Por P. Albizu Campos
El ejercicio de Imperio es un acto ejecutivo y por esto todo sistema imperial es irresponsable a los que pretende gobernar.
A converso cesa el ejercicio de Imperio por un acto ejecutivo y ese acto es nada menos que el reconocimiento por el poder ejecutivo imperial de la independencia de la nación intervenida.
Los despachos de la Prensa de hoy dicen que por primera vez en la historia de Estados Unidos se reúne el Gabinete bajo la presidencia del presidente de Estados Unidos, Mr. Roosevelt, y que por unanimidad de ese Gabinete al poder ejecutivo de Estados Unidos se pronuncia en franco reconocimiento de la Independencia de Puerto Rico.
El Imperio cesa desde ese momento en que acepta el criterio nacionalista de nuestro absoluto derecho a la Independencia nacional.
Ese reconocimiento de la soberanía y de la Independencia nacional por parte del poder ejecutivo de Estados Unidos es irrevocable y ya ha surtido todos sus efectos políticos y jurídicos en la vida internacional.
El modo de efectuar la retirada de las fuerzas armadas de Estados Unidos en nuestro territorio nacional es lo que queda por discutir.
No acepta el nacionalismo la teoría plebiscitaria por el principio de libre determinación nacional que informa nuestro credo; por la nulidad del Tratado de París en cuanto a Puerto Rico, y ahora por la admisión del Imperio norteamericano que somos nación libre, soberana e independiente.
Creemos que es una conveniencia para Estados Unidos y para Puerto Rico la retirada inmediata de las fuerzas armadas norteamericanas de nuestro territorio y la negociación de tratados de mutua reciprocidad, negociados libremente de poder a poder para mutua conveniencia.
A esto se ha llegado por el valor trascendental de grandes sacrificios nacionales y de la protesta continua iberoamericana contra la persecución insensata que ha hecho el poder norteamericano contra el liderato nacionalista.
Interesa profundamente a Estados Unidos en vísperas de la Conferencia Panamericana de Buenos Aires y en consideración de sus intereses vitales en el Nuevo Mundo que se tranquilice la conciencia continental, o sea, que se respete por Estados Unidos la Independencia de Puerto Rico.
Con Puerto Rico han estado y estarán todas las naciones libres de nuestra raza.
El poder ejecutivo norteamericano, como es de rigor, solicitó de su Congreso una ley en la cual se fije la norma que ha de seguir el ejecutivo para retirar sus fuerzas armadas de Puerto Rico.
Por supuesto, cualquiera ley que apruebe el Congreso de Estados Unidos no es obligatoria para Puerto Rico, aunque esa ley sea la pauta que dé el poder legislativo norteamericano a su poder ejecutivo.
Toca a Puerto Rico en su absoluta soberanía organizarse inmediatamente para negociar de igual a igual y de poder a poder con el Gobierno de Estados Unidos.
Esa organización no implica hostilidad alguna a Estados Unidos, sino que es la consecuencia lógica de nuestra Independencia.
Para precedente histórico nos permitimos recordar el caso de la República Dominicana, bajo la intervención norteamericana.
Las fuerzas armadas de Estados Unidos suprimieron la organización política dominicana. Al hacerse imposible para Estados Unidos mantener su intervención militar en Santo Domingo tuvieron que forzosamente dar paso a la expresión de la voluntad nacional dominicana. Al efecto se consultó la voluntad nacional a través de los diferentes partidos políticos dominicanos y se llegó a un tratado preliminar entre Estados Unidos y Santo Domingo que lleva el nombre de Hughes-Peynado, en el cual se establecían las condiciones de retirada de las fuerzas armadas norteamericanas del territorio dominicano.
Debemos aclarar que con esto no aceptamos la bondad del Tratado Hughes-Peynado, que por las condiciones estipuladas no fué aceptado por las personalidades ultranacionalistas de la heroica nación dominicana. Mencionamos dicho Tratado como precedente que podemos entender y mejorar.
Una vez reconocida la Independencia de Puerto Rico por el Gobierno de Estados Unidos, como se ha hecho, prolongar por cualquier tiempo, por pequeño que sea, la presente ocupación militar de Estados Unidos, es invitar una crisis sin necesidad alguna, de consecuencias insospechables tanto para Estados Unidos, como para Puerto Rico, porque nadie sabe qué cariz pueden tomar las relaciones internacionales en cualquier momento. Además de las conveniencias materiales inmediatas que producirían la desocupación de nuestro territorio y a la restauración de nuestra soberanía, hay algo primordial a lo cual debemos ser sensibles todos los portorriqueños: debemos suprimir, si a nuestro alcance está, la vergüenza de una intervención extranjera.
Creemos que la voluntad nacional puede manifestarse inmediatamente a través de convenciones de los distintos sectores políticos puestos todos de acuerdo para celebrar una Convención Constituyente inmediatamente en la cual se elija un Gobierno Provisional sin mayor dilación que negocie de igual a igual y de poder a poder con Estados Unidos el cese de su intervención militar en Puerto Rico y los tratados de comercio y de otra naturaleza que sean de mutua conveniencia a ambas naciones.
El Nacionalismo en este momento solemne de nuestra historia invita a todos los hermanos en la patria a que nos unamos inmediatamente para asumir nuestra responsabilidad en el gobierno de los intereses nacionales. Estamos listos para ofrecer todo lo que esté a nuestra disposición con el espíritu de absoluto sacrificio y desinterés por la sagrada causa de la Independencia de Puerto Rico.
Insistimos que estamos obligados a organizarnos inmediatamente para poder tratar de potencia a potencia con Estados Unidos en el momento mismo en que el poder ejecutivo norteamericano reconoce formalmente la independencia de Puerto Rico.
Todo pretexto para eludir esta responsabilidad no merecerá el examen patriótico de nuestra conciencia cívica.
Fijaos bien que en el proyecto que se ha presentado en el Congreso de Estados Unidos para fijar la pauta que ha de seguir el poder ejecutivo de aquel país con el nuestro en este momento histórico, se habla del derecho de los portorriqueños a decidir por sí mismos si quieren organizar la República soberana, libre e independiente de Puerto Rico.
Al reconocer de nuevo nuestra ciudadanía natural como corolario del reconocimiento de nuestra soberanía e independencia nacional, Estados Unidos vuelve a descansar sobre el criterio nacionalista de que nosotros nunca hemos sido ciudadanos norteamericanos y por tanto no organizables en una provincia norteamericana (Estado, sic).
Entre la intervención militar que existía hasta estos instantes y la independencia nacional no hay dilema. La voluntad nacional tiene que ser unánime a favor de la implantación inmediata de la república, pero se requiere la organización política inmediata que pueda asumir con legitimidad la representación de la soberanía nacional en el momento que va a negociar con él y con otros poderes tratados de mutua conveniencia.