EL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA COMENTA EL VETO AL PROYECTO RELACIONADO CON LA REPRESENTACION ELECTORALES I
No existe poder legislativo. La iniciativa legislativa será ley cuando le convenga a la política norteamericana y, será nula cuando ampare a los intereses portorriqueños. La nación ha estado ilusionada por una flamante legislatura que para lo único que ha servido ha sido para brindar concesiones a los invasores. Ante esa realidad del veto del Gobernador, no se pierde tiempo en discutir lo que él no ha de aprobar. En realidad, el jefe de la intervención es el que realmente legisla. A los miembros de la Legislatura se les entretiene jugando con toda seriedad a representantes y a senadores. Al vedar el jefe de la intervención el proyecto de ley electoral, ha levantado el velo para los ingenuos. La Legislatura se ha ratificado en su aprobación por una votación de dos terceras partes de los miembros que la constituyen. ¡Pero eso tampoco convierte en ley al proyecto! El Presidente de Estados Unidos se retiene el veto absoluto. Aunque la Legislatura apruebe un proyecto por unanimidad, no será ley si al jefe del imperio no le da la gana. Si eso no bastara, el Congreso yanqui se retiene el poder de anular todas y cada una de las leyes de Puerto Rico. Presenciamos la farsa legislativa más ridícula y costosa de la historia. No se sabe por qué el jefe de la intervención ha vedado un proyecto de ley que contiene las disposiciones de sus anteriores recomendaciones a la Legislatura Insular. Esa retractación no es de fácil explicación. Puede ser que haya actuado por razones personales, por instrucciones de su gobierno, o que sus razones personales hayan coincido con las instrucciones que recibe a diario de Washington. El Presidente de Estados Unidos, contra su voluntad, nos va a hacer un bien al aclarar ese misterio cuando dicte su resolución al considerar el proyecto. El veto razonado del coronel Beverley ofrece maravillosa semejanza con la opinión disidente de la minoría legislativa encabezada por el presidente del Partido Liberal, señor Barceló. Nos ocuparemos exclusivamente de las declaraciones en que se alude al partido Nacionalista. La historia del nacionalismo militante es diáfana y es de dominio
público. Es un movimiento que exige la inmediata constitución de la República. Rechaza todas y cada una de las panaceas políticas ofrecidas a la nación para adormecer su conciencia cívica, desmoralizar su resistencia para explotarla sistemáticamente. Repudia los cargos públicos ejecutivos porque sabe que éstos se utilizan para corromper a los directores políticos. Frente al nacionalismo existe, como es natural, un partido político gubernamental, que sostiene la legitimidad del régimen y jura defender su política. Actualmente el partido del régimen está agriamente dividido en tres facciones, la Unión-republicana, los liberales y los socialistas, pero agrupados en dos bandos, liberales versus coalicionistas (unio-republicanos y socialistas). Estas agrupaciones proceden de las fenecidas facciones gubernamentales unionistas y republicanos anexionistas. Constitutivas del partido de gobierno han tenido que dar el frente al nacionalismo constantemente, cuando no es una facción es la otra. La política intervencionista yanqui exige la desaparición de su enemigo, el nacionalismo, y quiere mantener al electorado dividido en dos bandos igualmente sometidos al régimen. Empero el unionismo y sus derivados aliancismos, y actualmente liberalismo, se han revelado como los enemigos más encarnizados y gratuitos contra el nacionalismo. Y parecerá paradójica esa actitud cuando se oyen las protestas de sus adeptos de ser tan nacionalistas como el más fervoroso militante en nuestras filas. La razón es obvia, el nacionalismo ha venido a derrumbar para siempre la política ambidextra, y cada uno tiene que definirse, o con los yanquis o con nosotros. El unionismo hoy liberalismo se levantó a base de esa política de duplicidad y hoy sucumbe bajo el peso terrible de su propio pecado. Para halagar al yanqui, atacan al nacionalismo; y para atraer a las multitudes incautas ensalzan sus redentoras doctrinas. El gran maestro de esa política es el señor Barceló, actualmente en el ocaso de su prestigio público, por la única razón de su incapacidad para acogerse valerosamente a la verdad y sostenerla como norma invariable de acción política. Es un hombre que ha podido hacer algo por su patria, pero su desorientación lo ha conducido a la decadencia inevitable. Para la dirección liberal, los nacionalistas, individualmente, son personas excelentes, pero el Partido Nacionalista es muy malo. Es una fórmula del poder interventor. El gobierno yanki se escudó contra el independentismo predicado por De Diego con los unionistas reaccionarios y con la facción republicana anexionista. Hoy, en su defensa contra el avance arrollador del nacionalismo, usa de parapeto a la facción liberal que simula un independentismo para la última etapa. (Véase el último informe que el coronel Beverley ha dirigido a su gobierno, donde se refiere a los partidos políticos). El poder yanki no puede usar contra el Nacionalismo a la Coalición, porque esa agrupación está matizada, a pesar de su actual reacción
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regionalista, de un anexionismo histórico. El Partido Nacionalista es temido por la dirección liberal porque es fuerte donde la fracción liberal tiene el grueso de sus huestes que aman la independencia, y temen a que algún día se les caiga la venda a tanta gente buena miserablemente engañada hasta ahora. Así cuando el Partido Nacionalista se inscribió pudo hacerlo solamente en los distritos de mayor fuerza liberal, Humacao, Guayama, San Juan y Arecibo. La inscripción nacionalista fracasó en los distritos donde es preponderante la Coalición, Ponce, Mayagüez y Aguadilla. La dirección liberal realmente desea que los coalicionistas se acerquen al nacionalismo, pero, por supuesto no quiere permitir que los electores liberales se sumen al Partido Nacionalista. He ahí la clave de su oposición. Si ésta fuera francamente expuesta, sería respetable. La dirección liberal en su ciego ataque contra el nacionalismo repite casi palabra por palabra las declaraciones del coronel Beverley. Es la peregrina teoría yanki de que las minorías deben estar indefensas ante las mayorías; que la representación con voz y voto en la Junta Insular de Elecciones debe ser reservada a los dos partidos más fuertes, y los otros que se coloquen a merced de su voluntad. Que todo un señor presidente de un llamado partido liberal cometa semejante dislate no es raro si sabemos los fines que se persiguen.
Cuando la facción liberal, en virtud de su inscripción por petición, obtuvo representación con voz y voto en la Junta Insular de Elecciones, no se contó con la presencia en ese cuerpo del Partido Nacionalista. Había en pie el plan deliberado para eliminar suscandidaturas generales radicadas en la Secretaría Ejecutiva. Cuando la dirección liberal obtuvo su representación, apareció la inesperada opinión del Procurador General revocando otra opinión del mismo funcionario. En virtud de esa revocación se anuló la inscripción del Partido Nacionalista. Beverley y Barceló sonrieron. Apelamos a la Legislatura, Barceló, líder liberal, e Iglesias, líder socialista, unieron sus huestes para impedir que se concediera al nacionalismo un observador sin voto en los organismos electorales, Beverley, Barceló e Iglesias sonrieron. Era la época antes de la Coalición. Barceló e Iglesias eran aliados en la política frente al nacionalismo. La Unión Republicana hizo un gesto para reconocer nuestro derecho pero fracasó ante la combinación liberal-socialista. La combinación gubernamental creía imposible la inscripción por petición del Partido Nacionalista, pero se habían olvidado estos señores de que en Puerto Rico hay todavía vergüenza, y, hasta el electorado liberal repudió los actos de sus directores. Antes de ingresar la representación nacionalista en la Junta Insular de Elecciones, el Gobernador iba a ser el árbitro en caso de empate. Estaba previsto que éste seria crónico. El coronel Beverley dictaría en la fortaleza su propio escrutinio. El nacionalismo libró a la nación de esta vergüenza al convertirse en árbitro del resultado electoral.
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La actuación de la representación nacionalista en dicho cuerpo fue siempre jurídico antes que política, y a nuestros peores enemigos, los liberales, les reconocimos cuanto derecho en justicia alegaron. Dos senadores, un representante, y un alcalde de la facción liberal, deben sus puestos al voto nacionalista. Actualmente, el señor Barceló tiene mayor necesidad de someterse al régimen para que le den algo. El carnet de pase es un ataque al nacionalismo. Por eso, está incapacitado para reconocer la grandeza de nuestras actuaciones. Dios quiera consiga algo del presupuesto para que se tranquilice un poco.
Sus dislates contra el Partido Nacionalista coinciden con la exposición que acaba de hacer en Estados Unidos el hombre de gobierno, el hombre necesario de la facción, liberal, señor Martín Travieso. La exposición de las doctrinas prácticas y recursos de la dirección liberal las ha formulado Travieso en la Prensa yanki con gran maestría. Oigamos las solemnes palabras del presidente honorario del Partido Liberal: “Soy pro-americano, anti-independentista, conservador, y pertenezco a un partido que se llama liberal y que consigna en su programa la independencia”.
Maravillosa síntesis digna de Barceló también. Los liberales sostienen que es necesario sostener a Travieso porque es necesario colarlo en algún puesto ejecutivo importante. ¡Qué escuela, señores! Ha sido necesaria esta declaración para refutar una vez más a los maestros malabaristas de la podrida política colonial.
Ahora bien, al nacionalismo no le preocupa ley electoral alguna. Su marcha ascendente se impone por la voluntad soberana de la Nación Portorriqueña.
P. ALBIZU CAMPOS
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EL DIA DE LA CONSAGRACION DE LA BANDERA DE PUERTO RICO 82 DISCURSO DE ALBIZU CAMPOS
LA NACIONALIDAD
“La labor más difícil que tiene un pueblo que ha perdido su libertad, es la labor que le impone la noción de nacionalidad. Saber lo que es una nación, es saber lo que es un ciudadano saber lo que es una familia y saber lo que es una sociedad. Cuando a un pueblo se le quiere esclavizar, se le rompe la noción de ciudadanía, para que confunda al esclavo con el hombre libre; se le rompe la familia y se le rompe la noción de sociedad para que confunda una sociedad con una manada de esclavos sujetos a la explotación. “La labor de la reconquista nacional es la labor de la reconquista de la conciencia ciudadana, de la conciencia de la familia y de la conciencia de una sociedad. El primer análisis que hace todo director empeñado en reconquistar para su patria su independencia es la noción de patria. Y se ha hablado tanto en Puerto Rico sobre patria, que ya nadie sabe lo que significa. La patria es la ciudadanía; la patria es la familia y la patria es la gran sociedad fraternal de todos los portorriqueños. Pero para infiltrarnos esa noción, el nacionalismo ha luchado duramente. Hemos tenido que repatriar a los portorriqueños. Me diréis muchos de vosotros: “nosotros jamás hemos sido emigrantes portorriqueños; muchos de nosotros nunca hemos salido de Puerto Rico”. Cierto. Eso es en el orden físico. Muchos de vosotros no habéis visto la entrada del Morro, ni para salir ni para entrar. Eso es muy cierto, pero moralmente, espiritualmente, muchos de vosotros habéis sido extranjeros en Puerto Rico y desgraciadamente muchos portorriqueños no se sienten portorriqueños. Está en la patria está repatriado y está en el alma de la patria solamente aquel que se siente buen portorriqueño”.
LA LIBERTAD
“El precio de la libertad es barato. Es solamente el desprecio a la esclavitud. Cuando vosotros desprecéisla esclavitud, cuando cada uno de vosotros sepáis lo que es ser ciudadano de Puerto Rico, ese día terminará la esclavitud en Puerto Rico”.
LABOR DEL NACIONALISMO
“El nacionalismo ha repatriado a todos los portorriqueños. Hemos reintegrado a la familia portorriqueña. La ciudadanía portorriqueña, señores, es la dignidad política más alta que hay en la tierra. Nosotros hemos forjado de nuevo la sociedad portorriqueña, y cualquier oposición, cualquier opresión, cualquier forma de exterminio será impotente para reducir a la esclavitud a una nacionalidad como la nuestra”.
LA RECONQUISTA DE LO NUESTRO
“Hemos restaurado la conciencia portorriqueña, y ahora vamos a la conquista de lo que es nuestro. ¿Y cuál es el primer valor que el nacionalismo coloca ante la conciencia ciudadana portorriqueña para la reconquista de lo más valioso de Puerto Rico? ¿Son acaso sus tierras, fértiles y hermosas; son acaso sus minas; son acaso sus puertos que miran a los cuatro vientos, a los cuatro puntos cardinales, como símbolo del poder de una nación libre? ¿Es, acaso, su comercio, su industria, su cultura? Grande como son todos esos valores, la primera reconquista que el nacionalismo impone a esta generación, es la reconquista de las cenizas de los grandes mártires de la patria, porque los pueblos son esclavos mientras los pueblos permitan que los campos santos donde yacen las cenizas de sus abuelos, sean convertidos en piezas de cañas de los invasores que hoyan la patria portorriqueña. Y nosotros no decimos cementerio. Nosotros decimos campo santo; campo santo, donde están las cenizas santas de las generatrices de la gran nación que es el pueblo de Puerto Rico, y nosotros vamos a buscar en el respeto, en la trascendencia de esas cenizas, el respeto a nuestra propia sangre, porque es esclavo el que reniega de su propia madre, que reniega de sus progenitores, y todo el que reniega de la ciudadanía portorriqueña, de la sociedad portorriqueña y de la independencia patria, es porque no sabe el valor moral y espiritual de sus propios progenitores”.
CULTO A LA INMORTALIDAD:
“Nosotros no restauramos el culto de los muertos. Los pueblos que se asoman a la tumba son pueblos muertos. Nosotros restauramos el culto a la inmortalidad, que en la tierra la simbolizan las venerandas cenizas de nuestros antepasados. Cuando cada uno de vosotros sepáis dónde están las cenizas de vuestros abuelos; cuando cada uno de vosotros se encamine a mediar sobre los valores morales, culturales y físicos de vuestros antepasados, llevará inmediatamente el orgullo de ser portorriqueño y no será otra cosa que portorriqueño, porque los que reniegan de su origen son seres despreciables condenados a la ignominia de la esclavitud”.
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RESPONSABILIDAD DEL PORTORRIQUEÑO:
“Su primera responsabilidad es no ser esclavo; su segunda responsabilidad es no procrear una posteridad esclava, y no hay fuerza en el planeta capaz de reducir a un pueblo que se sostiene en esos principios. Los timoratos, los cobardes, los que trafican con su propio decoro, no saben de esa fuerza, y confunden y temen a la fuerza bruta, no al poder del derecho sino a la fuerza bruta, pero la Diosa de la fuerza bruta es una Diosa muy frívola, es una Diosa que al que se entrega a su culto llega un día en que lo aplasta, y todos los pueblos que se han entregado al culto de la Diosa de la fuerza bruta han terminado por recibir el desprecio de la historia. Nosotros nos mantenemos inconmovibles, como es el poder divino del derecho que tiene la nación portorriqueña a ser dueña de sus destinos, y desafiamos a todos los poderes de la tierra que pretendan mantenernos en la esclavitud”.
CULTO AL VALOR
“Tenemos fe en la victoria de nuestra causa porque tenemos valor, y los hombres y las mujeres valerosas, jamás fueron esclavos de nadie. Por eso el nacionalismo es el culto al valor. Tenemos fe en nuestro derecho; tenemos fe en la restauración de nuestra libertad, porque tenemos fe en la conciencia ciudadana de Puerto Rico. La reconquista de Puerto Rico ha empezado por la reconquista de sus cenizas y ha empezado también por la reconquista de los símbolos de su soberanía. Nosotros tenemos aquí los dos símbolos de la soberanía de Puerto Rico: la bandera patria y la cruz de la patria. Y esa era la “banderita”. Los esclavos profanan todos los valores incluyendo su propia dignidad. Hoy es la Bandera de Puerto Rico y este día lo hemos denominado el día de la Consagración a la Bandera, porque es necesario que cada uno de vosotros esté consagrado al símbolo que representa el poder político de la patria: su Bandera”
DE DIEGO Y EL MARTIR
“De Diego le cantó con toda su inspiración y su última plegaria fue algún día levantarse sobre su tumba y agitar esa bandera en el cielo. Pero esa bandera tiene algo más grande todavía de esa generación. Esa bandera es la consagración de la sangre más pura de un adolescente. Yo he dicho en otras ocasiones que los grandes valores se forjan en los grandes sacrificios, y para que el sacrificio sea sacrificio, tiene que ser la ofrenda de lo más puro de las entrañas de la patria. Saludemos en esta tarde, señores, a la figura venerada de la primera madre mártir de la patria de esta generación, a doña Amparo Díaz que está presente”.
LA MATERNIDAD PORTORRIQUEÑA:
“La osadía de los invasores yanquis ha llegado hasta el extremo de querer profanar la maternidad portorriqueña; de querer invadir las
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mismas entrañas de la nacionalidad. Cuando nuestra mujer pierda el concepto trascendental y divino de que es la madre no solamente de sus hijos, sino la madre de todas las generaciones futuras de Puerto Rico, si llega a perder esa noción,” desaparece Puerto Rico en una sola generación. La madre portorriqueña tiene que saber que sobre todo es madre y que la maternidad es el privilegio más grande que Dios ha dado a la especie humana. Que hay opresión, que hay dolor, que hay hambre, que hay muerte, lo sabemos; pero ni el dolor, ni el hambre, ni la muerte se remedian asesinando a la nacionalidad en sus propias entrañas”.
PUERTO RICO
“Puerto Rico es la dignidad política más alta de la tierra. Somos una sociedad, porque la sociedad portorriqueña es la unión de todos los corazones portorriqueños, y somos una nacionalidad definida, porque nosotros somos una gran sociedad y nuestra mira es el respeto al derecho, nuestro respeto al derecho que nos da derecho también a imponer el deber a los extranjeros de respetar la independencia de la patria”.
EL EJEMPLO DEL CIVISMO:
“Es el día de la consagración a la bandera, y no celebraríamos estas efemérides de proceres como de Diego, y Suárez Diaz, si no tuviéramos la voluntad firme de ser sus dignos émulos. Nosotros no celebramos estos actos para hacer una hermosa parada, grande, gloriosa, bella como esta. Lo celebramos para jurar que nosotros seremos dignos émulos de los hombres cuyos nombres pronunciamos”.
LA RESTAURACION DE LA PATRIA
“Hemos hecho la restauración de las cenizas; hemos hecho la restauración de la bandera; hemos hecho la restauración de la cruz, y, señores, conquistados los más grandes valores, tócanos inmediatamente a nosotros tomar posesión de nuestras tierras, a la fuerza, si es necesario. Nadie tiene derecho a poseer un pedazo de tierra en Puerto Rico, si no es un portorriqueño. Nadie tiene derecho a poseer nada en Puerto Rico, si nojes portorriqueño; ni comercio, ni industria, ni banca, ni tierras, ni buques, ni franquicia, ni corporaciones, y nosotros tenemos que ir a viva fuerza, si es necesario, contra los que pretenden que nuestra patria se convierta en una casa de esclavos. Y ese es nuestro derecho, y al que le ofenda nuestro derecho, que se largue de nuestra patria. Y tenemos que ir de frente, de frente, y para eso hemos levantado estos cuerpos y toca a vosotros, juventud nuestra, ser dignos portadores de esa bandera. No queremos cobardes en nuestras filas, ni uno sólo. No queremos indisciplinados en nuestras filas, porque la indisciplina es un cancer peor que la traición. Los hombres y las mujeres que no saben obedecer, no saben mandar tampoco. La labor de un
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pueblo se forja con el trabajo, con la virtud, y con el valor, y ese es el mensaje que nos dejan los nombres de De Diego y Suárez Díaz”. El discurso del señor Albizu Campos fue repetidas veces interrumpido por largos y atronadores aplausos. Terminado el acto, las numerosas fuerzas de Cadetes de la República que habían venido del interior marcharon a sus respectivas municipalidades en medio de vivas y entusiasmos.
J. PANIAGUA SERRACANTE En San Juan, Puerto Rico
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Homenaje al joven Francisco Pagán Rodríguez, Presidente de la Federación Nacional de Estudiantes Puertorriqueños celebrado en el Hotel Condado en el mes de julio de 1933.
EL VETO DEL PRESIDENTE ROOSEVELT A LA LEY ELECTORAL DECLARACIONES QUE HACE AL EFECTO EL PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA 83
“No existe Legislatura en Puerto Rico. El poder legislativo es un mito. La lucha electoral es una farsa periódica para mantener dividida a la familia portorriqueña. Jugar a senadores y representantes en un parlamento fantástico pasa ya de comedia. A esa burla constante ha estado sometida la nación portorriqueña durante la intervención yanki. El nacionalismo ha señalado que no puede hablarse de poderes legislativos cuando gravita el veto absoluto sobre toda resolución legislativa. En el fondo, todos así lo han comprendido, y la Legislatura no se molestaba en reconsiderar los proyectos vedados por el Gobernador, mandatario de la intervención, conscientes de que su jefe, el Presidente del imperio, se reservaba el veto absoluto e irrevocable, y que nunca habría de desautorizar a su propio mandatario, el Gobernador. Los ingenuos creyeron que el veto del coronel Beverley obedecía más bien a caprichos personales que a una política imperial determinada. Hubo quien tuviera la esperanza de que siendo el actual gobernador, coronel Beverley, un afiliado al partido Republicano norteameircano, y el presidente dictador de Estados Unidos, Roosevelt, el jefe del partido Demócrata yanki, que el Presidente de Estados Unidos revocaría el veto del mandatario de su predecesor republicano, Hoover. La política norteamericana es sencillamente un sistema calculado, deliberado, y frío, encaminado a desplazarnos en nuestra propia patria. No existe disparidad de criterio o de procedimientos entre los partidos políticos yankis en lo que afecta a la intervención norteamericana en Puerto Rico. Republicanos o demócratas todos son peores, como diría un buen jíbaro. También se ha aclarado la situación para los ingenuos que en Puerto Rico aspiran a convertir a su patria en una provincia yanki (“estado” sic). Gobierna a Estados Unidos actualmente el partido Demócrata que dice en su programa que convertirá a Puerto Rico en provincia del imperio norteamericano (“estado” sic), y aquí domina las mayorías una coalición que aspira a esa solución política. La coincidencia no puede ser más perfecta. Empero, la ley electoral que aprueba esa coalición es rechazada por el presidente yanki. ¿Qué podrá esperar la Coalición de
una administración republicana, norteamericana ya definida en contra de ese status político? Para lección constitucional definitiva, deben ver los anexionistas que han desaparecido de la realidad política norteamericana las provincias, (“estados” sic.) y el mismo Congreso nacional yanki. Resulta anacrónico hablar de soberanía de los “estados”, con la cual se engañaban los defensores de la estadidad. Vive Estados Unidos actualmente bajo la dictadura personal más fuerte que haya podido concebirse.
No es menos interesante ante ese úkase imperial la situación de la otra facción gubernamental, con el amable nombre de liberal, pero a todas luces invocando el uso de la tiranía extranjera contra su patria. La dirección de esa agrupación se está vanagloriando y regocijando de que debido a su gestión en Washington, con memoriales al Presidente y al Secretario de Guerra de Estados Unidos, se ha conseguido el veto imperial anulando la voluntad legislativa.
El país sensato nunca saldrá de su asombro ante esa actuación “liberal”, de esa dirección que si bien, nadie cree sinceras sus protestas de independentismo, sin embargo, alguna esperanza había en su sentimentalismo regional. Los unionistas de ayer, hoy liberales que se habían pasado la vida criticando actuaciones idénticas de los anexionistas declarados ante los mismos poderes enemigos, son los portavoces actuales del ejercicio de una franca tiranía en su patria, si con ello algo del presupuesto cae en sus manos. Se ve en las declaraciones del propio director de esa agrupación que esta preocupación le abruma. No podrá explicarse jamás por qué la dirección ha llevado ante los enemigos extranjeros que se han erigido en amos de los destinos patrios, todas las lacras, chismes, y pestilencias, de este miserable partidismo fomentado para su propio lucro por los mismos invasores yankis, ante cuyo jefe ha comparecido la dirección de la agrupación liberal con su legajo de enredos boricuas.
El dictador Roosevelt habrá sonreído al ver ese reconocimiento formal de los dos bandos, liberales y coalicionistas, que reconocen en él al legítimo árbitro de nuestros destinos. La historia política del mundo no conoce un espectáculo más vergonzoso.
Los trapos sucios se lavan en casa, dice un viejo adagio, que merece acatamiento en política también, especialmente, cuando se trata de los derechos de una nación intervenida como la nuestra por un poder enemigo extranjero como es el imperio yanki.
Peca de ingenua, sin embargo, la dirección liberal al creer que por su gestión oficiosa, el dictador yanki, ha decretado el veto absoluto al proyecto de ley electoral.
Le recordamos que el despotismo extranjero, se ejerce con miras exclusivas a su propio bien, que resulta forzosamente en mal para la nación intervenida. Para nada ha influído la petición sumisa liberal, en el resultado señalado como no haya sido para servir de pretexto al jefe de los enemigos de la patria para su actuación de tirano.
Cada viaje a Washington que ha hecho la dirección liberal ha resultado fatal para su partido:
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Para justificar su repudio de la independencia, se presentó con un “bill campbell”, de cuyo paradero nadie quedó informado; para glorificar la fusión del unionismo con el republicanismo anexionista, regresó de Washington con la maravillosa fórmula de la “soberanía dentro de la soberanía”; y ahora, sin saber para que fin, del Capitolio yanqui, derivó el remedio político de la independencia “evolutiva”, sin que nadie supiera qué se quería decir con eso, y que ha resultado ser, en contados días, el mantenimiento de la tiranía yanki, a través del veto absoluto imperial sobre toda resolución o acto de la Legislatura.
La razón para el veto irrevocable de Mr. Roosevelt no es otra que mantener el control absoluto del resultado electoral. Eso está previsto en el reglamento militar con que se pretende sobornar a este país y al cual se le denomina Carta Orgánica. En las elecciones pasadas, por primera vez durante la intervención militar yanki, estuvo en manos de los portorriqueños, ser los únicos árbitros del resultado electoral. En principio quedó reconocido en el proyecto de ley que acaba de tirar al canasto de la basura, el presidente Roosevelt. Que el proyecto tenía sus defectos, era innegable, pero, el hecho de ser portorriqueños los que tendrían el poder electoral en sus manos, era suficiente para que nadie en Puerto Rico, se prestase a la maniobra del gobierno yanki para encontrar un pretexto para anularlo.
Se respetaba la constitución actual de la Junta Insular de Elecciones, con un representante del imperio, y un delegado de cada uno de los partidos con fuerza y opinión públicas: el Nacionalismo, la Unión Republicana, Liberales y Socialistas. El partido Liberal está llamado a reconocer públicamente que esa junta así constituída le garantizó todos sus derechos adquiridos. Cierto, que el nacionalismo se retenía el poder de árbitro, pero sean honrados sus enemigos gratuitos de la dirección liberal, que ese poder, se ejerció en sentido estrictamente jurídico y nunca con miras de partidismo, que, por principio, son ajenas a la mentalidad nacionalista, que fue consciente en todo momento del enorme poder que le había arrebatado al jefe de la intervención yanki.
Es más, creemos que un partido político que se sienta indefenso ante esa situación jurídica, cuando cuenta con ciento setenta mil electores (170,000), debe disolverse, si para llegar al poder para destruir ese miserable presupuesto que tanto mal hace a la conciencia ciudadana, ha de recurrir a rogar al dictador norteamericano, que ejerza la tiranía que le otorga el reglamento militar con que se pretende sojuzgar a la patria.
En la situación actual tienen voto en la Junta Insular de Elecciones, el representante de la intervención, el de los delegados de los liberales y de la Unión Republicana. Ha reconquistado ese poder de árbitro absoluto el jefe de la intervención.
Durante la fea controversia que llevaban en Washington los liberales y los coalicionistas, guardamos reserva para que el golpe cayera sobre el país en frío, para que despierte a la realidad de que la lucha electoral es una farsa tan inútil como desorientadora; que no existe legislatura en Puerto Rico, ni organismo judicial o administrativo bajo el dominio de los portorriqueños; y, que se den cuenta los conservadores que no
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acaban de formar fila en el nacionalismo, de que viven en plena tiranía extranjera, y sancionada de antemano, por lo que se supone una carta constitucional.
Ahora, en virtud del úkase de Roosevelt, se retiene el jefe de la intervención el resultado electoral. El unionismo, hoy liberalismo, sabe lo que eso significa, y volverá a ser su víctima propicia en la primera ocasión que convenga al imperio. Mientras el liberalismo se preste a la política demoledora contra nuestra patria, será complacido; si algún día quiere reaccionar tropezará con la sonrisa bonachona pero despreciativa del déspota yanki, a quien hoy endiosa como árbitro de la justicia. Al déspota se llega pacíficamente sólo por la adulación y siempre para servirle. Ante esa dura realidad, esclarecida por Mr. Roosevelt, la nación portorriqueña sabe que todo partido que le prometa gobernar bajo esta intervención yanki le engaña, porque gobierna bajo el absolutismo extranjero sólo el déspota que lo representa.
¡¡Es la hora nacional, portorriqueños!! El único árbitro de nuestros destinos es la voluntad soberana de la patria.
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P. ALBIZU CAMPOS
“BARCELO SIENTA UNA TEORIA EN CONSONANCIA CON SU POLITICA DE SUMISION AL REGIMEN” DICE EL PRESIDENTE NACIONALISTA 84
La tiranía yanki contra Puerto Rico la ejerce, en virtud de la Carta Orgánica, el Presidente de Estados Unidos, DIRECTAMENTE en el nombramiento de los cargos judiciales y administrativos federales e insulares, de más alta importancia, en virtud de su veto absoluto e irrevocable sobre todo proyecto de ley que apruebe la legislatura. INDIRECTAMENTE por medio de su mandatario, el Gobernador, jefe local de la intervención quien designa los funcionarios judiciales y administrativos de importancia secundaria, y, quien vela como es natural de no poner en vigor ley alguna que lesione los intereses yankis.
Para mejor resguardo, el imperio, a través de su Congreso, se reserva el poder de anular, sin previa consulta a nadie, todas y cada una de las leyes vigentes; y, sus tribunales de apelación, pueden revocar todas las sentencias de los tribunales intervencionistas existentes.
Es el despotismo organizado. La injusticia impuesta sin consideraciones de ninguna especie para los portorriqueños.
Y es así, porque el despotismo extranjero se ejerce con exclusiva atención de sus propios intereses. Todos sus actos constituyen una agresión contra una nación que ni siquiera se defiende.
Afirmar que el veto a la ley electoral, del dictador actual que sufre el pueblo norteamericano, “es un triunfo de la moral pública, de la justicia y de la decencia” -palabras textuales del Presidente de la agrupación liberal- diremos que es una niñada para no calificar el hecho en los términos artillados que preocupan al señor Barceló.
Le serviremos la verdad en la forma más amerengada y de fácil digestión para un recién nacido en política. No hemos hecho responsable a la implantación del régimen yanki a la dirección liberal. El señor Barceló no necesitaba defenderse de esa supuesta imputación. Tiene, sin embargo, grave responsabilidad en el afianzamiento de la opresión yanki, pero ese no es asunto a tratar en este momento.
Vamos directamente a la cuestión de principio levantada por el director liberal al servirle de mingo a míster Roosevelt para vedar la ley electoral. Todo esto trataremos de explicarlo con la mayor ternura que tengamos a nuestra disposición.
Como el señor Barceló rehuye, como es natural, la cuestión de principio suscitada por nuestras declaraciones de ayer, hay que revivirla.
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