianes de su propio bienestar económico, político y social.

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En el 1914 era todavía Estados Unidos nación tributaria. Grandes intereses tenía que pagar al capital extranjero invertido dentro de sus fronteras, especialmente a nacionales franceses, ingleses y alemanes. La guerra europea brindó a los norteamericanos la oportunidad para nacionalizar la riqueza extranjera que los dominaba. No fué posible a los aliados afrontar los pagos por mercaderías yanquis necesarias para la lucha frente al Imperio alemán y rápidamente sus valores fueron pasando a manos bancarias norteamericanas. Esta liquidación terminó en la conversión de Estados Unidos de nación deudora, en nación acreedora de todas las potencias aliadas por una suma que no baja de once mil millones de dólares. Aunque parezca paradójico, la incomunicación de Alemania con el exterior, debido al bloque Aliado, defendió sus intereses externos, porque no pudiendo hacer compras no tenía que hacer pagos y la liquidación de sus intereses extranjeros tuvo que llevarse a cabo por la violencia, Asi se explica la declaración de guerra de varias naciones contra Alemania, y también la ley confiscatoria de bienes alemanes del Congreso de Estados Unidos que sometió a pública subasta a todos los intereses alemanes, dentro de sus fronteras. Para determinar su cuantía, basta decir, que sometidas a condiciones tan desfavorables, arrojaron un haber total de más de dos mil millones de dólares, sin tomar en cuenta el valor de su flota mercante confiscada como presa de guerra. Al filmarse el armisticio, Estados Unidos había quedado acreedora de toda Europa y en una posición ascendente, estimada definitivamente predominante por economistas errados. De ahí surgió la ilusión de contínua prosperidad norteamericana. El supuesto milagro de los altos salarios y gran producción. Para su propia defensa, las naciones deudoras, empezaron inmediatamente a reconquistar su mercado exterior dándole la batalla a la exportación norteamericana. Al mismo tiempo restringían y siguen restringiendo la importación de productos norteamericanos. Las naciones que fueron neutrales durante la guerra, como España, tuvieron que adoptar las mismas tácticas de los aliados norteamericanos convertidos en tributarios económicos de Estados Unidos. El esfuerzo concertado por las naciones más fuertes contra la breve hegemonía económica de Estados Unidos, se hizo sentir inmediatamente en la economía norteamericana, que ha terminado en

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el presente desastre doloroso porque atraviesa actualmente la nación yanqui, sin que pueda predecirse a estas horas la posibilidad de una mejora cercana de su tragedia económica. El capital norteamericano, al llegar a su apogeo, y al encontrar barreras arancelarias restrictivas de la importanción norteamericana, se colocó directamente dentro de las fronteras de los Estados Unidos competidores, invirtiendo gruesas sumas de dinero en plantas industriales.

En el Senado de Estados Unidos, al estudiar actualmente la grave crisis del desempleo en su país, se han dado cuenta de que esta situación depende en parte considerable de la expansión de su propio capital. Son las propias fábricas norteamericanas instaladas en territorio extranjero protegidas por aranceles nacionalistas, las que hacen imposible la entrada dentro de esos territorios de productos norteamericanos. Y la cadena es fácil de formar: disminución en la exportación norteamericana, cierre de fábricas, obreros sin empleo por millones, inquietud social ante la miseria y el hambre, y el temor a la revolución. Ya hemos señalado la ruina de la clase media norteamericana debido a las especulaciones de la bolsa. Con el descenso de los valores, se ha hecho una liquidación nacional en Estados Unidos de los capitalistas más débiles, aumentando en grueso la clase proletaria, y restringiendo el número de la plutocracia concentrando el capital en una forma peligrosa para el equilibrio social.

El capitalismo extranjero ha podido reingresar dentro de las fronteras norteamericanas debido a esa misma baja. Hemos leído con gran interés la nueva penetración del capital inglés especialmente en la industria petrolera, hecho significativo, tanto desde un punto de vista económico como político-internacional. Esta situación no hubiera sido posible imponérsela a Estados Unidos, si sus competidores grandes y chicos no hubieran tenido independencia política. Cuando se goza de la plena soberanía y se sabe ejercer los poderes que esa privilegiada situación concede, el capital extranjero, si quiere continuar dentro de las fronteras nacionales, tiene que marchar al unisono con los intereses nacionales, aunque estos estén en conflicto con la nacionalidad de su propio origen. Tal es el resumen de la situación que acabamos de analizar. ¿Puede Puerto Rico nacionalizar la riqueza extranjera actualmente? Imposible. Explicaremos.

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111 La nación no puede existir sin la posesión de toda su riqueza material. La agricultura, la industria, el comercio, las comunicaciones, franquicias y toda forma de riqueza tiene que estar en manos nativas para poder asegurar la vida de la nacionalidad. Las compañías de seguro, las instituciones bancarias, y todo organismo dedicado a la movilización de la riqueza, forzoso es que pertenezcan a intereses nacionales.

Si para adquirir independencia económica, dentro del coloniaje, hay que imponer la independencia política, por las armas, si fuere necesario, cuando la nación goza de su plena soberanía, para garantizar su existencia como estado independiente, tiene que nacionalizar su riqueza y no permitir que elementos extranjeros se adueñen de ella.

La vida moderna, a pesar de las relaciones internacionales económicas no ha podido alterar fundamentalmente este dogma que garantiza la existencia misma de la nacionalidad. Ni el intercambio comercial ni el flujo y reflujo de las emigraciones han podido imponer un criterio distinto a los estadistas dirigentes de naciones libres o sometidas a imperios.

Cuando la nación tiene poca población y gran extensión territorial y cuantiosas riquezas materiales, es natural que estimule la inmigración extranjera. Pueden venir hombres o capitalistas extranjeros.

La posesión de bienes raíces, el otorgamiento de franquicias de cualquier naturaleza, se condiciona siempre, cuando de un extranjero se trata, de que éste, antes de recibir tal derecho, o se haga ciudadanos nativo previamente, o formule las declaraciones de rigor ante tribunal competente de que tan pronto llene los requisitos de residencia, renunciará inmediatamente a su ciudadanía de origen.

Cuando se otorgan estos privilegios a personas jurídicas o naturales extranjeras, porque así los intereses nacionales lo demanden, siempre se sientan las condiciones, de que la concesión, dentro de plazo fijo, forzosamente vuelva a manos nativas.

Este apego a los intereses materiales de la nacionalidad lo impone la necesidad misma de la existencia física de

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