OBRAS ESCOGIDAS

Proclama sobre natalicio de José de Diego

ricamente en las gradas del Capitolio en defensa de la dignidad purísima, simbolizada en el pabellón nacional. Es el día de consagración a la bandera. Para entrar de lleno en el clima de esta fecha ilustre, el Nacionalismo lucirá su mejor traje de gala, consciente, como es, de la trascendencia del apostolado. De todos los horizontes de la Nación, vendrán a esta capital las representaciones nacionalistas, contribuyendo al esplendor de la fiesta cívica. Los cadetes de la República rendirán honores marciales a las figuras próceras cuyos hechos se conmemoran y manos ungidas cubrirán de flores naturales las tumbas de los héroes. Como en tiempos anteriores, la conmemoración del 16 de abril constituirá un jalón de gloria en la escala de la nacionalidad portorriqueña. Siendo este el Día de la Juventud, la Nación entera sentirá el regocijo de las altas cosas. Hablará la Juventud en nombre del decoro nacional y jurará nuevamente no descansar hasta hacer de Puerto Rico una República Libre y Soberana. El juramento de la Juventud, pronunciado en presencia de los Héroes, don José De Diego y Suárez Díaz, descollará por su elocuente santidad; será un pacto de amor cuyo valor esencial lo determinará la sangre joven de Puerto Rico. El Nacionalismo no apelará al culto de los muertos para encaminar a los vivos; el Nacionalismo, depositario de la fe de los Libertadores de América, sigue la norma de la vida en todas sus manifestaciones trascendentes: comprende el Nacionalismo que los Héroes son inmortales, como inmortal es la idea de patria que los endurece hasta ponerlos a punto de mármol. Con esa idea por único horizonte, en esta capital de San Juan Bautista, se darán cita las huestes redentoras para dar fin al homenaje esplendoroso. La palabra del Nacionalismo repetirá su mensaje de Libertad y Unión, únicas fuerzas que fundamentarán una patria soberana y feliz. Vayamos el 16 de abril, como don José De Diego y Manuel Rafael Suárez Díaz fueron a la inmortalidad. Dada en San Juan Bautista de Puerto Rico, el día 13 de abril de 1935, año Sexagésimoséptimo de la Proclamación de la República. Partido Nacionalista de Puerto Rico La Junta Nacional PEDRO ALBIZU CAMPOS Presidente JOSE LAMEIRO Secretario General

Carta al Sr. Carlos Mendieta, Presidente de Cuba San Juan de Puerto Rico a 22 de mayo de 1935. Excmo. Sr. Carlos Mendieta Presidente de Cuba La Habana. Excmo., Señor: Motiva esta extraordinaria comunicación un hecho insólito perpetrado por agentes policíacos de vuestro gobierno, de tal gravedad, que nos obliga a dirigirnos directamente a su Excelencia en demanda de una reparación inmediata, que no dudamos se hará tan pronto tengáis conocimiento de lo ocurrido. Se halla en la Habana Don Juan Antonio Corretjer, Delegado Plenipotenciario del Partido Nacionalista de Puerto Rico ante la heroica y noble nación cubana y sus gobiernos e instituciones. Su misión ha sido recabar de Cuba la simpatía que lógicamente esperamos de cada cubano hacia la constitución de la República de Puerto Rico. Esta esperanza se funda en los sagrados vínculos históricos, sellados con la sangre de héroes y mártires de las dos naciones, en la dolorosa lucha por la independencia de Cuba y Puerto Rico. El juramento que juntó para la eternidad a Martí y De Hostos, Maceo y Rius Rivera, Estrada Palma y Benavides, está por cumplirse por los cubanos, quienes saben que Puerto Rico pagó con su esclavitud el precio de la independencia de Cuba. Más de dos mil puertorriqueñas fueron a engrosar los haremes de los mercaderes de carne humana que poblaron las islas conquistadas y exploradas por extranjeros amparados en el Código Negro de España. Cuando Albizu estuvo prisionero en Atlanta, envié un regalo, en oro, a La Habana, a través de José Urrutia. La carta de Albizu nunca llegó a sus manos. cuando esta arribó a La Habana, yo había sido juzgado en el tribunal de urgencia más de un mes antes, excarcelado un mes más tarde y, José Urrutia se había refugiado en el Consulado de Uruguay resentido con el tratamiento que se le había dado por el fallido envío.

En tales circunstancias, nos ha sorprendido la noticia de que la policía de La Habana haya lanzado a las mazmorras del castillo de El Príncipe al representante del Nacionalismo de Puerto Rico, sin mediar causa alguna. Nos hemos abstenido de recurrir a la denuncia universal de un hecho tan execrable que merece la repulsa continental, porque es norma invariable del Nacionalismo de Puerto Rico no contribuir a la campaña de descrédito que contra nuestras nacionalidades realiza sistemáticamente la prensa norteamericana, señalando sobre todo su apoyo a Batista y el coronel Pedraca tras colapsar la Huelga General de Marzo de 1935. Fernández Medina ya había testimoniado en contra de él por los serios motivos ya expuestos de solicitar la solidaridad continental ante un común enemigo, como lo es el imperio yanqui. Comprendemos que la presencia del Delegado de Puerto Rico ante la Nación cubana sea vista con encono por el gobierno norteamericano, y que su embajada en esa capital presione al gobierno cubano para que viole las normas que le impone el respeto a su propia soberanía y a las prácticas imperantes en las naciones libres con devoción y respeto a los representantes. Se presentó esa situación al gobierno del General Machado en el año 1928 cuando el que subscribe tuvo el honor de ostentar ante la nación cubana la investidura que actualmente lleva Don Juan Antonio Corretjer. Ante la presión de la embajada norteamericana y la gestión de Martinez Ortiz, nos notificó el gobierno cubano la orden de expulsión del territorio de Cuba. Nosotros entendimos que quienes habían sido los enemigos de la independencia de Cuba y quienes asesinaron a sus fundadores no podían representar al representante de la independencia de Puerto Rico, ante la República de Cuba, y que confiamos que un gobierno de esa especie jamás existiría en Cuba. El machadato tuvimos la oportunidad de combatirlo en Cuba. Pero merece el reconocimiento histórico de haberse abstenido de solicitar mi presencia en la Embajada; y me pidió no procesase el mensaje.

Yo tenía, además, otro motivo que Albizu ignoraba, pero que Fernández Medina conocía. Yo me había metido hasta el cogote en la lucha de calles durante la huelga y solamente un golpe de suerte me sacó de El Príncipe. Fui devuelto a El Príncipe, pero no fui excarcelado hasta un mes después. Pero esto es parte de otra historia.

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