no con ganancias derivadas de capitales, sino con lo remanente de esos capitales después de su liquidación forzosa en virtud de la subasta pública de los bienes para satisfacer la carga contributiva que cae solamente sobre los naturales del país, como es lo propio en todo régimen de intervención extranjera.

Ese sistema no respeta ni el hogar más humilde, y día tras días tenemos que contemplar el efecto de esa guerra sorda de la subasta pública, que arroja a la vera de las carreteras a toda la familia portorriqueña. Ningún gobierno bien intencionado permitiría semejante situación, porque el poder contributivo no puede jamás ejercitarse para el exterminio de la casa solariega, como sucede como sucede en Puerto Rico; es permisible el ejercicio de ese poder para el fomento de la independencia económica del hogar.

Ningún pueblo puede cruzarse de brazos para ver subir la marea proletaria que asciende con la indiferencia, conspiración o cobardías propias.

Los males sociales y culturales infligidos a la nación portorriqueña durante la intervención yanqui son demasiado claros para que requieran más análisis.

Es por eso, y fundado en la propia trágica experiencia de nuestros paisanos que no militan en nuestras filas, que ha surgido el nacionalismo para dar un alto definitivo al gobierno yanqui que succiona la sangre de la patria. Nuestro programa es claro tan pronto recibamos el sufragio de las mayorías portorriqueñas se declarará inmediatamente la celebración de la Convención Constituyente de la República.

No reconocemos la validez del régimen yanqui, porque se funda en la nulidad del Tratado de Paris. En la fecha de su firma por la madre patria España, tenía Puerto Rico personalidad internacional, y ningún tratado de España podía obligarnos sin el expreso consentimiento del Parlamento Insular, y ese requisito indispensable para su validez no se acató. En otras palabras, Puerto Rico no era cosa comerciable y no podía ser objeto de tráfico, no ya en virtud de los principios del derecho natural, sino por mandato del más estricto derecho positivo que informa la vida de relación entre las naciones civilizadas.

Recurrimos a los medios pacíficos para efectuar el cambio de régimen porque es norma que ha de respetarse en la edad contemporánea. Los imperios modernos se ven obligados a respetar la independencia de los paises intervenidos cuando la voluntad nacional se muestra inconmovible. Los imperios consultan su conveniencia, y ésta jamás se encuentra en provocar la revolución que dé al traste con sus intereses. Hace diez años que se constituyó el Partido Nacionalista. Ha recurrido a las elecciones del año 1924, en unos diez municipios y el año 1928 solamente en Caguas, bajo la presente vigente ley electoral, hecha bajo la dirección del jefe de la intervención en el año 1924, señor Towner, y aprobada por unanimidad a sugerencias del mismo gobernador. El propósito era impedir que se manifestase ningún sentimiento nacionalista en el país. Actualmente el Partido tiene inscritas candidaturas generales por convención, pero, de acuerdo con la interpretación vigente, no tiene representación en la Junta Insular de Elecciones, y en los colegios tendrá solamente un observador con voz pero sin voto, si se respeta la ley actual, que viene siendo interpretada por el Superintendente de Elecciones, señor Terry, como es natural en un funcionario norteamericano, en el sentido más restrictivo en lo que atañe en los intereses vitales del Partido Nacionalista. Venimos contemplando el cuadro electoral con paciencia en espera de esta asamblea legislativa. El jefe de la ocupación, como cuadra al que manda, ha sometido a vosotros el proyecto de “ley” que no toma en consideración, ex-profeso, como era de esperarse la posición de partido por convención a que ha llegado el nacionalismo. Somos conscientes de que si no aceptáis la voluntad ya expresada por el Gobernador, se espera la voluntad tácita del Congreso yanqui que defina de antemano quien deba triunfar en los comicios. No tenéis poderes legislativos porque tropezáis con el veto absoluto o con la anulación de vuestros actos por el Congreso yanqui. Es vuestra, sin limitaciones, sin embargo, la iniciativa legislativa, y es de esperarse que, como portorriqueños, aceptéis solamente una ley que garantice a la causa patriótica del nacionalismo que no os disputa nada a menos que no sea el sacrificio para constituir una patria libre para todos los portorriqueños. En la vida internacional, el nacionalismo es lo representativo; en lo interno, es el acicate que obliga al invasor a ceder el fruto que no cae en nuestras manos, sino en la falda de los partidos que representan la vía media. El nacionalismo es lo único que es de todo portorriqueño. Reclama de vosotros el respeto a vuestro derecho más sagrado: la independencia de la patria. Con toda consideración,

P. ALBIZU CAMPOS Presidente, Partido Nacionalista

UNA PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA EN TORNO A LA FECHA DE MAÑANA VIERNES 23 DE SETIEMBRE

Cumple el día 23 de setiembre de 1932 la nacionalidad portorriqueña, sesenta y cuatro años de bautismo. Un tal día del inolvidable 68, los libertadores de Lares bautizaron con su sangre el maravilloso cuerpo de la nación. Un algo de perfumada veste recorre nuestras recordaciones semejante a una clarinada de fe religiosa, exaltada por los lazos indisolubles del concepto de patria libre. Como que desde el anfiteatro de la inmortalidad un efluvio de alegría perfecta nos ablanda el calvario y nos ilustra el decoro.

Es que los libertadores, a título de inmortales, dulcifican la vida de los pueblos oprimidos instituyéndose en guardianes del código del honor. Allí donde reposa el mayor número de muertos ilustres radica la más vigorosa dignidad nacional, porque los pueblos se sostienen de la gloria de sus muertos ilustres. Puerto Rico, el único país de América que ha producido la santidad y por desgracia el único país de América que sufre la más degradante de las esclavitudes, se sostiene espiritualmente, gracias a la olímpica gesta de Lares, que marcó, para orgullo de las generaciones venideras, el génesis de la república más tierna de América.

Y fueron hombres puros y hombres sabios los patriarcas del 68; puros como la esencia del dolor supremo y sabios como la hermosura del Todopoderoso. Se inspiraron en Dios y produjeron infinita fe redentora.

Así vivieron y así enseñaron a vivir una vida de purísimas libertades y de sabias fulguraciones, abominando a los hombres empequeñecidos por la traición y demandando pureza y sabiduría de aquellos que custodiasen el sagrado amasijo de la independencia patria.

Han pasado sesenta y cuatro años de política reaccionaria, en los que el sacrilegio, erigido en nombre de beatitudes, traicionó la sublime enseñanza de los libertadores; sesenta y cuatro años de solapada hipocrecía en el mercado del deshonor.

Pero surgió a tiempo el celo de los muertos ilustres. Vibró en el cielo de las redenciones humanas el nacimiento del nacionalismo de Puerto Rico bajo cuya bandera, que es la bandera de la patria, se guarnecen los hijos de los libertadores del 68; asegurándose así la custodia preciosa de las libertades portorriqueñas. El nacionalismo de Puerto Rico, depositario en América de la fe de los libertadores, celebra el día 23 de setiembre de 1932 la fiesta del patriotismo en Lares, cuna de los primeros héroes de la independencia. A esta fiesta del espíritu invita a todos los portorriqueños que no hayan empeñado sus almas a la traición, deseando contribuir con la devoción de los buenos creyentes en la religión de la patria al homenaje que se tributa a los padres de la historia nacional. Dado en San Juan, Puerto Rico, a los veintiún día del mes de setiembre, sexagésimo cuarto año de la proclamación de la república.

P. ALBIZU CAMPOS Presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico

Rafael Rivera Matos Secretario general

EL PARTIDO NACIONALISTA CELEBRO AYER ASAMBLEA GENERAL EN EL TEATRO MUNICIPAL DE SAN JUAN - CANDIDATURAS ELECTORALES PROCLAMADAS

“En el nombre del Todopoderoso, creador y protector de las nacionalidades, declaro constituída esta asamblea extraordinaria del nacionalismo en Puerto Rico”. Con estas palabras pronunciadas por el licenciado Pedro Albizu Campos, inició ayer, a la diez de la mañana, sus trabajos la asamblea del Partido Nacionalista en el Teatro Municipal de esta ciudad. El viejo coliseo aparecía artísticamente decorado con las banderas de las repúblicas hispanoamericanas, flotando en el centro la bandera monoestrellada, y destacándose en el proscenio los retratos de Simón Bolívar y de José de Diego. Puesta de pie la asamblea ovacionó prolongadamente a la señora Amparo Díaz de Suárez, -madre del joven Manuel Suárez Díaz, que murió trágicamente en el conocido suceso del Capitolio Insular-, al ser invitada por el señor Albizu Campos a ocupar asiento junto a él en la mesa presidencial. Fueron ovacionados al entrar al salón los señores Francisco Vincenty, Julio Medina González, Fernando Torregrosa, Luis F. Velázquez, J. Enamorado Cuesta, el Dr. José G. Gardé y la señorita Julia Carmen Marchand. “Se trata”, dijo el señor Albizu Campos al dirigirse a la asamblea, “de una sesión extraordinaria de nuestro partido para tratar exclusivamente asuntos electorales. Las candidaturas radicadas se dividen en dos grupos: la de Comisionado Residente, representada por don Julio Medina González, y la de Miembro de la Junta de Revisión e Igualamiento representada por don José Pascual Berríos y las de representantes y senadores por acumulación representadas por don Francisco Vincenty y por el que habla. Las dos primeras fueron candidaturas aprobadas en la última asamblea ordinaria del partido, y las otras dos aprobadas por la Junta Nacional con carácter transitorio a los fines de la inscripción del partido. La Junta Nacional acordó poner a disposición de la asamblea todas las candidaturas radicadas, de manera que esta escoja los candidatos que estime necesarios y convenientes. El candidato seleccionado debe ser un candidato a prueba. No podemos estimular el deseo de representación porque se constituiría nuestro movimiento en uno de corrupción del carácter Deben tenerse en consideración las ejecutorias, así como la ascendencia que tenga el candidato en todo el país. Hasta ahora el nacionalismo ha mantenido ese criterio en forma ejemplar todos los nacionalistas están dispuestos a aceptar la candidatura que el partido les imponga. Aquí no cabe renunciar porque no caben pretensiones. Ese es el criterio del Nacionalismo en este movimiento libertador aunque cueste la vida”. (Ovación).

El Sr. Albizu Campos dijo que en las candidaturas generales no figuraban nombres de mujer aún cuando si figuraban en candidaturas locales. Manifestó que se había consultado a varias mujeres para postularlas en candidaturas y que todas se negaron. Aludió el caso de la doctora Margot Arce, que fue nominada candidato a representante por Santurce en la última asamblea, y diciendo que fue el Partido Nacionalista la primera colectividad en postular una dama para un cargo representativo. Agregó que la señorita Arce le dirigió una carta agradeciendo el honor que se le confería pero declinándolo porque ostentaba el criterio de que la mujer podía cooperar en un campo más amplio que en la legislatura. Dió lectura a una carta de La Hija del Caribe renunciando también una candidatura general, sosteniendo que siempre ha rehuído todo lo que se relaciona con la política y exponiendo además motivos de índole personal que le impiden aceptar una nominación. El señor Albizu Campos dijo que la asamblea debería ser muy conservadora al tratar las candidaturas municipales y de distrito ya inscritas.

HABLA ALBIZU CAMPOS

A las diez y cuarto de la mañana hizo nuevamente uso de la palabra don Pedro Albizu Campos, quien al anunciar la situación electoral fue saludado por la asamblea puesta de pie con una ovación calurosa y vítores entusiastas que se prolongaron durante cinco minutos. “Agradezco” dijo, “infinitamente este saludo y os invito a que entréis en esta asamblea llenos de serenidad. El movimiento nacionalista, contrario a lo que dicen sus detractores gratuitos, es el único sereno en Puerto Rico, pues si bien es un movimiento valeroso y decidido a todo para defender la causa de que es depositario en esta tierra, lo sostiene sin alevosías. Los choques que tenemos contra hermanos al que más duele es al nacionalismo por una razón, porque el invasor vive, se sostiene de las divisiones entre nosotros mismos. Si vamos a ahondar los nacionalistas en estas divisiones seríamos un instrumento más del invasor para imponer su política de penetración en Puerto Rico. Frente a nosotros se coloca el poder yanqui y sus instrumentos que son nuestros hermanos, los que constituyen un partido de gobierno, ¿de qué gobierno?, del único en Puerto Rico: del gobierno norteamericano que existe por la voluntad del Congreso y de los tribunales de Estados Unidos. Esa división política se divide en tres facciones; liberales, socialistas y uniorrepublicanos. Fundamentalmente, desde el punto de vista de oposición al régimen de Puerto Rico, no hay diferencias entre ellos. Los tres son facciones gubernamentales del gobierno colonial. La única facción que podría discutir esto es el partido Liberal pero está en entredicho por su programa, por las declaraciones de sus directores y por sus actuaciones. Celebra una asamblea en este mismo teatro y aprueba una resolución para informar de sus actos al Gobernador yanqui; nombra una comisión de los elementos más distinguidos de su seno presidida por el señor Fernández García, el hombre que ostenta la más alta representación de su partido en el ticket electoral, para que rinda cuentas al residente de Fortaleza y ofrecerle toda clase de pleitesías y cooperación a su obra de gobierno. No hablemos del jefe del Partido que es un gobiernista desde tiempos de España, El cree muy importante ser Presidente de lo que llama Senado de Puerto Rico. Esta ilusión raya en locura. Por ella no mira lo que hace ni se preocupa por lo que haga. Es una locura que le ha hecho un grave daño y le ocasiona enormes perjuicios a su país. El candidato a Comisionado a Washington del partido Liberal es enemigo declarado de la independencia. Desde este mismo sitio declaró en la antepenúltima asamblea de su colectividad, que Puerto Rico no está preparado para ser libre. El partido Liberal pues en su tendencia gobiernista no se divorcia en nada de la Unión Republicana que va a la Independencia si se le niega por el Congreso la estadidad. El partido Socialista guarda silencio en cuanto a la independencia. Militan, además, en el partido Liberal hombres hostiles al ideal que sustentamos. El señor Travieso, a quien admiro porque no lleva la duplicidad en sus labios y es sincero en sus convicciones, es enemigo declarado de la independencia y ocupa sin embargo, la presidencia honoraria de la referida colectividad. Es este un partido que irradia a los elementos que puedan perturbar la política acomodaticia con el gobierno y buscan elementos afines a sus juegos presupuestales. Postula para el Senado a don Enrique Landrón y a don Mateo Fajardo, personas muy respetables pero republicanos de toda la vida. Postula además para una senaduría por acumulación al señor Mercado hijo, de ideas yankófilas. No tiene, pues en su ticket, un solo valor representativo capaz de plantear el problema de la independencia de Puerto Rico. Los elementos nuevos han sido anulados. Hay hermanos muy queridos en dicha facción pero postergados ante la ambición desmedida por el poder ficticio de la colonia. ¿De qué vale que el partido Liberal sueñe con la independencia si no encuentra un hombre dispuesto a jugarse la vida por esa causa? El nacionalismo no alienta a nadie a ingresar en sus filas. Cuando alguien viene a nuestro lado le decimos que nuestra mesa es tabla rasa, que está vacía, que no se pone en ella ni un sólo plato del presupuesto, que necesita ser fuerte, sano, vigoroso, porque los pueblos para redimirse necesitan la fortaleza física, que tiene que ser sereno y sobre todo poseer un gran valor personal, no el valor de la violencia, sino frío, que no piense en su hacienda, en su mujer, en sus hijos, el día que se le llame para una misión que pueda costarle la vida. Que tiene que traer todos los recursos materiales que posea para ofrendarlos en aras de la libertad de su patria. Hay quien prefiere jugarse la vida a sacrificar una peseta. En este terreno tenemos que andar mucho, tenemos que colocarnos a la altura en que se han colocado todos los hombres libertadores del mundo. (Ovación). Asi fueron los hombres del 68 en Lares, así fue el doctor Betances y fue Rius Rivera, que representan la ideología y la acción del nacionalismo.

“¿Con quién es liberal el partido Liberal? ¿Hay alguien que quiera decir?” De la asamblea surgen voces que dicen: “Con los yanquis”. El señor Albizu prosigue hablando. “La palabra liberal es santa. Está cerca de la palabra independencia, pero el partido Liberal ha preferido jugar con todo y se está quemando. “El nacionalismo renuncia al presupuesto porque no queremos ser los verdugos de nuestra patria, pagados con dinero de nuestra patria, bajo instrucciones de los enemigos de nuestra patria. Somos los hombres más egoístas de la patria. Queremos que el último pedazo de nuestra tierra sea de portorriqueños, que el comercio y la industria sean de los portorriqueños, que seamos los únicos árbitros de nuestros propios destinos. Ese es el bien del individuo y es el bien de la nacionalidad. Somos hombres de dignidad. Ahora mismo puede presentarse la fuerza de Estados Unidos a disolver este acto y aquí no va a correr nadie. (Ovación). No es que tengamos el sentido del sacrificio inútil. No le pedimos al pueblo que sea suicida. No le llevamos a las luchas estériles sino a la única efectiva y digna que puede concebirse: la independencia de nuestra patria. No es que seamos sanguinarios, pero estamos empeñados en algo muy sagrado: en la restitución de la paz en Puerto Rico. Estado de paz es el estado perfecto de la conciencia individual, de la conciencia nacional y de la conciencia internacional. El estado de paz es el estado perfecto de derecho y la ausencia de la agresión. No puede haber paz cuando no se respetan los derechos del prójimo. Nosotros estamos en un estado de perpetua guerra con la única diferencia de que no nos defendemos de los ataques del enemigo. Cuando un pueblo es inconsciente del ataque que recibe es el delito más grave que se comete contra ese pueblo. Los tiros los estamos recibiendo nosotros solos, hasta que surge el Nacionalismo y dice: ¡alto ahí, si avanzas te disparamos, cueste lo que cueste! Como hombres cristianos y civilizados queremos la paz interna del derecho que se refleja en las relaciones de potencia a potencia y de igual a igual en la vida internacional. (Ovación) Los que ofrecen su cooperación al gobierno en esta guerra contra los intereses son los liberales, los socialistas y los de la Unión Republicana. No gasta Estados Unidos una peseta en sostener esta servidumbre, sino que por el contrario utiliza nuestro propio dinero para perpetuar nuestra esclavitud aunque ese dinero lo extraiga de los cuerpos y almas de nuestros compatriotas”.

Tres horas y media estuvo en el uso de la palabra el señor Albizu Campos. Hizo historia del origen del Partido Nacionalista con su actual organización. Aludió al gobernador Reily, diciendo que el señor Barceló “rindió la bandera de la independencia a cambio del presupuesto”. Se refirió luego a la formación de la Alianza “con su fórmula política de soberanía dentro de la soberanía para engañar a este pueblo”. Dijo que la Ley Electoral del 1924 había sido “una conjura de la Alianza para impedir que el Nacionalismo se manifestara en las urnas”. Manifestó que “el poder yanqui había levantado el Partido Republicano contra el Partido Federal a pesar de que ambos tenían el mismo programa, estando a la cabeza de esos partidos Muñoz Rivera y Barbosa, dos anexionistas, y que al dividirse el republicanismo, que era inútil ya para los fines imperiales, surgió el unionismo con su escuela de duplicidad”. “Se ahondaron”, dijo, “los odios, y estos odios engendraron el partido Socialista, que dió oportunidad para que un extranjero fuese el instrumento para entregar la clase obrera en manos del poder interventor”. “No sé”, dijo, “por qué Barceló reniega tanto de Tous Soto. No he visto nadie que se divorcie, se case y vuelva a divorciarse con más facilidad que Barceló en política. Padece de una alucinación. Es una locura que le está costando la vida y la de su patria”. Comenzó el orador a relatar todas las incidencias y detalles de la lucha que sostuvo el partido Nacionalista para conseguir que se reconociera su derecho de inscripción por convención. Dijo que el señor Ortiz Toro rindió una opinión reconociendo dicho derecho pero que fue revocada posteriormente por el procurador general Winter. Habló entonces de las gestiones que se hicieran cerca de la legislatura “para lograr enmiendas a la Ley Electoral que garantizaran protección al partido Nacionalista” y manifestó que “Barceló e Iglesias con el señor Terry, por instrucciones del gobernador Beverley, habían conseguido derrotar un proyecto que al efecto había sido presentado en la legislatura”. Al referirse al conocido incidente del Capitolio la asamblea ovacionó a la señora Amparo Díaz de Suárez. El señor Albizu Campos dijo: “Habéis ovacionado a la primera mujer mártir de esta generación, cuando el inclito Suárez cayó en defensa de la bandera que hoy manos profanadoras quieren envolverse en ella, me constituí tembloroso y preocupado en el hogar de esta dama ilustre. Sentí miedo por primera vez en mi vida al encontrarme frente a la madre, temeroso de que me increpara sobre la muerte de su hijo. Y esta madre me abrazó sobre el cuerpo de su hijo diciéndome estas palabras dignas del Divino Maestro: “Don Pedro, que sobre el cadáver de mi hijo no se levante ninguna venganza”. De una palabra de mis labios dependían muchas vidas entonces. Cuando ciertos hombres quisieron especular con la muerte de aquel patriota guardamos silencio y sentimos compasión”. El señor Albizu Campos continuó haciendo historia de “los sacrificios que había sobrellevado el nacionalismo para su inscripción por petición”, y se refirió a la impugnación por parte del señor Barceló de dicha inscripción, así como de la insignia del partido. Dijo que “sus alegaciones carecían de fundamentos legales”. Que la estrella liberal, sucesora de la estrella del partido Federal, representa la idea anexionista. “Barceló”, agregó, “está jugando con candela. Nosotros nos prepararemos para cualquier emergencia”. (Ovación). “La recogimos cuando fue pisoteada por McClure en la plaza de San Juan. Nadie acudió a defenderla, Queremos saber quien es el que se atreva a pisotearla ahora. No vamos a permitirle a nadie que juege con la bandera de la patria, Se está jugando una carta peligrosa con nuestra paciencia”, (Ovación). En el curso de su peroración exaltó “los méritos políticos y morales de don Julio Medina González y de don José Pascual Berrios”. Manifestó que hacía aquellas declaraciones para conocimiento de la juventud, diciendo “que la juventud nada vale si no sabe valorar la senectud”. “La entrada a la tumba es más difícil que la entrada a la vida. El galardón más precioso a que puede aspirar un hombre es poder decir como dijo don Francisco Vincenty, de quien no voy a hablar, porque es muy conocido de la juventud, que somete su vida al crisol más exigente. Se dice que el nacionalismo es un movimiento de jóvenes.

Es verdad. Pero tenemos de ochenta, setenta y sesenta años. Es joven el nacionalismo porque la libertad no es patrimonio de ninguna edad. Don Julio Medina González fue delegado a la Cámara por el partido Unionista en 1905 y entonces presentó un proyecto de ley solicitando de Estados Unidos que recnociera la independencia de Puerto Rico. Se quedó sólo en aquella ocasión. No hubo nadie que secundara su proyecto. Si esa es una de las páginas más brillantes de la historia de Puerto Rico es también una de sus páginas más oscuras. Brillante por el gesto de don Julio, oscura y triste por la actitud de los hombres que le acompañaban en la Cámara. No vieron la trascendencia de aquel paso. Se acobardaron y tramaron contra él su expulsión y tuvo que luchar por su derecho a su asiento”. Relató luego episodios de la vida política de don Julio Medina González, que fue procesado acusado de violación a las leyes postales y sentenciado a dos años de presidio, habiendo cumplido una condena durante la cual contrajo una enfermedad que le inutilizó físicamente para toda su vida”. “Hoy está”, dijo, “casi lisiado de sus piernas, sufriendo los mismos dolores que José de Diego. Para que veáis la tragedia dolorosa y cruel de la patria, ahí tenéis dos candidatos frente a don Julio Medina González: uno, el servidor más decidido e incondicional de la intervención yanqui en Puerto Rico, un extranjero que ha hecho un pedestal sobre los cadáveres vivientes de los obreros de Puerto Rico; el otro, el señor Benigno Fernández García, un hombre que sólo ha servido para justificar la política de duplicidad del partido a que pertenece. No conocemos ninguna ejecutoria patriótica de este candidato. De sus declaraciones sabemos que es enemigo de la libertad del país, porque de él ha recibido la patria el más grave insulto que puede escrimirse al decir que no estamos preparados ni económicamente ni culturalmente para ser libres”. Tuvo después frases de alto reconocimiento para don Ramón Mayoral Barnés, de quien dijo que era uno de los próceres vivientes del nacionalismo. Exaltó los méritos políticos de don Antonio Vélez Alvarado, don Dionisio González, don Alejandro López, y otros representativos del nacionalismo en Puerto Rico. Terminó así el señor Albizu Campos: “Jamás ofendáis a nuestro pueblo, que es lo más querido para nosotros. Cuando veáis un hogar humilde en cuya puerta haya una mujer, no importa que sea negra, pobre, modesta, harapienta, imagináos que es la emperatriz de la India. Ante el dolor de esa mujer que representa el desgajamiento de toda una vida y el desgajamiento de la patria, haced alardes de vuestra mejor elocuencia”. (Ovación).

“Seamos nobles, atentos, caballerosos y finos en todo momento, como duros, fuertes y valerosos en todo momento también. La tribuna nacionalista es más sagrada que nuestro hogar, para subir a ella se requiere sabiduría. No tenemos tribunos ni escritores de alardes. Si los tuviéramos seríamos los prostituidores de nuestra juventud y para prostituir a nuestra juventud hay mentores en Puerto Rico que no están en nuestro partido”. (Ovación).

LLEGAN LOS PROFESORES DE COLOMBIA

Al hacer su entrada los profesores colombianos Pedro Sarmiento Pérez y Rafael Barríos, la asamblea puesta de pie, les aclamó con una prolongada ovación. El señor Albizu Campos hizo entonces uso de la palabra para saludar a los visitantes. “Esta presidencia”, dijo, “tiene el altísimo honor de saludar a la gran República de Colombia representada en estos momentos por los profesores don Rafael Barrios y don Pedro Sarmiento Pérez. Nos hemos enterado por la Prensa de que habéis llegado a Puerto Rico en misión pedagógica, pero me es muy triste comunicaros que Puerto Rico es uno de los países en que no existe la pedagogía. Aquí hay muchas escuelas y muchos escolares pero hay muy poca pedagogía. Empiezo por deciros que la enseñanza en Puerto Rico comienza con destruir la lengua vernácula, que es el vehículo para la expresión del alma de los pueblos. Vasconcelos se extrañó cuando visitó nuestro país de que un pueblo tolerase la imposición de una lengua extranjera. Los textos escolares están redactados por escritores norteamericanos y en ellos se deprimen los valores de nuestra raza. Estáis en el ambiente cultural más infeccioso de América y tened culdado de no llevar ese contagio a vuestra gran república. El nacionalismo ha venido luchando desde su fundación contra esa escuela que representa los fines imperiales de Estados Unidos en el orden educativo. “Estáis en presencia de las banderas hispanoamericanas y aquí está también vuestro glorioso pabellón. (Aplausos). “El nacionalismo, como todo movimiento nacionalista, es la organización de la patria contra la intervención extranjera”. Manifestó el orador que el nacionalismo representaba en Puerto Rico “la fe de los libertadores de América y que por eso se colocaba en aquella asamblea el retrato de Simón Bolivar, genio de la libertad”. “Puerto Rico” -termino diciendo - “representa en América, con Santo Domingo, Haití y Cuba, una vanguardia cultural y su lucha es detener el avance de la penetración norteamericana en América. Estamos aquí para que no pasen. Nosotros, dentro de la intervención extranjera, somos libres y no cejaremos en nuestra lucha hasta conseguir la independencia para Puerto Rico”. Reiteró su saludo a los visitantes.

Asamblea General del Partido Nacionalista, 1932.

UN MANIFIESTO DEL PARTIDO NACIONALISTA CON MOTIVO DE LAS ELECCIONES PROXIMAS A CELEBRARSE

A LA NACION

Dos partidos políticos concurren a las urnas: el partido de gobierno y el nacionalismo. El partido de gobierno encarna el principio de la legitimidad del régimen interventor que nos explota, y le ofrece generosamente su más decidida cooperación a la política intervencionista norteamericana. Rivalidades engendradas por los puestos públicos y las bienandanzas del presupuesto, mantienen dividido al partido de gobierno en tres facciones que se denominan Unión Republicana, socialistas y liberales. La lucha entre esas facciones es agria y despiadada. Sus directores han soliviantado las pasiones en las masas populares, produciendo divisiones peligrosas en la unidad patria. Esa labor afianza en tanto sea efectiva al imperialismo que nos tritura. No hay derecho a incendiar los odios entre los miembros de la misma familia. El padre que eso hiciera con los suyos seria tachado de insensato. En el orden político los directores de las muchedumbres tienen mayor responsabilidad que un padre de familia. Es forzoso tachar de insensata una política que lanza a los portorriqueños contra los portorriqueños. El nacionalismo invita a todos a seguir normas de elevada concordia portorriqueña, para mantener firme la oposición a la intervención norteamericana. El programa de acción nacionalista va solamente a ese fin para eliminar la ingerencia extranjera que nos succiona la vida. He aquí en síntesis su contenido. “El partido Nacionalista de Puerto Rico solemnemente declara: Que es inaplazable la supresión inmediata de la intervención de Estados Unidos de Norteamérica y se compromete a celebrar la convención constituyente que establezca en Puerto Rico el gobierno de una república libre, soberana e independiente, tan pronto reciba el sufragio de las mayorias. Los ciudadanos de Puerto Rico que dignos de su origen luchan por una patria independiente de toda tutela, deben ingresar en el partido Nacionalista para presentar inmediatamente un frente único al invasor. Su adhesión a otros partidos políticos contribuye a la desorientación portorriqueña, debilita la resistencia nacional, todo en beneficio único de la invasión imperial norteamericana hábil y sistemáticamente dirigida desde Washington para reducir nuestro pueblo a la impotencia para que seamos parias en nuestra propia patria, para ser exterminados a breve plazo, como se ha comprobado. Tratará sin piedad a los nativos o extranjeros que, por buenas o malas artes, pretendan afianzar la ocupación extranjera en cualquier forma que se presente al país. Acabará con la ilusión de convertir a nuestra patria en una provincia norteamericana, (sic, estado) porque eso representa la supresión voluntaria e ignominiosa de nuestra personalidad internacional. Abolirá por todos los medios a su alcance el sistema obligatorio de enseñanza en la lengua del invasor, que desorienta y enbrutece a nuestra juventud, en grave perjuicio de nuestra personalidad cultural. Procurará mantener estrechas relaciones internacionales, culturales y políticas, especialmente con las naciones de nuestro origen. Bajo el duro yugo de la ocupación norteamericana, de una nación de propietarios hemos pasado a ser una masa de peones, rica mina económica para la explotación del capital invasor. Libraremos al obrero inmediatamente del caudillaje del obrerismo desorientado de origen yanqui, que, bajo la sugestiva denominación de socialista, pero sin definición política alguna, y, por tanto, los más hábiles y eficaces defensores de la intervención norteamericana, lo han hecho portador de la bandera norteamericana, bajo cuya sombra impera este régimen extranjero que nos ha convertido en esclavos de las corporaciones y empresas norteamericanas”. El partido Nacionalista desarrollará el siguiente programa económico: 1.- Organizará a los obreros para que puedan recabar de los intereses extranjeros invasores la participación de las ganancias a que tienen derecho, asumiendo su dirección inmediata, poniendo hombres de talla, responsabilidad y patriotismo para dirigirlos.

  1. Procurará por todos los medios que el peso fiscal recaiga sobre los no residentes, para destruir el latifundismo y el absentismo y dividir la propiedad inmueble entre el mayor número de terratenientes.
  2. Deberá por todos los medios a su alcance destruir el efecto del aparente libre cambio entre Estados Unidos y Puerto Rico, porque en realidad lo que existe es el monopolio que tiene el invasor norteamericano en nuestro mercado, tanto de compra como de venta, imponiendo las condiciones de venta para sus productos y de compra a nuestros productos.
  3. Favorecerá exclusivamente el comercio nativo donde exista y lo fomentará donde haya desaparecido.
  4. Favorecerá exclusivamente el consumo de los frutos de la tierra y la industria portorriqueña, procurando por todos los medios a que se llegue a satisfacer las necesidades patrias.

6.- Fomentará la exportación y el establecimiento de la industria y la transportación marítima. 7.- Favorecerá exclusivamente los bancos nativos y donde no los haya procurará que se organicen. 8.- Procurará organizar las finanzas en tal forma de respetabilidad bancaria nativa que los depósitos nacionales se hagan sólo en sus bancos, y procurará librar al país de los empréstitos extranjeros, públicos o privados, para que la agricultura, el comercio y la industria en manos portorriqueñas puedan resurgir potentes. “Finalmente declara el Partido Nacionalista que se limitará a la aceptación de los cargos electivos y eso como medio para destruir la intervención extranjera”. El Nacionalismo repudia las alianzas, entendidos, pactos, etc., con las facciones de gobierno porque constituye una imposibilidad moral la unión entre el separatismo que pugna por la constitución inmediata de la república y la claudicación organizada que apoya el presente gobierno irresponsable, aplazando con subterfugios la proclamación de la independencia. Nuestro programa es claro, y un juramento solemne impone su cumplimineto. No se hizo para engañar al pueblo. La nación sabe lo que implica votar bajo la bandera de la patria. Es imperativo que impondrá la celebración de la convención constituyente de la república al recibir el sufragio de las mayorías. El Nacionalismo es consciente de la realidad histórica que nos rodea. Es cierto, que en general, el reconocimiento de la independencia de las naciones ha sido el fruto precioso de una guerra. La independencia de nuestros enemigos, Estados Unidos de Norteamérica la impusieron las flotas y los ejércitos de Francia y de España. La independencia de las naciones latinoamericanas fue creación de los genios libertadores, de Bolívar, Petión, San Martín, y sus eminentes tenientes secundados por la acción nacional que repudiaba la tutela de la madre patria misma. La independencia de las naciones europeas es obra del equilibrio que fija la espada. El respeto a las naciones asiáticas se debe en gran parte a los cañones japoneses. La supresión de la ingerencia extranjera no ha sido más dolorosa que los cambios radicales de regimenes constitucionales: de república en monarquía o viceversa; de plutocracia al socialismo o viceversa. Si bien es cierto que esa lucha en la edad contemporánea se ha hecho más terrible con el poder mortífero de los modernos armamentos, es cierto también que el temor a mayores males ha impuesto el reconocimiento de naciones intervenidas o la transformación de los regimenes constitucionales. Así vemos en el siglo

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