Albizu Campos es aclamado al hacer su entrada al teatro del pueblo de Lares el 23 de Septiembre de 1931.
EL NACIONALISMO Y LA SITUACION ELECTORAL
Señores D. Luis Sánchez Morales y D. Manuel F. Rossy, presidentes del Senado y la Cámara respectivamente.
Señores:
En cumplimiento del mandato que me ha impuesto por resolución la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico, tengo el honor de dirigiros esta comunicación para reclamar la igualdad ante la ley electoral a que tiene derecho nuestra organización patriótica.
El nacionalismo se ha abstenido sistemáticamente de entrar en la agria controversia sobre la ley electoral porque esa lucha fraticida beneficia exclusivamente al interventor norteamericano que la contempla sonriente y con beneplácito. El nacionalismo transigirá siempre con sus paisanos portorriqueños antes que favorecer en forma alguna, la política de la intervención extranjera yanqui que pretende aniquilar a Puerto Rico.
No creemos en las tácticas de los partidos con que dolorosamente tenemos que enfrentarnos, porque esas tácticas las condena la propia experiencia de esas mismas agrupaciones, que han agotado su paciencia en una diplomacia estéril para que el Gobierno de Estados Unidos respete nuestra soberanía.
Nuestro país está en ruinas. Ha perdido en treinta y dos años más del setenta por ciento de su riqueza que ha pasado a los intereses yanquis en virtud del monopolio que tienen de nuestro mercado, que nos obliga a comprarle lo suyo en las condiciones que quieran imponernos. Y a venderles lo nuestro en los términos que le sean gratos.
Llamamos la atención al hecho de que el alto poder adquisitivo que acusa Puerto Rico y que le permite ocupar el puesto del quinto mercado para Estados Unidos en el mundo, y el primero en la América Latina, no se funda en entradas reales, sino en el desplazamiento de nuestros agricultores, industriales y comerciantes, que están comprando
no con ganancias derivadas de capitales, sino con lo remanente de esos capitales después de su liquidación forzosa en virtud de la subasta pública de los bienes para satisfacer la carga contributiva que cae solamente sobre los naturales del país, como es lo propio en todo régimen de intervención extranjera.
Ese sistema no respeta ni el hogar más humilde, y día tras días tenemos que contemplar el efecto de esa guerra sorda de la subasta pública, que arroja a la vera de las carreteras a toda la familia portorriqueña. Ningún gobierno bien intencionado permitiría semejante situación, porque el poder contributivo no puede jamás ejercitarse para el exterminio de la casa solariega, como sucede como sucede en Puerto Rico; es permisible el ejercicio de ese poder para el fomento de la independencia económica del hogar.
Ningún pueblo puede cruzarse de brazos para ver subir la marea proletaria que asciende con la indiferencia, conspiración o cobardías propias.
Los males sociales y culturales infligidos a la nación portorriqueña durante la intervención yanqui son demasiado claros para que requieran más análisis.
Es por eso, y fundado en la propia trágica experiencia de nuestros paisanos que no militan en nuestras filas, que ha surgido el nacionalismo para dar un alto definitivo al gobierno yanqui que succiona la sangre de la patria. Nuestro programa es claro - tan pronto recibamos el sufragio de las mayorías portorriqueñas se declarará inmediatamente la celebración de la Convención Constituyente de la República.
No reconocemos la validez del régimen yanqui, porque se funda en la nulidad del Tratado de Paris. En la fecha de su firma por la madre patria España, tenía Puerto Rico personalidad internacional, y ningún tratado de España podía obligarnos sin el expreso consentimiento del Parlamento Insular, y ese requisito indispensable para su validez no se acató. En otras palabras, Puerto Rico no era cosa comerciable y no podía ser objeto de tráfico, no ya en virtud de los principios del derecho natural, sino por mandato del más estricto derecho positivo que informa la vida de relación entre las naciones civilizadas.
Recurrimos a los medios pacíficos para efectuar el cambio de régimen porque es norma que ha de respetarse en la edad contemporánea. Los imperios modernos se ven obligados a respetar la independencia de los paises intervenidos cuando la voluntad nacional se muestra inconmovible. Los imperios consultan su conveniencia, y ésta jamás se encuentra en provocar la revolución que dé al traste con sus intereses. Hace diez años que se constituyó el Partido Nacionalista. Ha recurrido a las elecciones del año 1924, en unos diez municipios y el año 1928 solamente en Caguas, bajo la presente vigente ley electoral, hecha bajo la dirección del jefe de la intervención en el año 1924, señor Towner, y aprobada por unanimidad a sugerencias del mismo
gobernador. El propósito era impedir que se manifestase ningún sentimiento nacionalista en el país. Actualmente el Partido tiene inscritas candidaturas generales por convención, pero, de acuerdo con la interpretación vigente, no tiene representación en la Junta Insular de Elecciones, y en los colegios tendrá solamente un observador con voz pero sin voto, si se respeta la ley actual, que viene siendo interpretada por el Superintendente de Elecciones, señor Terry, como es natural en un funcionario norteamericano, en el sentido más restrictivo en lo que atañe en los intereses vitales del Partido Nacionalista. Venimos contemplando el cuadro electoral con paciencia en espera de esta asamblea legislativa. El jefe de la ocupación, como cuadra al que manda, ha sometido a vosotros el proyecto de “ley” que no toma en consideración, ex-profeso, como era de esperarse la posición de partido por convención a que ha llegado el nacionalismo. Somos conscientes de que si no aceptáis la voluntad ya expresada por el Gobernador, se espera la voluntad tácita del Congreso yanqui que defina de antemano quien deba triunfar en los comicios. No tenéis poderes legislativos porque tropezáis con el veto absoluto o con la anulación de vuestros actos por el Congreso yanqui. Es vuestra, sin limitaciones, sin embargo, la iniciativa legislativa, y es de esperarse que, como portorriqueños, aceptéis solamente una ley que garantice a la causa patriótica del nacionalismo que no os disputa nada a menos que no sea el sacrificio para constituir una patria libre para todos los portorriqueños. En la vida internacional, el nacionalismo es lo representativo; en lo interno, es el acicate que obliga al invasor a ceder el fruto que no cae en nuestras manos, sino en la falda de los partidos que representan la vía media. El nacionalismo es lo único que es de todo portorriqueño. Reclama de vosotros el respeto a vuestro derecho más sagrado: la independencia de la patria. Con toda consideración,
P. ALBIZU CAMPOS Presidente, Partido Nacionalista
UNA PROCLAMA DEL PARTIDO NACIONALISTA EN TORNO A LA FECHA DE MAÑANA VIERNES 23 DE SETIEMBRE
Cumple el dia 23 de setiembre de 1932 la nacionalidad portorriqueña, sesenta y cuatro años de bautismo. Un tal día del inolvidable 68, los libertadores de Lares bautizaron con su sangre el maravilloso cuerpo de la nación. Un algo de perfumada veste recorre nuestras recordaciones semejante a una clarinada de fe religiosa, exaltada por los lazos indisolubles del concepto de patria libre. Como que desde el anfiteatro de la inmortalidad un efluvio de alegría perfecta nos ablanda el calvario y nos ilustra el decoro. Es que los libertadores, a título de inmortales, dulcifican la vida de los pueblos oprimidos instituyéndose en guardianes del código del honor. Allí donde reposa el mayor número de muertos ilustres radica la más vigorosa dignidad nacional, porque los pueblos se sostienen de la gloria de sus muertos ilustres. Puerto Rico, el único país de América que ha producido la santidad y por desgracia el único país de América que sufre la más degradante de las esclavitudes, se sostiene espiritualmente, gracias a la olímpica gesta de Lares, que marcó, para orgullo de las generaciones venideras, el génesis de la república más tierna de América. Y fueron hombres puros y hombres sabios los patriarcas del 68; puros como la esencia del dolor supremo y sabios como la hermosura del Todopoderoso. Se inspiraron en Dios y produjeron infinita fe redentora. Asi vivieron y así enseñaron a vivir una vida de purísimas libertades y de sabias fulguraciones, abominando a los hombres empequeñecidos por la traición y demandando pureza y sabiduría de aquellos que custodiasen el sagrado amasijo de la independencia patria. Han pasado sesenta y cuatro años de política reaccionaria, en los que el sacrilegio, erigido en nombre de beatitudes, traicionó la sublime enseñanza de los libertadores; sesenta y cuatro años de solapada hipocrecía en el mercado del deshonor. Pero surgió a tiempo el celo de los muertos ilustres. Vibró en el cielo de las redenciones humanas el nacimiento del nacionalismo de Puerto Rico bajo cuya bandera, que es la bandera de la patria, se guarnecen los hijos de los libertadores del 68; asegurándose así la
custodia preciosa de las libertades portorriqueñas. El nacionalismo de Puerto Rico, depositario en América de la fe de los libertadores, celebra el día 23 de setiembre de 1932 la fiesta del patriotismo en Lares, cuna de los primeros héroes de la independencia. A esta fiesta del espíritu invita a todos los portorriqueños que no hayan empeñado sus almas a la traición, deseando contribuir con la devoción de los buenos creyentes en la religión de la patria al homenaje que se tributa a los padres de la historia nacional. Dado en San Juan, Puerto Rico, a los veintiún día del mes de setiembre, sexagésimo cuarto año de la proclamación de la república.
P. ALBIZU CAMPOS Presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico
Rafael Rivera Matos Secretario general
EL PARTIDO NACIONALISTA CELEBRO AYER ASAMBLEA GENERAL EN EL TEATRO MUNICIPAL DE SAN JUAN - CANDIDATURAS ELECTORALES PROCLAMADAS
“En el nombre del Todopoderoso, creador y protector de las nacionalidades, declaro constituída esta asamblea extraordinaria del nacionalismo en Puerto Rico”. Con estas palabras pronunciadas por el licenciado Pedro Albizu Campos, inició ayer, a la diez de la mañana, sus trabajos la asamblea del Partido Nacionalista en el Teatro Municipal de esta ciudad. El viejo coliseo aparecía artísticamente decorado con las banderas de las repúblicas hispanoamericanas, flotando en el centro la bandera monoestrellada, y destacándose en el proscenio los retratos de Simón Bolívar y de José de Diego. Puesta de pie la asamblea ovacionó prolongadamente a la señora Amparo Díaz de Suárez, -madre del joven Manuel Suárez Díaz, que murió trágicamente en el conocido suceso del Capitolio Insular-, al ser invitada por el señor Albizu Campos a ocupar asiento junto a él en la mesa presidencial. Fueron ovacionados al entrar al salón los señores Francisco Vincenty, Julio Medina González, Fernando Torregrosa, Luis F. Velázquez, J. Enamorado Cuesta, el Dr. José G. Gardé y la señorita Julia Carmen Marchand. “Se trata”, dijo el señor Albizu Campos al dirigirse a la asamblea, “de una sesión extraordinaria de nuestro partido para tratar exclusivamente asuntos electorales. Las candidaturas radicadas se dividen en dos grupos: la de Comisionado Residente, representada por don Julio Medina González, y la de Miembro de la Junta de Revisión e Igualamiento representada por don José Pascual Berríos y las de representantes y senadores por acumulación representadas por don Francisco Vincenty y por el que habla. Las dos primeras fueron candidaturas aprobadas en la última asamblea ordinaria del partido, y las otras dos aprobadas por la Junta Nacional con carácter transitorio a los fines de la inscripción del partido. La Junta Nacional acordó poner a disposición de la asamblea todas las candidaturas radicadas, de manera que esta escoja los candidatos que estime necesarios y convenientes. El candidato seleccionado debe ser un candidato a prueba. No podemos estimular el deseo de representación porque se constituiría nuestro movimiento en uno de corrupción del carácter. Deben tenerse en consideración las ejecutorias, así como la ascendencia que tenga el candidato en todo el país. Hasta ahora el nacionalismo ha mantenido ese criterio en forma ejemplar todos los nacionalistas están dispuestos a aceptar la candidatura que el partido les imponga. Aquí no cabe
renunciar porque no caben pretensiones. Ese es el criterio del Nacionalismo en este movimiento libertador aunque cueste la vida”. (Ovación).
El Sr. Albizu Campos dijo que en las candidaturas generales no figuraban nombres de mujer aún cuando si figuraban en candidaturas locales. Manifestó que se había consultado a varias mujeres para postularlas en candidaturas y que todas se negaron. Aludió el caso de la doctora Margot Arce, que fue nominada candidato a representante por Santurce en la última asamblea, y diciendo que fue el Partido Nacionalista la primera colectividad en postular una dama para un cargo representativo. Agregó que la señorita Arce le dirigió una carta agradeciendo el honor que se le confería pero declinándolo porque ostentaba el criterio de que la mujer podía cooperar en un campo más amplio que en la legislatura. Dió lectura a una carta de La Hija del Caribe renunciando también una candidatura general, sosteniendo que siempre ha rehuído todo lo que se relaciona con la política y exponiendo además motivos de índole personal que le impiden aceptar una nominación. El señor Albizu Campos dijo que la asamblea debería ser muy conservadora al tratar las candidaturas municipales y de distrito ya inscritas.
HABLA ALBIZU CAMPOS
A las diez y cuarto de la mañana hizo nuevamente uso de la palabra don Pedro Albizu Campos, quien al anunciar la situación electoral fue saludado por la asamblea puesta de pie con una ovación calurosa y vítores entusiastas que se prolongaron durante cinco minutos. “Agradezco” dijo, “infinitamente este saludo y os invito a que entréis en esta asamblea llenos de serenidad. El movimiento nacionalista, contrario a lo que dicen sus detractores gratuitos, es el único sereno en Puerto Rico, pues si bien es un movimiento valeroso y decidido a todo para defender la causa de que es depositario en esta tierra, lo sostiene sin alevosías. Los choques que tenemos contra hermanos al que más duele es al nacionalismo por una razón, porque el invasor vive, se sostiene de las divisiones entre nosotros mismos. Si vamos a ahondar los nacionalistas en estas divisiones seríamos un instrumento más del invasor para imponer su política de penetración en Puerto Rico. Frente a nosotros se coloca el poder yanqui y sus instrumentos que son nuestros hermanos, los que constituyen un partido de gobierno, ¿de qué gobierno?, del único en Puerto Rico: del gobierno norteamericano que existe por la voluntad del Congreso y de los tribunales de Estados Unidos. Esa división política se divide en tres facciones; liberales, socialistas y uniorrepublicanos. Fundamentalmente, desde el punto de vista de oposición al régimen de Puerto Rico, no hay diferencias entre ellos. Los tres son facciones gubernamentales del gobierno colonial. La única facción que podría discutir esto es el partido Liberal pero está en entredicho por su programa, por las
declaraciones de sus directores y por sus actuaciones. Celebra una asamblea en este mismo teatro y aprueba una resolución para informar de sus actos al Gobernador yanqui; nombra una comisión de los elementos más distinguidos de su seno presidida por el señor Fernández García, el hombre que ostenta la más alta representación de su partido en el ticket electoral, para que rinda cuentas al residente de Fortaleza y ofrecerle toda clase de pleitesías y cooperación a su obra de gobierno. No hablemos del jefe del Partido que es un gobiernista desde tiempos de España. El cree muy importante ser Presidente de lo que llama Senado de Puerto Rico. Esta ilusión raya en locura. Por ella no mira lo que hace ni se preocupa por lo que haga. Es una locura que le ha hecho un grave daño y le ocasiona enormes perjuicios a su país. El candidato a Comisionado a Washington del partido Liberal es enemigo declarado de la independencia. Desde este mismo sitio declaró en la antepenúltima asamblea de su colectividad, que Puerto Rico no está preparado para ser libre. El partido Liberal pues en su tendencia gobiernista no se divorcia en nada de la Unión Republicana que va a la Independencia si se le niega por el Congreso la estadidad. El partido Socialista guarda silencio en cuanto a la independencia. Militan, además, en el partido Liberal hombres hostiles al ideal que sustentamos. El señor Travieso, a quien admiro porque no lleva la duplicidad en sus labios y es sincero en sus convicciones, es enemigo declarado de la independencia y ocupa sin embargo, la presidencia honoraria de la referida colectividad. Es este un partido que irradia a los elementos que puedan perturbar la política acomodaticia con el gobierno y buscan elementos afines a sus juegos presupuestales. Postula para el Senado a don Enrique Landrón y a don Mateo Fajardo, personas muy respetables pero republicanos de toda la vida. Postula además para una senaduría por acumulación al señor Mercado hijo, de ideas yankófilas. No tiene, pues en su ticket, un solo valor representativo capaz de plantear el problema de la independencia de Puerto Rico. Los elementos nuevos han sido anulados. Hay hermanos muy queridos en dicha facción pero postergados ante la ambición desmedida por el poder ficticio de la colonia. ¿De qué vale que el partido Liberal sueñe con la independencia si no encuentra un hombre dispuesto a jugarse la vida por esa causa? El nacionalismo no alienta a nadie a ingresar en sus filas. Cuando alguien viene a nuestro lado le decimos que nuestra mesa es tabla rasa, que está vacía, que no se pone en ella ni un sólo plato del presupuesto, que necesita ser fuerte, sano, vigoroso, porque los pueblos para redimirse necesitan la fortaleza física, que tiene que ser sereno y sobre todo poseer un gran valor personal, no el valor de la violencia, sino frío, que no piense en su hacienda, en su mujer, en sus hijos, el día que se le llame para una misión que pueda costarle la vida. Que tiene que traer todos los recursos materiales que posea para ofrendarlos en aras de la libertad de su patria. Hay quien prefiere jugarse la vida a sacrificar una peseta. En este terreno tenemos que andar mucho, tenemos que colocarnos a la altura en que se han colocado todos los hombres libertadores del mundo. (Ovación). Así fueron todos los hombres del 68 en Lares, así fue el doctor Betances y fue Rius Rivera, que representan la ideología y la acción del nacionalismo.
“¿Con quién es liberal el partido Liberal? ¿Hay alguien que quiera decir?” De la asamblea surgen voces que dicen: “Con los yanquis”. El señor Albizu prosigue hablando. “La palabra liberal es santa. Está cerca de la palabra independencia, pero el partido Liberal ha preferido jugar con todo y se está quemando. “El nacionalismo renuncia al presupuesto porque no queremos ser los verdugos de nuestra patria, pagados con dinero de nuestra patria, bajo instrucciones de los enemigos de nuestra patria. Somos los hombres más egoístas de la patria. Queremos que el último pedazo de nuestra tierra sea de portorriqueños, que el comercio y la industria sean de los portorriqueños, que seamos los únicos árbitros de nuestros propios destinos. Ese es el bien del individuo y es el bien de la nacionalidad. Somos hombres de dignidad. Ahora mismo puede presentarse la fuerza de Estados Unidos a disolver este acto y aquí no va a correr nadie. (Ovación). No es que tengamos el sentido del sacrificio inútil. No le pedimos al pueblo que sea suicida. No le llevamos a las luchas estériles sino a la única efectiva y digna que puede concebirse: la independencia de nuestra patria. No es que seamos sanguinarios, pero estamos empeñados en algo muy sagrado: en la restitución de la paz en Puerto Rico. Estado de paz es el estado perfecto de la conciencia individual, de la conciencia nacional y de la conciencia internacional. El estado de paz es el estado perfecto de derecho y la ausencia de la agresión. No puede haber paz cuando no se respetan los derechos del prójimo. Nosotros estamos en un estado de perpetua guerra con la única diferencia de que no nos defendemos de los ataques del enemigo. Cuando un pueblo es inconsciente del ataque que recibe es el delito más grave que se comete contra ese pueblo. Los tiros los estamos recibiendo nosotros solos, hasta que surge el Nacionalismo y dice: ¡alto ahí, si avanzas te disparamos, cueste lo que cueste! Como hombres cristianos y civilizados queremos la paz interna del derecho que se refleja en las relaciones de potencia a potencia y de igual a igual en la vida internacional. (Ovación) Los que ofrecen su cooperación al gobierno en esta guerra contra los intereses son los liberales, los socialistas y los de la Unión Republicana. No gasta Estados Unidos una peseta en sostener esta servidumbre, sino que por el contrario utiliza nuestro propio dinero para perpetuar nuestra esclavitud aunque ese dinero lo extraiga de los cuerpos y almas de nuestros compatriotas”.
Tres horas y media estuvo en el uso de la palabra el señor Albizu Campos. Hizo historia del origen del Partido Nacionalista con su actual organización. Aludió al gobernador Reily, diciendo que el señor Barceló “rindió la bandera de la independencia a cambio del presupuesto”. Se refirió luego a la formación de la Alianza “con su fórmula política de soberanía dentro de la soberanía para engañar a este pueblo”. Dijo que la Ley Electoral del 1924 había sido “una conjura de la Alianza para impedir que el Nacionalismo se manifestara en las urnas”. Manifestó que “el poder yanqui había levantado el Partido Republicano contra el Partido Federal a pesar de que ambos tenían el mismo programa, estando a la cabeza de esos partidos Muñoz Rivera y Barbosa, dos anexionistas, y que al dividirse el republicanismo, que era inútil ya para
los fines imperiales, surgió el unionismo con su escuela de duplicidad”. “Se ahondaron”, dijo, “los odios, y estos odios engendraron el partido Socialista, que dió oportunidad para que un extranjero fuese el instrumento para entregar la clase obrera en manos del poder interventor”. “No sé”, dijo, “por qué Barceló reniega tanto de Tous Soto. No he visto nadie que se divorcie, se case y vuelva a divorciarse con más facilidad que Barceló en política. Padece de una alucinación. Es una locura que le está costando la vida y la de su patria”. Comenzó el orador a relatar todas las incidencias y detalles de la lucha que sostuvo el partido Nacionalista para conseguir que se reconociera su derecho de inscripción por convención. Dijo que el señor Ortiz Toro rindió una opinión reconociendo dicho derecho pero que fue revocada posteriormente por el procurador general Winter. Habló entonces de las gestiones que se hicieran cerca de la legislatura “para lograr enmiendas a la Ley Electoral que garantizaran protección al partido Nacionalista” y manifestó que “Barceló e Iglesias con el señor Terry, por instrucciones del gobernador Beverley, habían conseguido derrotar un proyecto que al efecto había sido presentado en la legislatura”. Al referirse al conocido incidente del Capitolio la asamblea ovacionó a la señora Amparo Díaz de Suárez. El señor Albizu Campos dijo: “Habéis ovacionado a la primera mujer mártir de esta generación, cuando el inclito Suárez cayó en defensa de la bandera que hoy manos profanadoras quieren envolverse en ella, me constituí tembloroso y preocupado en el hogar de esta dama ilustre. Sentí miedo por primera vez en mi vida al encontrarme frente a la madre, temeroso de que me increpara sobre la muerte de su hijo. Y esta madre me abrazó sobre el cuerpo de su hijo diciéndome estas palabras dignas del Divino Maestro: “Don Pedro, que sobre el cadáver de mi hijo no se levante ninguna venganza”. De una palabra de mis labios dependían muchas vidas entonces. Cuando ciertos hombres quisieron especular con la muerte de aquel patriota guardamos silencio y sentimos compasión”. El señor Albizu Campos continuó haciendo historia de “los sacrificios que había sobrellevado el nacionalismo para su inscripción por petición”, y se refirió a la impugnación por parte del señor Barceló de dicha inscripción, así como de la insignia del partido. Dijo que “sus alegaciones carecían de fundamentos legales”. Que la estrella liberal, sucesora de la estrella del partido Federal, representa la idea anexionista. “Barceló”, agregó, “está jugando con candela. Nosotros nos prepararemos para cualquier emergencia”. (Ovación). “La recogimos cuando fue pisoteada por McClure en la plaza de San Juan. Nadie acudió a defenderla. Queremos saber quien es el que se atreva a pisotearla ahora. No vamos a permitirle a nadie que juege con la bandera de la patria. Se está jugando una carta peligrosa con nuestra paciencia”, (Ovación). En el curso de su peroración exaltó “los méritos políticos y morales de don Julio Medina González y de don José Pascual Berrios”. Manifestó que hacía aquellas declaraciones para conocimiento de la juventud, diciendo “que la juventud nada vale si no sabe valorar la