6.- Fomentará la exportación y el establecimiento de la industria y la transportación marítima. 7.- Favorecerá exclusivamente los bancos nativos y donde no los haya procurará que se organicen.

  1. Procurará organizar las finanzas en tal forma de respetabilidad bancaria nativa que los depósitos nacionales se hagan sólo en sus bancos, y procurará librar al país de los empréstitos extranjeros, públicos o privados, para que la agricultura, el comercio y la industria en manos portorriqueñas puedan resurgir potentes. “Finalmente declara el Partido Nacionalista que se limitará a la aceptación de los cargos electivos y eso como medio para destruir la intervención extranjera”. El Nacionalismo repudia las alianzas, entendidos, pactos, etc., con las facciones de gobierno porque constituye una imposibilidad moral la unión entre el separatismo que pugna por la constitución inmediata de la república y la claudicación organizada que apoya el presente gobierno irresponsable, aplazando con subterfugios la proclamación de la independencia. Nuestro programa es claro, y un juramento solemne impone su cumplimiento. No se hizo para engañar al pueblo. La nación sabe lo que implica votar bajo la bandera de la patria. Es imperativo que impondrá la celebración de la convención constituyente de la república al recibir el sufragio de las mayorías. El Nacionalismo es consciente de la realidad histórica que nos rodea. Es cierto, que en general, el reconocimiento de la independencia de las naciones ha sido el fruto precioso de una guerra. La independencia de nuestros enemigos, Estados Unidos de Norteamérica la impusieron las flotas y los ejércitos de Francia y de España. La independencia de las naciones latinoamericanas fue creación de los genios libertadores, de Bolívar, Petion, San Martín, y sus eminentes tenientes secundados por la acción nacional que repudiaba la tutela de la madre patria misma. La independencia de las naciones europeas es obra del equilibrio que fija la espada. El respeto a las naciones asiáticas se debe en gran parte a los cañones japoneses. La supresión de la ingerencia extranjera no ha sido más dolorosa que los cambios radicales de regimenes constitucionales: de república en monarquía o viceversa; de plutocracia al socialismo o viceversa. Si bien es cierto que esa lucha en la edad contemporánea se ha hecho más terrible con el poder mortífero de los modernos armamentos, es cierto también que el temor a mayores males ha impuesto el reconocimiento de naciones intervenidas o la transformación de los regímenes constitucionales. Así vemos en el siglo pasado la separación pacífica, de Noruega de Suecia; en época contemporánea, el renunciamiento de Gran Bretaña a toda ingerencia en la vida interna y externa de las naciones que fueron sus dominios, como el Canadá, Australia, Nueva Zelandia, y Africa del Sur, y ciñéndose a regular sus relaciones con ella solamente a base de tratados de mutua conveniencia. Los antiguos dominios regulan sus relaciones diplomáticas con el resto del mundo, tienen su propio ejército y su escuadra, y sostienen las embajadas que estimen necesarias. Así el Canadá sostiene su propia embajada en Washington. No es raro que los aranceles aduaneros en Australia, el Canadá, Nueva Zelandia, o el Africa del Sur, perjudiquen la industria británica en beneficio de otras naciones y en virtud de tratados que la hicieran merecedoras en justa reciprocidad de ese privilegio. La única vinculación entre la Gran Bretaña y las naciones libres hoy, que fueron sus dominios, es una dinastía monárquica común, Irlanda, sin embargo, acaba de plantear con franco éxito probable, la supresión del juramento de fidelidad a la Corona británica, por ser ésta una cuestión de derecho constitucional.

El caso de Santo Domingo frente a la intervención del mismo imperio norteamericano que nos explota es particularmente orientador para Puerto Rico.

Frente a un pueblo heróico como el dominicano, resuelto a todo, Estados Unidos de Norteamérica, no tuvo otro remedio que retirar su intervención armada de la República Dominicana después de ocho años de ocupación militar de aquél gran país.

Aquella intervención fue tan legítima como la que por la violencia de la fuerza padece Puerto Rico. El Tratado de París impuesto a España por Estados Unidos es nulo para Puerto Rico, porque no fue negociado por plenipotenciarios portorriqueños, ni fue ratificado por el Parlamento de Puerto Rico, a tenor de la Carta Autonómica. Esos requisitos eran indispensables para poner en vigor un tratado negociado entre la Madre Patria y otras potencias.

La Carta Autonómica nos reconocía personalidad internacional, y ese reconocimiento obligaba a todas las naciones libres, y era irrevocable, Puerto Rico no podía ser objeto de cesión. Su estatuto frente a España era superior al de Canadá frente a Gran Bretaña.

El Nacionalismo emplazará a Estados Unidos ante el tribunal correspondiente internacional para imponer el respeto a la independencia.

La transformación pacífica de Monarquía en República en el Brasil a fines del siglo pasado, y recientemente en España, dan la clave del avance del respeto a la voluntad nacional.

El caso de Puerto Rico tiene que plantearlo la Convención Constituyente de la República. Apelamos a la vía legal: el sufragio.

Un voto que se de a una facción gubernamental, ya sea a la Unión Republicana a la facción Socialista o Liberal es un voto que se tira al zafacón. Sirve solamente para justificar la intervención norteamericana. Esas facciones son Partidos de gobierno, o sea, del gobierno yanqui, para cooperar con ese gobierno enemigo de su patria, y forzosamente en perjuicio de Puerto Rico.

La cruz que se haga bajo la bandera de la patria, es simbólica de la redención nacional. Un voto es un voto libertador, y una protesta contra la ocupación extranjera.

Las facciones de gobierno, llámense liberales, unión-republicana o Socialista, nada pueden hacer por Puerto Rico; no pueden cumplir aunque quieran ninguna promesa que hagan al electorado. La legislatura nada puede hacer porque gravita sobre todos sus proyectos el veto ejecutivo absoluto e irrevocable; la administración ejecutiva es la voluntad personal del gobernador yanqui; hasta la administración de justicia está en Washington finalmente. Darle poderes a un incapacitado, para actuar es una insensatez. Eso es lo que hace el elector cuando vota una candidatura Unión-republicana, Liberal, o Socialista. Los candidatos una vez electos no pueden hacer nada y se convierten en instrumentos del poder yanqui que ha arrasado con el pais. El Nacionalismo ejercitará el derecho indiscutible de la nación a constituirse en una república libre, soberana e independiente, tan pronto reciba el sufragio de las mayorías. Mientras represente a una minoría será un poder fiscalizador implacable. Nos oponemos a la política de mendicidad que desmoraliza a todos. Lo que el pueblo necesita es trabajo honrado. Nuestro plan de rehabilitación exige la suspensión del pago de la deuda pública. Este servicio cuesta al país seis millones al año y el tesoro mantiene en depósito más de esa cantidad para responder a esa obligación. Ese dinero lo necesita el pueblo para levantar sus hogares. Se ha anunciado la convocatoria para una sesión extraordinaria legislativa, y el país debe imponer este plan que lo salve de la ruina y de la muerte. El Nacionalismo ha arrancado al gobernador el control de las elecciones y lo ha puesto otra vez en manos portorriqueñas. Esa es la razón de la persecusión oficial contra nuestro movimiento político. El control electoral en manos del gobernador obliga a los directores políticos, Ibierales, unio-republicanos y socialistas a estar a merced de la voluntad gubernamental, poder que el gobernador ha utilizado eficazmente para echar a pelear a los liberales con la Coalición. El Nacionalismo ha salvado a esos directores de esa humillante situación. Nada tendrán que esperar o agradecer al jefe de la intervención. Movimiento de concordia es el Nacionalismo; de necesaria e imperiosa concordia portorriqueña para acabar con el imperialismo yanqui. La nación tiene por vez primera el privilegio de optar por su independencia o de optar por la continuación de su esclavitud. A tí lector nos dirigimos. ¿Quieres la continuación de este régimen que te hace esclavo? Pues vota por los liberales, la Unión Republicana o la facción socialista.

¿Quieres ser libre en un país libre? Vota bajo la bandera de la patria. San Juan, Puerto Rico, a dos de noviembre de 1932 en el 64

aniversario de la Proclamación de la República.

La Junta Nacional. Pedro ALBIZU CAMPOS Presidente Rafael Rivera Matos Secretario General

UNA PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA AL MARGEN DEL RESULTADO DE LAS RECIENTES ELECCIONES

PROCLAMA A LA NACION

El ejército de la independencia está constituído. ¡Cinco mil nacionalistas han respondido a la proclama para constituir inmediatamente la república! Si las mayorías hubiesen respondido a esa clarinada patriótica, en estos momentos estaría reunida la Convención Constituyente de la República. El caso de Puerto Rico frente al imperio norteamericano estaría ya planteado ante todas las naciones libres del mundo. La intervención norteamericana habría llegado a su fin, y nuestro pueblo habría oído el solemne Te Deum al entrar en el concierto de las naciones soberanas del planeta. La política imperialista norteamericana ha vuelto a triunfar al conjuro de la propaganda de las facciones de gobierno; liberales, uniorrepublicanos y socialistas. La victoria de portorriqueños sobre portorriqueños es la derrota de la patria. No se engañe el pais. El triunfo de cualquier facción de gobierno, ya sean “liberales”, “republicanos”, o “socialistas”, es el triunfo de la política imperialista yanqui que nos conduce a la ruina total. Nada ha sucedido después de las elecciones. El imperio invasor seguirá devorándolo todo. Se le ofrece a la Coalición “repúblico-socialista” una oportunidad para demostrar su sinceridad. ¿Planteará inmediatamente la anexión definitiva de Puerto Rico a Estados Unidos como provincia (estado, sic)? La situación aparentemente le es favorable, Acaba de triunfar el partido Demócrata en Estados Unidos. Este mantiene en su programa la estadidad para Puerto Rico. Aquí acaba de triunfar la Coalición que dice aspirar a ese estatuto político. La coincidencia no puede ser más perfecta. Pero, nada hará la Coalición. No cree en la estadidad. Sus directores saben que no puede ser digna la anexión en ninguna forma. También saben esos directores que los yankis quieren convivencia con nosotros a base de nuestra esclavitud. No planteará la Coalición el problema de la estadidad. Es un partido de gobierno yanki en Puerto Rico, y tiene que defender la política de ese gobierno frente a nosotros. Esa política no es otra que el mantenimiento de este sistema colonial irresponsable que ha convertido a un país civilizado y rico en una factoría, donde los dueños son yankis y los peones portorriqueños. La estadidad en el programa de la Coalición no es otra cosa que un velo aparentemente respetable para, amparar la política imperialista yanki de la intervención que nos conduzca al coloniaje definitivo. En lugar de dar los pasos formales hacia la estadidad ya vienen los portavoces de la coalición con la canción desacreditada de un gobernador portorriqueño como solución a esta tragedia nacional. Eso de la estadidad en el programa coalicionista, es exactamente igual a aquello de la independencia en el programa de la facción liberal. Los unionistas, hoy “liberales”, mantuvieron esa disposición en su programa durante veinticinco años de gobierno. Nunca plantearon la solución independencia. Cumplieron como partido de gobierno desarrollando la política imperialista yanki y nos han entregado el país en ruinas. Un observador imparcial no acertará a comprender como sea posible la ascendencia popular de esas facciones de gobierno. Es sencillo. Es el triunfo de la hábil política imperialista. El yanki se posesiona de todas las fuentes de riqueza, agricultura, comunicaciones, comercio, industria, y las finanzas. Echan el peso contributivo sobre los naturales del país. Parte de lo que recaude a la fuerza lo redistribuye en sueldos entre los nativos. Los directores de la política local se encargan del reparto. Esa cantidad monta actualmente a unos veintidós millones anuales, o sea el montaje del presupuesto insular y de los presupuestos municipales. En realidad es la única industria que les queda a los directores nativos para vivir. Las clases más cultas huyen, como es natural, del peonaje, pero, para vivir tienen que ser capataces en este régimen de esclavitud forzosa. Ese privilegio se lo disputan los políticos de las facciones de gobierno, Montan en cólera unos contra otros; como se trata de mantener la esclavitud no se predica verdad alguna, y en cambio, se incendian las bajas pasiones en la multitud; se separan y se vuelven a abrazar, de acuerdo con las necesidades de ese triunfo. Consiguen medios para manipular votos y cometen las tropelías más inauditas contra la dignidad ciudadana. Es deber llamar la atención a las personas sensatas que le quedan a nuestro país, que esa política está afianzando la esclavitud nacional de un pueblo y restituyendo la esclavitud individual con la compra de la dignidad ciudadana encarnada en el sufragio. En estas elecciones que acabamos de presenciar, las facciones de gobierno han recurrido a todos los métodos para levantar las pasiones más bajas en las masas, recurriendo a todas las formas del soborno. Se ha recurrido a algo inaudito: al secuestro de electores. Las esperanzas de renovación colectiva cifradas en el electorado femenino se han desvanecido. Esos directores no se han preocupado de abstenerse de iniciar a la mujer en esa política funesta. Puerto Rico presenta el cuadro de un naufragio de los valores humanos más preciados: el honor, el patriotismo, el sacrificio. El imperialismo yanki en lo moral, nos ha conducido al desprecio de nosotros mismos; en lo material, de propietarios nos ha convertido en peones; y de peones en mendigos sentenciados a muerte. El Nacionalismo es la única salvación porque hace renacer en cada uno de nosotros la conciencia de un hombre libre para quien la dignidad humana no tiene precio, y quien no puede concebir por qué no tenga él el derecho a regir los destinos de sus hijos o de su patria. Esa renovación dolorosa del esclavo en persona libre no es fácil efectuarla y hay que tener la paciencia de la espera para que cristalice en lo interno ese supremo bien del hombre aunque tengamos que hacer el máximo esfuerzo para acelerar el proceso moral. Para ello se necesita directores desinteresados, nobles, sabios, valerosos. En una palabra patriotas, dignos émulos de las Bracetti, de los mártires de Lares, de los Hostos, Rius Rivera, y Betances. Con esta solemne invocación a los sagrados manes de nuestra civilización cristiana, vuelve el nacionalismo por todos los fueros de la patria. ¡Hosanna! que está constituído el ejército libertador. ¡Cuenta con cinco mil plazas! Su lema: valor y sacrificio. San Juan de Puerto Rico, a los 16 días de noviembre de 1932, 64 aniversario de la Proclamación de la República.

La Junta Nacional, P. ALBIZU CAMPOS, Presidente

Rafael RIVERA MATOS Secretario General

LA MENTIRA DEL SUFRAGIO Por Pedro Albizu Campos

La soberania radica en la nación. Los poderes del Estado, o sea, de la personalidad jurídica nacional, se forman por delegación que hace la nación, directamente, a veces, como sucede todavía en asambleas populares, o como en muchas comunas suizas, indirectamente, por medio de compromisarios, forma que se usa para designar el ejecutivo norteamericano. Cuando la circunscripción pasa de cierta extensión territorial o si la población es numerosa, la asamblea popular para designar los mandatarios la sustituye el precinto electoral corriente con sus respectivos colegios. La voluntad soberana nacional va marcada en la papeleta electoral. En todo caso, se requiere la condición de ciudadano sui-juris, que varía con las constituciones de las naciones y de sus regímenes políticos. El siervo o el esclavo carece del sufragio por no llenar esos requisitos constitucionales, pero, ya abolida legalmente la servidumbre, persiste la denegación de ese derecho a los que vivieron en la esclavitud y a sus descendientes, por el superior mandato social. Tal es el caso de más de diez y seis millones de norteamericanos, que, por el solo hecho de tener sangre africana en las venas, todavía no pueden votar en su propio país. La organización del Estado es la resultante del equilibrio de las fuerzas sociales que integran la nacionalidad. El número de mandatarios de cada clase queda determinado por la constitución o la costumbre, sin distinción de regímenes políticos. La virtualidad del sufragio está sin embargo, en su poder para modificar en cualquier forma la constitución escrita o consuetudinaria, de la nacionalidad. En Puerto Rico no existe el sufragio en forma alguna. No existe la personalidad jurídica organizada del Estado puertorriqueño debido a supresión por la fuerza de la ocupación militar norteamericana. Se rige el país militarmente por un reglamento que le impone el poder imperial ocupante de Estados Unidos. El reglamento militar dispone celebración de elecciones para designar mandatarios que sostengan el régimen exclusivamente. El poder imperial se reserva su intervención para destruir el resultado de cualquier elección como se ha demostrado en el caso del municipio de San Juan. Se podría abolir el municipio mismo si fuere necesario. Si se tratara de la representación de la legislatura colonial podría el poder ocupante por su congreso imperial, enmendar inmediatamente el reglamento denominado carta orgánica, para dejar sin efecto el resultado de cualquier elección. No existe ni ciudadanía ni sufragio. Ante la ocupación militar invasora, la nación portorriqueña tiene que organizar su personalidad jurídica. No puede someterse porque no se allanará jamás a su extinción. Tiene que hacerlo bajo las condiciones adversas que le impone la fuerza enemiga ocupante. La farsa electoral puede convertirse en una realidad demoledora del régimen que agobia a la patria. Sería el caso de un plebiscito forzoso contra el poder como ha pasado en España. En nuestro caso se trata de algo más serio todavía; de la supresión de la ocupación extranjera, para organizar la nacionalidad puertorriqueña. Los mandatarios serán constituyentes. La convención establecerá el gobierno de la República y solicitará reconocimiento de todas las naciones y de los poderes internacionales. El dilema para el imperio norteamericano ante la firmeza de la nación puertorriqueña sería disolver a tiros la convención o reconocer la República. Por supuesto, declarado nulo su régimen por la Convención, ningún acto del congreso yanqui podría imponerse al país a menos que se recurriera a la fuerza, a sangre y fuego. El imperio norteamericano no sé ese dilema, según opinión de sus personalidades más ilustradas. Tiene que allanarse, según ellos, al reconocimiento de la República. Hacer lo contrario echaría abajo su prestigio amén de las graves complicaciones internacionales que habrían de surgir forzosamente. Restaurada la República habría ciudadanía y sufragio.

EN TORNO A LA SITUACION BANCARIA DE PUERTO RICO SE DIRIGE EL PARTIDO NACIONALISTA AL PRESIDENTE DEL SENADO.

San Juan de Puerto Rico 7 de marzo de 1933 Hon. Rafael Martínez Nadal Presidente del Senado Insular San Juan de Puerto Rico Señor: En cumplimiento de una resolución de la Junta Nacional del Partido Nacionalista, tiene el honor el que suscribe de dirigirse al señor Presidente del Senado Insular. A raíz del ciclón de San Ciprián el Nacionalismo sometió a la consideración de la Legislatura insular las medidas estimadas necesarias, para conjurar la crisis económica producida por dicho ciclón. Entre esas medidas figuran: La moratoria general y la suspensión de pagos de la deuda pública. Ante la catástrofe financiera norteamericana, el jefe de la intervención coronel Beverley, decretó una moratoria bancaria amparándose en la disposición que le autoriza a fijar feriados en ciertas ocasiones. La ley sobre días de fiesta no autoriza a dicho funcionario a decretar una moratoria en interés de nadie, y menos de los bancos extranjeros que retienen en sus arcas los fondos de este pueblo, escudándoles con esa sola medida de las consecuencias inevitables del derrumbe de la economía de Estados Unidos. Ese decreto benefició exclusivamente a los bancos extranjeros, porque los bancos del país, se encontraban con solvencia para atender sus compromisos. El mismo funcionario norteamericano con fecha de hoy declara nula su proclama de marzo 4 de 1933, para dar cumplimiento a la orden ejecutiva del Presidente de Estados Unidos de Norte América, que declara suspensas las operaciones bancarias durante los días seis, siete, ocho y nueve de este mes. Esta orden ejecutiva del señor Presidente del poder norteamericano se ha hecho inmediatamente extensiva a Puerto Rico, sin que mediara consulta o solicitud previa de entidad alguna portorriqueña. Es la ley histórica que se repite. Las naciones intervenidas como la nuestra sumarán su riqueza a la del poder que las domina para beneficio exclusivo de éste. Cuando el imperio goza de prosperidad, la miseria será la suerte de la nación sometida: y cuando el imperio está en crisis, la ruina total es lo que espera a la nación intervenida. Las intervenciones extranjeras son excusas para acaparar la riqueza de los pueblos víctimas de la fuerza. La legislación del Congreso Norteamericano que aplicada a Puerto Rico beneficie exclusivamente a Estados Unidos, se hará extensiva a Puerto Rico sin consultarnos para nada; pero las leyes, que posiblemente pudieran proteger a Puerto Rico no son por supuesto extensivas a este país. Debemos aclarar que nunca podría beneficiar a Puerto Rico lo que venga como mera concesión del poder que detenta su soberanía. Cierto es que para desorientar la opinión pública de Puerto Rico, algunas migajas del presupuesto de Estados Unidos se reparten en negociados que aquí le interesa mantener a la nación dominadora, pero eso en nada nos beneficia porque sólo sirve para estimular a los apologistas del régimen. La explotación que significa el monopolio de nuestro mercado no puede compensarse en forma alguna. No puede ser de otra manera. Para eso es que existe la intervención norteamericana. Prueba de lo que acabamos de afirmar aparece en la Prensa con la misma fecha que lleva la citada orden ejecutiva del Presidente de Estados Unidos de Norte América. El congreso de aquel país ha negado los préstamos solicitados a la Corporación de Reconstrucción Financiera y a la Corporación de Crédito Agrícola, entidades norteamericanas creadas para rehabilitar al pueblo norteamericano. Los términos de estos préstamos son liberales: podrían beneficiar al país aunque mal administrados por los funcionarios norteamericanos que gobiernan su desembolso, y había que negar su concesión a Puerto Rico. Es infantil pretender que la finanza norteamericana nos facilite la más leve ayuda para salir de sus garras. Ya lo dijo el juez Evans a la luz del concepto que del derecho tiene Estados Unidos, Puerto Rico es país doméstico en lo internacional, y es extranjero en lo nacional norteamericano. Más adelante veremos cómo se barajan estos conceptos para perjudicar a nuestro país. La orden ejecutiva del señor Presidente de Estados Unidos es el paso preliminar para acostumbrar al público a lo inevitable; la moratoria bancaria por tiempo indefinido. El vencimiento del plazo estipulado en dicha orden, se permitirá retirar cantidades pequeñas solamente. La moratoria será efectiva como lo impone el derrumbe del castillo económico de Estados Unidos. Mientras a los bancos se les exonera de la obligación de devolver los depósitos, se les protege en su derecho de acreedores prestamistas. Seguirán las ejecuciones de casas de comercio, fincas y hogares por incumplimiento de pago de las obligaciones contraídas con los bancos.

Mientras estas corporaciones gozan del privilegio de retener en sus arcas todo el numerario! No podría inventarse un sistema más efectivo para arruinar a todo el mundo y para concentrar definitivamente en poder de las empresas norteamericanas lo poco que resta de la riqueza nacional en manos portorriqueñas.

Para impedir ese despojo se requiere una moratoria en el pago de toda obligación a un banco, ya sea la obligación personal o hipotecaria. Esa medida puede iniciarla la Legislatura Insular para salvar su responsabilidad hasta donde lo permitan los medios legales de que dispone. Se considera seguro el veto del jefe de la intervención. Es de esperarse, pero el país podrá orientarse y adoptaría las medidas que lo amparen contra la estrangulación.

El procedimiento que informa la orden ejecutiva del Sr. Presidente de Estados Unidos no es nuevo. Ha sido la norma de acción en las crisis financieras que han padecido los norteamericanos, crisis, que comparadas con la presente, pueden calificarse de benignas. Ante la gravedad de la situación que se plantea a Puerto Rico, el deber patriótico obliga al esclarecimiento de tan delicado asunto. En ningún país del mundo se puede abrir un banco con la facilidad que se hace en Estados Unidos o en países sujetos a sus leyes. Lo prueba la ley bancaria que rige en Puerto Rico. Parece liberal. En realidad el pequeño banco que abre sus puertas se convierte en sucursal forzosa del banco más poderoso en el país, que por ese sistema elástico se convierte en banco de redescuento. Para que las obligaciones de los bancos pequeños puedan circular, el banco de redescuento habrá de dar su consentimiento previo de que las aceptará, pero para ello requerirá en prenda los valores de los pequeños bancos, sus acciones y depósitos. Si el pequeño banco quiebra el banco de redescuento nada pierde. Antes al contrario, siempre gana porque especula con el valor prendario. Pero si el banco de redescuento quiebra, arruina a los bancos pequeños y a sus depositantes.

Entonces, los grandes intereses que dominan las finanzas compran las tierras, vehículos de transportación, minas, franquicias, etc., a precios irrisorios. El pánico financiero resulta para aquel infeliz pueblo norteamericano una ruina, pero es uno de los métodos eficaces con que cuenta la oligarquía bancaria yanqui para mantenerse en el poder por tiempo indefinido.

Esto no se permite en ningún otro país que sepamos. En todas partes se consideran los ahorros del pueblo cosa sagrada. Se dificulta la organización de bancos, se limita su número. Todos los gobiernos exigen garantías que no puedan eludirse en un momento de crisis. En la ausencia de un Banco Nacional portorriqueño, porque es imposible organizarlo bajo el presente régimen, el Banco denominado National City de Nueva York, está funcionando como banco de redescuento. Su importancia en la finanza norteamericana es de todos conocida.

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