EL MITIN NACIONALISTA CELEBRADO EN MAYAGUEZ
DECLARACIONES DEL JEFE DEL PARTIDO, SR. ALBIZU CAMPOS
Al ser anunciado el señor Albizu Campos la banda ejecutó “La Borinqueña” y se produjo una larga ovación. Tal era la ansiedad que en todos se manifestaba de oir la palabra del ilustre caudillo del nacionalismo. Analizó el sistema mediante el cual el régimen imperante efectúa la demolición de la sociedad portorriqueña con el fomento de hondas divisiones; primera: El fomento del trabajo de la mujer en competencia con los hombres para abaratar la mano de obra y traer la escisión de las familias, haciendo de las mujeres rivales de los hombres en el terreno económico y por ende desvinculando el hogar. Dijo que en sí la independencia de la mujer era loable si se estimulaba de buena fe, pero no si como en las actuales circunstancias se impone como un medio para desmoralizar una sociedad. Explicó como Estados Unidos e Inglaterra son los únicos países en que existe el feminismo militante como una salvaguardia de los derechos de la mujer que se ve lanzada a la actividad económica. Ya en Puerto Rico son muchas las familias donde son las mujeres las que procuran el sustento del hogar, inversión de papeles que es índice cierto de la ruina definitiva de un pueblo. Segunda: División en materia financiera, que existe en los Estados Unidos pero que ha sido ahondada aquí por el mal llamado Partido Socialista. En los Estados Unidos un grupo pequeño o clase dirigente explota a la casi totalidad del país; no existe allí una sociedad o una nación en el recto sentido del vocablo sino un gran conglomerado que sufre la opresión de la exigua clase oligarca a quien no le preocupa ni la suerte ni mucho menos el engrandecimiento común de la masa del país. En Puerto Rico había al contrario una homogeneidad entre todos los componentes y un gran sentido social interesado en la recíproca ayuda para la perpetuidad y conservación de la nación, esto es un sentimiento raigal y unánime de patria. Por consiguiente, juxtaponer en una lucha de clases al hombre que nada posee contra el que tiene dos pesetas era imponer un extraño elemento de discordia que holgaba en nuestro medio. Tercero: La división fomentada entre la raza blanca y la africana que se patentiza comparando los sistemas usados por el invasor en Cuba y Puerto Rico respectivamente a la terminación de la guerra hispanoamericana. En nuestro país, donde había mayoría de blancos, impusieron como dirigente a la clase de color con el triunfo del Partido Republicano, cuyo jefe era el Dr. Barbosa. En Cuba, donde predominaba el elemento de color, levantaron a la sombra del poder una dirección política de individuos de raza europea y licenciaron el ejército libertador compuesto en su mayoría de hombres de color. Cuarta: A las anteriores se añade la división en el terreno espiritual tendiente a contrarrestar la indubitada hegemonía del catolicismo mediante la elevación al poder de individuos de todas las sectas protestantes, y aunque el nacionalismo tiende sus brazos a los prosélitos de todos los credos no puede dejar de señalar el hecho histórico y la intención y el significado político que en sí encarna el estímulo brindado a las fuerzas contrarias a la unidad religiosa del país. A manera de prólogo y de epílogo se extendió en brillantes consideraciones sobre todos los problemas políticos y económicos de Puerto Rico. Se refirió, por ejemplo, al canje de la moneda demostrando como ab initio se había desvalorizado la propiedad en un cuarenta por ciento mediante el cambio del peso por el dólar al tipo de sesenta por ciento cuando en la realidad ambas monedas tenían igual capacidad adquisitiva. Esta depreciación colectiva y rápida de la propiedad unida al ciclón de San Ciriaco, abrió la puerta al latifundismo en manos de extranjeros, plaga tan voraz que no fue parte a contenerla ni siquiera el esfuerzo de Muñoz Rivera con su tentativa de crear frente al latifundista nativo, pues este último, tan pronto prosperó algo, también fue enredado en las horribles fauces de las combinaciones crematísticas. Atacó entonces a las grandes corporaciones como causa de la decadencia general y hasta de la ruina del fisco; la organización de la sanidad pública exteriorizando su opinión de que “el aumento de las enfermedades en las últimas tres décadas se debe en gran parte a la pésima calidad de los artículos ofrecidos al consumo especialmente las conservas alimenticias”; la instrucción pública, empeñada en educar a párvulos hambrientos a quienes fuera mejor sustentar físicamente con el lujoso presupuesto destinado al ramo; y finalmente a los proyectos de industrialización del país, imposibles en una colonia sin protección arancelaria. Terminó el señor Albizu Campos su medulosa y elocuente disertación exuberante en una multitud de datos rotundos dichos con asombrosa precisión y oportunidad y difícil de reconstruir, excitando a los mayagüezanos a investigar fríamente los problemas capitales de su patria, para que se operase en su seno la saludable reacción que habría de reivindicar para la Sultana del Oeste su timbre de honor y su puesto de honra que siempre ocupó en el pasado a la vanguardia de nuestras luchas civilizadoras y liberadoras. Estruendosos aplausos y muestras de general aprobación exteriorizaron los sentimientos del público que con profunda atención escuchó por espacio de más de dos horas al único jefe político que desmenuza ante el pueblo, convirtiendo la tribuna en cátedra, los más intrincados problemas nacionales para estudiar fundamentalmente las raíces de nuestra postración.