Dios mío, apiádate de mí. Dame tu luz. Dame tu vida eterna. Implore me sea clara la misión mía y me des los medios para cumplirla a tu satisfacción.

Hágase en mí exclusivamente tu voluntad y ninguna otra. Dame la humildad y la mansedumbre de Nuestro Señor Jesucristo; su amor, su perdón y su caridad para los que lo sacrificaron.

Que esos sean nuestros sentimientos para los que nos hayan hecho mal, para los que intentan hacernos el mal, para los que logren hacernos el mal.

Líbranos del odio, la sed de venganza, del rencor contra ellos. Rogamos que sea con todos y cada uno de ellos, el Espíritu Santo, y que sean purificados, santificados y ungidos por su Divina Gracia; que se haga en ellos exclusivamente tu Santa y Divina Voluntad; que sea de ellos también tu paz, tu alegría, tu felicidad y tu gloria; que esos sentimientos de amor, perdón y caridad de Nuestro Señor Jesucristo, se reconcilien con nosotros y que, en esos mismos sentimientos nos reconciliemos nosotros con ellos para bien de la Patria y de la Humanidad.

Rogamos que Nuestro Señor Jesucristo nos acompañe, que no nos abandone, que viva en nosotros; que nos envíe el Espíritu Santo para mantenernos en estado de gracia y merecer la gloria de ser expresión del Espíritu Santo y de la Justicia Divina. Danos el talento, el criterio, la inteligencia, la sabiduría, el genio y la visión eterna del Salvador; su Valor, su Heroísmo, su infinito poder para resistir los dolores del sacrificio, la gracia y la resurrección de la vida eterna; su Energía, su Salud, su Belleza, su Juventud, su Virilidad en todo momento; su Bondad infinita, su Ternura, su Dulzura, su Cariño, su Fineza, su Humildad, su Mansedumbre, su Majestad.

Rogamos el poder para llevar la cruz del martirio con su Majestad; y que la cruz no haga sombra y siempre sea brazos de luz eterna sea cual fuere la orientación del peregrino en busca de la Fuerza Divina.

Concédenos la gracia para rechazar todo mal contra nosotros y deshacerlo. Vemos clara nuestra misión de liberación. El sufrimiento que conlleve su cumplimiento de acuerdo con tu divina Voluntad ha de ser alegría, porque tu voluntad es la Gloria.

Suplicamos la Gracia Eterna para merecer encontrarnos a tu llamada, ante tu divina presencia, donde están los nuestros adorados. Todo te lo pedimos en nombre de tu Divino Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

(Cárcel La Princesa, 1950)

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