La nación está en pie y serenamente contempla a los que, amparados en la fuerza, tienen la osadía de proclamarse a sí mismos árbitros de sus destinos. Mr. Roosevelt lleva quince meses administrando a Puerto Rico. Como era de esperarse, lo único que ha hecho es continuar la política trazada por sus antecesores para demoler la economía de Puerto Rico, y así convertir a una gran nación de ciudadanos libres y felices, en una manada de peones, en un batey azucarero a merced de los capataces yankis. Mr. Roosevelt ha aumentado las contribuciones de consumo que paga el pueblo, en la respetable suma que asciende a más de veinticinco millones de dólares anuales, para enriquecer al industrial y al agricultor de su país.
Dentro del cerco arancelario yanki, Puerto Rico ha perdido todo su balance comercial favorable, que ha ido a parar a las arcas yankis, suma que asciende a unos cuatrocientos millones de dólares en treinta y cuatro (34) años. Dentro del mismo régimen de monopolio comercial yanki, obligados a vender al precio que el enemigo imponga y a comprarle al precio que nos dicte, cálculos conservadores arrojan una pérdida para Puerto Rico para el mismo período de tiempo de unos seiscientos millones de dólares.
La Administración de Mr. Roosevelt no ha creído suficiente ese tributo de mil millones de dólares durante la presencia de las fuerzas militares yankis en Puerto Rico, y sube el tributo a razón de unos veinticinco millones adicionales por año.
Estados Unidos siente su aislamiento internacional, la pérdida de sus mercados y las preocupaciones de una crisis social. La oligarquía financiera yanki había perdido su prestigio popular, y Mr. Roosevelt lo ha restaurado en breve plazo. Las masas obreras, con doce millones de hombres sin trabajo y sin oportunidad para organizarse ante el poder absoluto del capital, se hallan en peores condiciones que antes de llegar él al poder, debido al alza de los productos de primera necesidad sin la correspondiente alza en los salarios. Las huelgas se resuelven en la forma tradicional yanki, ametrallando al pueblo; y antes de darle de comer a los indigentes, los alimentos se destruyen para que suban de precio, y el consumidor pagará al capitalista el costo de la reducción. Las masas ignaras yankis están anestesiadas con el verbo melifluo del presente ocupante de Casa Blanca.
En las relaciones exteriores, no ha habido esos triunfos, a pesar de las declaraciones de “buen vecindario”. El imperialismo yanki quiere consolidar lo que tiene y ha simulado concesiones en Cuba, Nicaragua y Haití. Su ambición siempre está a la orden del día y su Prensa revela sus verdaderas intenciones en Colombia.
Viene Mr. Roosevelt a Puerto Rico de paso para Haití, Colombia y Panamá. Aquí dirá unas palabras amables para nuestra América, su cultura y su civilización. Él, como todo norteamericano ilustrado, sabe que la América Ibérica es una en el fondo, y que Puerto Rico es parte de ese gran todo que es objeto de la codicia norteamericana.
En tales circunstancias es doblemente no grata la anunciada visita del Presidente de Estados Unidos de Norte América.
Dada en San Juan de Puerto Rico, a los veintinueve días de junio de 1934, 63cr. de la Proclamación de la República.
Partido Nacionalista de Puerto Rico Junta Nacional P. ALBIZU CAMPOS Presidente JOSE LAMEIRO Secretario General